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Tuesday, June 23, 2026
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    Frankenstein a la Bonnie y Clyde

    Hay temas y personajes que nunca mueren y siempre vuelven. Una posible explicación del eterno regreso de adaptaciones y gentes tan disímiles como Los tres mosqueteros, Tarzan, Drácula o –este año– frankensteines que sus temas son eternos. Hablan de la amistad, la inmortalidad, el buen salvaje y esos temas, en principio, son irreductibles a un solo aspecto y, agotada una arista, otra se levanta, como el célebre cuero seco. En el caso de frankensteindespués de la versión ampulosa de Guillermo del Toro, tenemos un caso flagrante de reincidencia. Ahora bien, François Truffaut dixito: “Las mujeres son mágicas y frankenstein lo descubrió tempranamente”. En 1931, la criatura de Mary Shelley refugiada tras las facciones de Boris Karloff y la dirección de un artista sensible llamado James Whale, había tenido tanto éxito como en el siglo anterior la novela. Una secuela se imponía y La novia de Frankenstein repitió en 1935 el éxito de la criatura en una película aún hoy muy estimable.

    No se le puede negar originalidad al nuevo ángulo que propone este rehacerprimera incursión de Maggie Gyllenhaal, una actriz inteligente en la dirección. porque no frankenstein Llega a la Chicago de los años treinta, vencido y melancólico, buscando una compañera. Por supuesto que la Chicago de los treinta no es la de los treinta, sino la Chicago de los treinta vistos por Hollywood, como un siglo después podemos imaginar que Hollywood vio la Chicago de los años treinta, en los años treinta. El resultado es una panorámica visualmente exquisita por los distintos géneros. Una ironía acaso involuntaria quiere que esta versión sea producida por la Warner. Ahora bien, en la especialización de los estudios de los treinta, la Warner era el coto de los gánsteres y la Universal tenía el monopolio de los monstruos. Es lógico que, si la Warner se encarga de frankensteinlo ambiente en Chicago y el ambiente en el cual Frank (nuevo nombre artístico de la criatura) se mueve sea el de los gánsteres. Pero uno de los temas de frankenstein es el de la piedad y la incomprensión. Siempre vuelve porque es un transgresor lui malgre y el subtexto de novela y películas es la crueldad de la sociedad bien pensante frente al otro. Aquí, Frank es un justiciero que debe salvar –y tal vez vengar– el honor mancillado de su compañera ultrajada por los gánsteres del temible Lupino, por no llamarlo Capone.

    Lo hace y lo logra llevándose por delante todos los géneros. El horror del cual provienen las dos criaturas y la médico animista –estupenda Annette Benning–, pero además están los tiroteos con los gánsteres ya mencionados y el glamour de la Metro –que se especializaba en los musicales–. Por supuesto que la criatura canta y baila, pidiéndole prestada la licencia al joven Frankenstein de Mel Brooks, 1974. Los dos amantes perseguidos tienen que buscar refugio en algún lado y lo encuentran saltando de una fiesta de ricos y famosos al devastado panorama social americano de la Depresión. Está claro que ya no son Frankenstein y su compañera huyendo de los campesinos que perseguían su alteridad. Sus enemigos del hoy disfrazado de hoy de hace cien años son, a la vez, los gánsteres siempre villanos funcionales y, por supuesto, la ley que empieza a husmear y descubre la rareza del caso.

    Acaso la virtud más resaltante de la visión de Gyllenhaal sea la voluntad de perseverar en el disparate y llevar hasta su extremo. Tiene además la inteligencia de llamar en su ayuda a Mary Shelley, que aparece una y otra vez como hada protectora de sus criaturas. la novia es la secuela que Mary Shelley no pudo escribir porque murió tempranamente. Otra ironía. Siendo frankenstein una creación del Romanticismo, difícil imaginar muerte más romántica por prematura que la de Mary Shelley, a los 53 años aún con posibilidades de escribir la secuela. El homenaje, un siglo después, es más que merecido y saludable.

    El dispar se disfruta y se disfruta mucho, pero justo es admitir que algunos personajes (el de la pareja de detectives que componen Penélope Cruz y Peter Saarsgard) siendo divertidos, no terminan de encajar en el asunto y protagonizan alguna que otra largueza de la película. Pero importa poco, el salto imaginativo de Mary Shelley, tuteándose con la inmortalidad, la reencarnación y otros temas tan caros al Romanticismo, solo puede ser abordado con el mismo espíritu de libertad, gusto por la transgresión y registro operático y desmelenado. Y en estos sentidos la novia No decepciones.

    ¡Larga vida a Frank y su novia Ida!

    la novia (la novia), EE UU, 2026. Directora: Maggie Gyllenhaal. Con Christian Bale, Jessie Buckley, Penélope Cruz, Annette Benning, Peter Saarsgard.