5.2 C
Buenos Aires
Tuesday, June 23, 2026
More

    Guía para perplejos: disonancias

    LEÓN FESTINGER (1919-1989), ARCHIVO”Sabemos, porque lo comprobaron el mismo Festinger y otros investigadores, que la disonancia cognitiva es una experiencia general y cotidiana. La sensación cuando comemos un dulce que sabemos que nos caerá mal o cuando aparcamos en zona prohibida”

    Por RUTH CAPRILES

    Un simbolista, Franz von Stuck, pinta a un niño, alumbrado en rojos y dorados, que sopla una flauta de Pan. A su lado, sentado sobre la misma roca y ante el mismo cielo, un sátiro con los debidos cascos, cuernos y medio cuerpo humano, en ocres y negros, se tapa los oídos, sus dientes chirrían y la tensión corporal vuelve insoportable el sonido.

    Entonces uno vuelve al culpable, un niño que sin duda no pasó por el Sistema y produce una irritante disonancia. Te percatas que en su frente asoman dos cuernos, pero el resto de su cuerpo es humano y si te acercas verás en sus ojos la eterna angustia, la discordante conciencia de la bestia humanizada.

    Un psicólogo, León Festinger, publicó en 1957 su teoría sobre el concepto de “disonancia cognitiva”, el malestar psicológico causado por la contradicción entre creencias y hechos, valores y comportamientos, discurso y acción. Quizás no todos se percaten de ese malestar, o no lo experimenten, no tienen los ojos de ese niño humanizado, pero suponemos que se da incluso en el vecino que delata a sus amigos, en el pastor religioso que comete abusos sexuales o en el político corrupto que ha jurado sobre la Biblia servir a su país.

    Sabemos, porque lo comprobaron el mismo Festinger y otros investigadores, que la disonancia cognitiva es una experiencia general y cotidiana. La sentimos cuando comemos un dulce que sabemos que caerá mal o cuando aparcamos en zona prohibida.

    El malestar de las disonancias cognitivas aumenta en momentos de crisis: divorcios, rupturas de hermandades o sociedades, guerras, revoluciones; momentos cuando hay que decidir entre lealtades y mentiras; cuando la coherencia es difícil.

    La música, siempre excelsa y privilegiada entre todas las artes y ciencias, resolvió el malestar del sátiro: incorporó la disonancia como elemento dinámico del contrapunto para crear tensión, movimiento y llevar a una resolución armónica.

    El concepto de Festinger abrió las posibilidades de incorporar la disonancia como recurso dinámico de la psique y del comportamiento y muchas disciplinas desarrollaron variadas técnicas terapéuticas del malestar descrito. funcional; ayudan a identificar y aceptar contradicciones, a tender puentes sobre escisiones, a reconocer claudicaciones y asumir responsabilidad por las propias acciones. La integración de la disonancia no disuelve las contradicciones pero genera una aceptación sanadora. Asumir que somos tan responsables por Jekyll como por Hyde alivia la tensión y el malestar como el contrapunto que nos lleva a la casa tonal.

    Pero, ¿hay alguna terapia que alivie el malestar colectivo? ¿Hay técnicas para incorporar la disonancia cuando el quiebre es tan general y abrupto que no hay conciencia que reconozca el malestar?

    Sí las hay, pueden ser agrupadas bajo el denominador internacional de “justicia transicional”. Y funcionan, aun si apenas simbólicamente. Pero para aplicarlas, hay que reconocer la escisión. No es bueno aplaudir los valores contrarios a nuestras convicciones y expectativas sin reflexión, sin considerar el malestar de la disonancia colectiva.

    No basta invocar las virtudes habituales: paciencia, perseverancia, esperanza. Ni son suficientes razones pesadas: el mal menor, etapa necesaria, transición, ajuste de táctica. El mantra, la visión de un armónico y difuso final, puede estimular la intención, la voluntad. Pero más ayudaría a destapar los oídos del sátiro y enseñarle a escuchar cómo el nuevo ser, liberado de atavismos, incorpora las contradicciones en su composición para llevarnos a casa.