24.6 C
Buenos Aires
Monday, March 16, 2026
More

    Encuesta: 69% de los jóvenes en Argentina tienen poco o ningún interés en la política

    La sociedad está polarizada, todos los adolescentes son libertarios y los jóvenes se sienten seducidos por modelos autoritarios: tres ideas que circulan con frecuencia en la conversación política en Argentina, pero que parece que no se correlacionan con la realidad.

    Al menos no según los resultados del último estudio del Observatorio Pulsar de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la ONG de educación cívica Asociación Conciencia, que recientemente entrevistó a casi 2.500 estudiantes secundarios en edad de votar.

    Lejos de la radicalización política, el estudio, que consultó a jóvenes de 16 a 19 años, revela algo diferente: la relación es de distanciamiento e indiferencia. En consecuencia, el 69 por ciento afirma tener poco o ningún interés en la política, proporción que invierte el patrón habitualmente observado en la población adulta.

    Sin embargo, eso no significa falta de información o rechazo total: los adolescentes saben lo que es la política y se han formado opiniones, pero la consideran algo secundario en su vida cotidiana: aparece de manera intermitente, no organiza sus conversaciones ni sus vínculos personales y rara vez define su identidad.

    Hallazgos clave

    La encuesta se llevó a cabo de manera presencial en escuelas secundarias de todo el país e incluyó a estudiantes de 16 a 19 años de instituciones estatales y privadas. Este diseño ayudó a conseguir una cobertura territorial inusual y evitar el sesgo típico de las encuestas online, donde sólo suelen responder quienes muestran interés.

    Uno de los hallazgos clave es la diferencia entre las expectativas personales de los jóvenes y su visión del país. Mientras que el 73 por ciento cree que su situación personal o la de su familia mejorará o se mantendrá estable durante el próximo año, sólo el 45 por ciento valora positivamente las perspectivas actuales de Argentina.

    La distancia entre el optimismo individual y el escepticismo sobre el país es clave para comprender la relación entre los jóvenes y la política.

    En ese contexto, la política ocupa un lugar marginal en la vida cotidiana. La mayoría de los adolescentes afirma hablar poco o nada del tema: el 65 por ciento dice que apenas habla del tema con familiares y el 81 por ciento que tampoco lo hace con amigos. Cuando esas conversaciones surgen, son más comunes en el ámbito familiar que entre pares.

    Ese bajo nivel de centralidad política también se refleja en sus prácticas. La gran mayoría de los jóvenes no participó en la acción política durante el último año, ni en persona ni en el mundo digital. Incluso en las redes sociales –fuente de la mayor parte de su información– la participación activa es limitada y se restringe, en el mejor de los casos, a seguir las cuentas de los líderes o compartir contenidos.

    ¿Juventud polarizada?

    El estudio también desmiente la idea de un electorado joven marcado por la polarización. Para la mayoría, la política no funciona como una brújula moral o una frontera de identidad: alrededor del 61 por ciento afirma que podría tener una relación con alguien con ideas políticas diferentes; El 64 por ciento afirma tener amigos con ideas opuestas a las suyas.

    En términos institucionales, la democracia sigue siendo el régimen político preferido. En una escala de 1 a 10, la importancia de vivir en democracia obtuvo un promedio de 8,25 entre los jóvenes entrevistados, una puntuación alta. Sin embargo, esa valoración coexiste con una mirada crítica sobre su marcha actual: la valoración sobre cuán democrática es hoy la Argentina es tan baja como 6,83 puntos.

    El principal riesgo que reflejan los datos no es una desviación hacia posiciones autoritarias, sino algo más sutil: la indiferencia. Aunque la mayoría prefiere la democracia a otras alternativas, el porcentaje de quienes afirman que no les importa vivir en democracia o no está creciendo. Según el estudio, esa actitud se centra especialmente en sectores con menor capital cultural y nivel educativo en el país de origen.

    Eso da paso a una lectura más amplia. La ciudadanía política –como sugieren los investigadores– no surge automáticamente, sino que se construye en procesos de socialización que involucran a la familia, la escuela y el entorno cultural.

    Donde esos ejemplos son más fuertes, también lo es la adhesión a la democracia y la participación en la vida pública.

    noticias relacionadas