La realidad sigue siendo real aunque las niegues, las travistas, las malinterpretes, las retuerzas o las ignoras. Es real, por fáctico, que Irán estaba enriqueciendo uranio. Realidad que el propio régimen no solo no niega sino que quiso mantener real en unas negociaciones imposibles: 400 kilos del elemento químico que ya posee, altamente enriquecido. Al 60%, concretamente, cuando un reactor civil requiere entre 3 y 5%. Cabe colegir que esta cantidad es la que ha quedado después de las destrucciones subterráneas previas a la guerra por parte de Estados Unidos. Es igualmente real que ese proceso de enriquecimiento de uranio (larga y costosa separación de isótopos prácticamente idénticos) exige millas de centrifugadoras en cascada, y que esas centrifugadoras se han podido fabricar imitando las originalmente adquiridas de forma clandestina a una red pakistaní.
Josep Borrell, que podría consagrar sus desarrollos a mejores causas, está de gira. Siempre con los ayatolás y contra Estados Unidos e Israel. Ha defendido largamente los intereses del régimen, y esta idea: para evitar que desarrollen armas nucleares hay que permitirles el enriquecimiento de uranio; si lo enriquecen tanto es por las sanciones (que sufrir por enriquecerlo más de lo acordado). Una mandanga, vamos. Hagan sus giras, adelante, su protegido nunca tendrá armas nucleares. Primero, porque no es legal, pero eso nunca ha sido problema para los ayatolás, ¿verdad? Así que vamos con lo segundo, lo más real de todo lo real: Israel no lo permitirá.
¡Qué malo, Israel, que no permite que un país soberano tenga armas nucleares! Insisto, no lo permite la legalidad internacional, pero la garantía de que no suceda es Israel por razones obvias que los plañideros de ayatolás muertos pueden seguir escamoteando, retorciendo o invirtiendo, sin efecto alguno: Irán ha amenazado reiteradamente con destruir Israel, con borrarlo del mapa. El régimen y sus tentáculos muestran sus intenciones de forma inequívoca. La peña que llora los ataques israelíes y estadounidenses sobre los carniceros (mientras evitan mencionar las decenas de millares de víctimas recientes de las carnicerías) nos dirá, por supuesto, que tales amenazas no son creíbles.
Si hay un pueblo realista es el pueblo israelí. Saben muy bien que las amenazas siempre hay que tomarlas en serio. Lo han aprendido para su desgracia, pero ya no lo olvidarán nunca. Si encima el aviso de exterminio, la reedición de la solución final, va acompañada de efectivos ataques salvajes perpetrados con entusiasmo contra la población civil, tanto por parte de Irán como de sus proxies, entonces ya se puede poner como quiera el club de los comentaristas que matan las horas de jubilación mirando las obras desde arriba. ¡Ese bombardeo ahí no, hombre! Cuando el régimen de los ayatolás decidió utilizar a Hamás, uno de sus tentáculos, para cometer un pogromo infernal, grabarlo y difundirlo, escribió su destino. Disfrazada, deformada la realidad. Mentido, clamado. No cambiará nada. Estáis contribuyendo, eso sí, a que gentes desinformadas entiendan el mundo al revés. Supongo que de eso se trata.
Artículo publicado en el diario El Debate de España