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Wednesday, June 24, 2026
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    Perdón

    En la doctrina creyentes de la benignidad del perdón, este significa que dios anula la sentencia de condenación dictada sobre los cristianos por sus pecados, por medio de la muerte de jesus cristo para favorecerlos y ya no los considera culpables en la sentencia que arrastraban en la tierra. es Venezuelala mayoría se desenvuelve en la fe cristiana. En todo caso, perdonar está asociado con tolerar y aceptar de nuevo a quien ofendió en la redención de sus hechos pasados. La absolución y la venganza están ubicadas en los extremos de la emocionalidad personal. La imagen más nítida del perdón en la tierra puede estar representada por San Juan Pablo IIel Papa en ese entonces considerado por el cristianismo católico sucesor del apóstol Pedro, vicario de Cristo, cabeza del Colegio Episcopal y pastor de la Iglesia universal en la tierra, abrazando en la cárcel de Rebibbia Roma el 27 de diciembre de 1983 y conversando con Mehmet Ali Agca musulmán Sunita y autor de los disparos contra Su Santidad el 13 de mayo de 1981 que casi le quitan la vida. Karol Józef Wojtyla le otorgó el perdón. No se trata de un asunto de la confesión y la imposición de una penitencia detrás de la ventanilla y la cortinilla que separa al cura del pecador arrepentido cada domingo en plena eucaristía. Era un asunto personal en la tierra entre dos hombres defensores de su propia fe. Entre karol y Mehmetfrente a frente, en la intimidad de los barrotes y las frías paredes de la cárcel donde este estuvo recluido por los disparos alevosos. ¡Fuerte! ¿Verdad? realmente San Juan Pablo II Fue un tipo duro en la tierra, sin perder la bondad, la piedad y la misericordia dentro de su corazón como pastor del catolicismo apostólico y romano. Lo pueden atestiguar después en su protagonismo y participación en los eventos que culminaron con la desaparición de la guerra fría, la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética. La conversión de su agresor aleve Mehmet Ali Agca al catolicismo, a la Biblia y al Vaticano desde el islamismo suní, el Corán y La Meca fue un hecho en el tiempo. Fue la magia del perdón y de la tolerancia.

    Está de moda el perdón en Venezuela. Después del 3 de enero de 2026 con la incursión norteamericana en Caracas –el equivalente en pólvora a los disparos de Mehmet Ali Agca- hay una comparsa de palabras que están en plena vigencia. En tiempos de invasión y de un panorama difuso de cambio político, la amnistía, la reconciliación y la unidad nacional han agarrado calle también con criterio invasivo. Las tres tienen que ver con el perdón y con la paz. En una comunidad mayoritariamente cristiana como los venezolanos, la reconciliación y el reencuentro de todos pasa por la condonación de las pifias, la absolución de los yerros y la remisión de los errores. La indulgencia con los deslices políticos entre los bandos forma parte de la cicatrización de las heridas políticas. Nadie le está diciendo a los chavistas que abjuren de sus creencias, ni aquellos deben esperar que los integrantes del sector opositor arríen las banderas que levantaron a lo largo de 27 años, mientras los dos bandos ocuparon sus espacios en aceras opuestas e intercambiaban disparos. Nadie pide olvido para los muertos, indiferencia con los heridos, descuidar el tiempo de encierro en las cárceles ni el distanciamiento derivado del duro exilio. Estamos obligados a convivir con todas nuestras diferencias en el mismo vecindario ubicado entre Castillete y punta Playa; la isla de Aves y las cataratas de Huá. El mismo pueblo e idéntica urbanización en igual calle. A coincidir en el supermercado con la vieja del Clap que negoció en algún momento la bolsa de comida, a cruzarnos durante un trámite en una oficina gubernamental con quien ya se había identificado como patriota cooperante o fue un carcelero en La tumba. Mención necesaria que aquellos asuntos reñidos con la justicia no tienen espacio en la generosidad de la gracia del momento. No puede haber perdón con impunidad y sin justicia. Será una etapa difícil que abordarán los venezolanos frente al cambio político y el inicio de la etapa democrática. Las heridas son profundas y requerirán para su cicatrización de mucho compromiso y empeño de todos. Los españoles hacen una magnífica referencia para los venezolanos en esa materia. Después de 1931, con la llegada de los socialistas con la Segunda República, en el golpe de Estado de 1936 y durante la Guerra Civil hasta 1939, más la dictadura del general Franco hasta 1975 y el período de provisionalidad con Adolfo Suárez; la violencia, la inestabilidad y la ingobernabilidad hicieron de España y de la violencia, una rutina. Un modo de vida. Las heridas no se cerraron nunca. Todavía duelen cuando se les pasa el dedo sobre ellas, recordando que la vecina bastante entrada en años que comparte con un español cualquiera el viaje en el tren Madrid-Barcelona, ​​comandó el pelotón de fusilamiento republicano en la retaguardia, en la frontera con Francia, que se llevó al otro mundo a la mitad de su familia nacionalista, entre ellos su padre y su madre. No es aventurado señalar que todavía supuran. De allí que todos los venezolanos, para superar el morbo revolucionario, los extremos y los radicalismos que han caracterizado estos 27 años de revolución bolivariana, se asuman en la ruta de ir superando muchas cosas, si quieren hablar de transición, de cambio político, de amnistía, de reconciliación… de perdón.

    mientras Su Santidad Juan Pablo II conversaba con Mehmet Ali Ağca y lo perdonabael camino de la justicia terrestre seguía su camino sin interrupción. O nos perdonamos o nos matamos entre venezolanos.