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Monday, March 16, 2026
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    El síndrome Delcy Jorge

    También lo llaman Rodrigomezgate. Apodos venezolanos para esta enfermedad nacida del resentimiento personal o familiar proyectado hacia el ejercicio político. Con otros nombres, este síntoma universal es el tema de la película reciente Núremberg (2025), abordado con extrema calidad artística, partiendo de la cinta anterior, casi documental, del mismo título (1949). el Óscar Quizás lo estreno por la fusión perfecta de sus méritos en lo fílmico, ético y psicoanalítico. Los milagros hollywoodenses ocurren de vez en cuando.

    Hay dos maneras opuestas de asumir este complejo trastorno. El general Hermann Göring, fundador de la Gestapo, siempre ratificó su ideología, la de los procesados ​​en aquel importante juicio pos Segunda Guerra Mundial. Algunos, al pie del patíbulo, gritaron Salve Hitler; pero el citado fiel general prefirió suicidarse en su celda.

    En el actual caso venezolano sucede lo contrario con los victimarios de innumerables crímenes de lesa humanidad. Ninguno, hasta el momento, ha gritado su consigna revolucionaria: “¡Chávez vive, la lucha sigue!”. Sin rastro de vergüenza y complacidos, acepte la sumisión bien remunerada del impuesto oficial que les toca por ahora del petróleo. Ya comercialmente liberado el oro negro, asumió esta conducta oportunista debido al miedo disfrazado de disculpas por un súbito arrepentimiento angelical. Terror a repetir su fracaso bélico total, pánico a que su prontuario en manos de la justa justicia, emanada de fiscales, jueces y tribunales legítimos, confirmará su culpabilidad como lo establece la democrática Constitución original por ellos violada todavía.

    Esta vez nada valen mentirosos acuerdos, firmas y promesas. La mafia quedó desnuda de su patrioterismo uniformado y repleta de falsas medallas. Carente de alternativas, se somete al mandato del tutor estadounidense. Guindados de la brocha quedan sus militares y civiles al mando, porque Rusia prosigue su guerra invasiva, China pendiente de Taiwán y Cuba ya no es autoridad ni refugio.

    Situación anómala porque, de facto, el 90% de la población que les temía manifiesta su rechazo a que siguen palaciegos, bajo disfraz de amnistía desde el 3 de enero. El sufrimiento acumulado 27 años por la masa secuestrada, harta de represiones, es factor determinante para extraer a muchos otros delincuentes militarizados del castrochavismo y sus cómplices.

    Sociedades y líderes rebeldes requieren certera y conducción adecuada para evitar el caos. Vacíos de poder, no se pierdan sus esfuerzos y logren sus objetivos, así lo narró Elías Canetti —Nobel de Literatura 1981—, en su clásico masa y poder.(1960).

    A esta hora, cuando el arbitrario MAGA, eslogan de la enorme fracción republicana de los actuales Estados Unidos, aplica la receta maquiavélica del fin que justifica los medios, se abre por fin un espacio para la liberación venezolana, aunque luce al revés. Ahora, sindicatos, gremios, desempleados, académicos y otros sectores victimizados se movilizan como pueblo unido para exigir nuevas autoridades de emergencia, con prioridad para el fiscal de la República, para iniciar la transición legítima. Entonces urge la presencia física protegida de María Corina Machado de regreso a su patria, aplicando a su vez la fórmula bolivariana del “vacilar es perdernos”, capaz de incitar la reacción inmediata contra represiones constantes, tal cual sucedió desde aquella preindependencia hasta su heroico triunfo final.

    El síndrome de los hermanos vengadores, sus militares, empresarios y fijos parásitos que destruyeron a la cuarentona Venezuela democrática, solo está de parranda y ante cualquier descuido político volverá como doctrina, pues el delito va incrustado en su naturaleza.

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