De acuerdo con el Centro de Investigación de Energía y Aire limpio, en el año 2025 un grupo de países asiáticos -China, India y Turquía- adquirido de Rusia, de manera abierta ya pesar de las sanciones estadounidenses sobre su petróleo, cantidades significativas de hidrocarburos.
Una vez anunciada la dispensa sobre las sanciones de Washington para permitir la compra de petróleo ruso, son numerosos los gobiernos asiáticos que buscan apertrecharse de reservas provenientes de ese país. Ahora se han sumado Filipinas, Tailandia e Indonesia. De todos, es China quien lleva la delantera en lo de ser un cliente preferido de Moscú.
Aunque Pekín asegura que ha estado al margen de la interrupción del suministro de energía provocada por la guerra contra Irán, debido al gigantesco almacenamiento de reservas con que cuenta, no puede obviarse que China será tan golpeada como otros importadores. Si el conflicto se prolonga en Oriente Medio, como consecuencia de los precios en alza, se verá afectado internamente en la misma medida. Ya una subida del precio de carburantes fue decretada y se espera una nueva en la presente semana. Además, es ya un secreto a voces que India y China se disputan las ofertas por el petróleo ruso y por el iraní que en este momento está ya embarcado y varado por el conflicto en las inmediaciones del Estrecho de Ormuz.
Como la oportunidad la pintan calva, este es el momento en que Pekín ha decidido proponer un acuerdo de seguridad energética a Taiwán. La propuesta, dada a conocer a través de un portavoz gubernamental, garantizaría a la nación rebelde un aprovisionamiento estable y suficiente de energía barata y limpia, reclamando “apenas” en contraparte la aceptación voluntaria de su “reunificación pacífica”. En dos palabras, acepte la soberanía china,
La propuesta pretende ignorar el bien atornillado régimen democrático que prevalece en la isla, un factor de fuerza y de independencia innegable, además de un elemento de identidad que diferencia a su ciudadanía de la del continente.
También pasa por alto la conexión estratégica de Washington con Taipéi. Se trata de relaciones sólidas en más de un campo. Estados Unidos suministra armamento avanzado, entrenamiento, inteligencia y asesores militares para garantizar la capacidad de autodefensa de Taiwán y, al propio tiempo, la isla les resulta vital, en particular por su producción de semiconductores (TSMC), considerada un elemento clave de la seguridad nacional de la primera potencia mundial. Solo que, si la salvaguarda de la seguridad nacional de Taiwán es y ha sido una legítima preocupación de los Estados Unidos, la coyuntura planteada por la guerra pone a Taipéi frente a la necesidad de blindar sus fuentes de suministro energético. Un tercio de las necesidades de gas (GNL) del país vienen de Qatar y un 98% de su energía se origina en terceros países.
Si China se lo propusiera, podría generar una crisis de energía en pocos días, al bloquear las rutas a través del control del Mar Meridional o interrumpir la llegada de GNL. Aun así, no hay posibilidad alguna de que tal modelo de subrogación propuesto por Xi Jinping y sus adláteres sea considerado positivamente por las autoridades taiwanesas. Ningún partido relevante en la isla ha aceptado la iniciativa de Pekín. Lai Ching-te, presidente de Taiwán, se ha limitado a reiterar que solo sus ciudadanos decidirán su futuro y las condiciones de su soberanía.
Nos encontramos frente a una burda utilización por parte de China de una debilidad coyuntural, de una vulnerabilidad geopolítica, que está siendo agravada exponencialmente por la coyuntura, para forzar lo que es políticamente inaceptable.