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    Rafael Pineda (1926-2003) y la crítica de arte

    RAFAEL PINEDA, VASCO SZINETARRafael Pineda —su nombre real era Rafael Ángel Díaz Sosa— fue periodista, crítico de arte, poeta, biógrafo, compilador, dramaturgo, articulista, diplomático y alto funcionario del Inciba. Entre los numerosos reconocimientos que recibió, destaca el Premio Nacional de Literatura, mención Poesía, en 1987.

    Por BÉLGICA RODRÍGUEZ

    Rafael Pineda Fue un hombre de pensamiento que supo combinar eficazmente la tarea del historiador con la del crítico de arte. Tarea esta última que definiríamos con las palabras de Lionello Venturi, al señalar en su Historia de la crítica (libro que Pineda conoció muy bien) que “la crítica de arte es siempre una crítica contemporánea, aun cuando se ocupa del arte del pasado, porque nadie puede escapar a un modo de ver, sentir, imaginar y pensar contemporáneos”. Otorgándole a la historia un papel preponderante en todos sus textos, Pineda no dejó de lado el análisis y la reflexión sobre el producto o resultado inmediato del hecho creacional. De personalidad polifacética, de múltiples y variados intereses intelectuales, en sus muchos y diversos escritos, se planteó el siglo XIX como objeto de su estudio y el siglo XX como su presente histórico. Teniendo en mente las preferencias estéticas de este singular personaje, algunas veces caprichoso, se le debe analizar en función de haber pertenecido a su tiempo como historiador, como crítico de arte y como observador agudo de la realidad del Ser y de la naturaleza que le envolvía.

    En su extensa bibliografía observamos títulos disímiles que demuestran la versatilidad de su amplio y vasto conocimiento, así como el siempre buen ánimo y disposición para escribir crónicas para periódicos, textos para catálogos, libros de gran envergadura, ensayos, poemas, hasta incursionó en la novela. Su producción comienza desde muy temprano, desde mediados de los años cuarenta; para mencionar solo unas pocas publicaciones nos referiremos a títulos como ceramicas venezolanas (1949); Juan Bimba de barro, la cerámica que se inspira en el folklore venezolano (1953);Nacimiento de los venezolanos, El Disco Anaranjado (1960); Artesanos de Venezuela (1964); Italo-venezolano, Crónicas de Inmigración (1967);Otros caminos del arte (1969); poemas mexicanos (1970);Tenerani y Tadolini, los escultores de Bolívar (1973);audaciay timidez de la artesanía venezolana envías de industrialización (1973); Caicara del Orinoco, donde el sol y la luna se apagaron, (1973); El manuscrito del Discurso del Congreso de Angostura (1975); La artesanía mexicana al descubrimiento del público. (1975); Fraudes y mala fe de JamesHamilton, Resumen (1976) y La tierra doctorada (1978), extraordinario compendio de la historia de lo que ha hecho el hombre con el barro y la tierra. Escribió hasta los últimos días de su vida, dejando varios libros inéditos e investigaciones sin terminar.

    Del arte del siglo XX, Rafael Pineda se utilizó de importantes artistas interesados ​​siempre en descubrir en ellos el genio creador y la excepcionalidad de una personalidad especial dedicada a los laberintos de la creación y sus salidas. En este sentido, no escatimó palabras para descifrar los caminos que llevan al artista creador a develar los misterios de la naturaleza y su belleza, desde este ángulo nos inclinamos a considerarlo una esteta del romanticismo. Dedicó buena parte de su tiempo a los Maestros Tito Salas y Francisco Narváez, el primer pintor, el segundo escultor que inició la modernidad en la escultura en Venezuela. es Escultura y pintura de Francisco Narváez (1968), se autodefine como un “escritor fantasma” al reconstruir la vida y obra del escultor a partir de la “trama hablada” extraída de largas conversaciones entre ambos. De Salas escribió, entre otros textos, la pintura deTito Salas (1969), y el grueso volumen Tito Salas (1974), exhaustiva investigación, donde Pineda, el crítico, hace gala del conocimiento y manejo interpretativo, visual y formal, de los códigos plásticos utilizados por Salas para planear la composición y lograr extraordinaria fuerza cromática, como en la pintura. Congreso de Angosturarealizada en 1941; en el corto fragmento que cito, extrapolado de un largo párrafo, demuestra la profundidad del sustancioso análisis formal: “El rojo vino tinto predominante, matizado con estratégicos bermellones, se valoriza por el contrate con los negros de las casacas y hábitos de los personajes (…) dos luces laterales, lechosas, profundizan el espacio visual al caer sobre la pared de fondo, a los lados del dosel, y en parte también sobre el pavimento enmaderado, que de resto avanza con una sorda fosforescencia hacia el espectador A la izquierda, en primer plano, una capa tirada en el suelo, en forma de bloque, interrumpe la verticalidad del grupo y de las sillas. A la derecha, la puerta abierta deja ver una columna rosada que sostiene la mediagua, y al fondo un trozo del típico cielo de nubes contra el azul, más de Caracas y de Tito que de Guayana”.

    En sus inicios, el ejercicio de la crítica de arte por parte de Rafael Pineda se orientó desde la actividad periodística como excelente profesional de esta disciplina que fue. Al lado de esto, debe mencionarse su extraordinario interés en la historia de la comunicación, conectada, por lógica, a sus lides de comunicador social. Es importante aclarar que estos dos aspectos, periodismo e historia de la comunicación, sustentan los orígenes de la crítica del arte moderno, puesto que estos orígenes, precisamente, se apoyaron en una labor periodística que se remonta a 1753 con las ediciones de la gaceta quincenal Correspondance Litteraire, editadas en París por Friedrich Grimms, y con la participación activa de Denis Diderot a partir de 1759, quien allí publicó artículos sobre crítica de arte hasta 1781, tres años antes de su muerte. Diderot, máxima figura de la ilustración cuya obra conoció a Pineda, podría considerarse el paradigma de lo que le interesaba a este intelectual venezolano en el amplio campo de la información, la praxis y la teoría del conocimiento. En Venezuela, Pineda fue uno de los pioneros en el desarrollo de una metodología crítica sustentada en lo descriptivo y lo narrativo, a la vez que en lo conceptual y lo valorativo del objeto de su estudio: la obra de arte y el individuo que la realiza a partir de ideas y conceptos. En sus investigaciones combinó los planteamientos que Giorgio Vasari hace en su libro Vidas de artistaspublicado en 1568, considerado el texto más antiguo de este estilo, pero que continúa siendo muy apreciado hoy día por la contundente combinatoria del análisis formal expresado en la más pura tradición académica con el lenguaje del periodismo informativo.

    Tal vez en su curiosidad excesiva por todo aquello que hiciese más intenso y denso su trabajo, Pineda llevaba un registro del pasado catalogando desde los volúmenes más extraordinarios hasta las más mínimas hojitas de papel que pudiesen archivarse y enriquecer su acervo bibliográfico personal, por ejemplo, a modo de información colateral, en el Archivo Guzmán Blanco de la Fundación Boulton existe la Colección Rafael Pineda, compilación de documentos de la vida política de Venezuela atesorados por él, desde una correspondencia general y personal absolutamente. privada, hasta sencillas facturas de compras en supermercados y carnicerías.

    Como adicto a bibliotecas, Pineda conoció la historia de los grandes investigadores, pensadores e intelectuales de épocas pasadas y del presente, nutriendo así un extensísimo bagaje intelectual que supo expresar en sus textos, pero que más de crítica, los considerados aportes a la bibliografía del arte en Venezuela. Al analizar estos documentos, se deduce que su objetivo fue contribuir a formar juicios sensibles partiendo de aquello que la semiótica define como “la estética del receptor”, en palabras más sencillas, se proponía contribuir a propiciar la apreciación del arte de acuerdo a la sensibilidad del espectador, coadyuvando en la puesta en marcha de esta acción la emocionalidad que siempre acompañó sus análisis. De allí que no usara un lenguaje rebuscado para expresar las claras ideas que ponía sobre el papel. A los que conocemos de cerca a Rafael Pineda, sabemos de sus relaciones con el arte, con la naturaleza y con el ser humano, relaciones mantenidas bajo fuerte, hasta atronadora y avasallante, pasión.

    Cargar la frase única de significado riguroso y preciso, parecía ser parte de su carácter intuitivo y sensible. Sentía placer al enfatizar lo dicho, las palabras, las oraciones, incluso en conversaciones coloquiales, cuando secundario por una presencia corporal de movimientos expresivos, subrayaba la danza de la pitillera y el sempiterno cigarrillo. Una “estética del gusto” fue práctica cotidiana en todos los órdenes de su vida, especialmente presentes en sus escritos, consciente de que en la crítica de arte debe subyacer ese elemento que definimos como “buen gusto”, aquí destacaban sus relaciones amorosas y manías con el mundo, consideradas al arte elevación sublime de los sentidos.

    Para ubicar a Rafael Pineda en el contexto de la historia de la crítica de arte en Venezuela, es preciso referirse a una primera generación dedicada a este oficio prácticamente a tiempo completo. A Pineda podría considerarse pionero al lado de Juan Calzadilla y Sergio Antillano, quienes han ejercido la crítica de arte desde una perspectiva histórica y formalmente analítica, junto al investigador Francisco Da Antonio, sin obviar, de ninguna manera, la obra de Alfredo Boulton como iniciadora de la historiografía del arte en Venezuela. Otras dos personalidades dedicadas a esta tarea, más como críticos que como historiadores, fueron Roberto Guevara y Roberto Montero Castro, ambos fallecidos, y Peran Erminy quien actualmente permanece muy activo. Muchos de los otros aportes se ubican en los escritos de intelectuales y literatos, la mayoría periodistas y poetas, quienes dieron parte de su tiempo a enriquecer la bibliografía del arte en Venezuela. Un hecho importante en la vida de Rafael Pineda fue el formar parte del grupo fundador del Capítulo Venezuela de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, con el fin de conferirle profesionalidad a la actividad crítica.

    Siguiendo con Pineda como crítico de arte, objeto de nuestra reflexión, cuando acertamos al establecer que fue pionero en el campo, es preciso establecer que sentaron las bases para la crítica más contemporánea en el país, trabajos que por cierto no conocen muchos de los críticos jóvenes. La reflexión se basa en la amplia concepción que aplicó al estudiar a un artista determinado, se basó en los aspectos éticos y estéticos de la obra y la vida, sin obviar los posibles juicios morales que podrían ser considerados aportes significativos para la comprensión cabal y amplia del objeto a estudiar. De allí que, en el análisis crítico de los dos creadores que he tomado como ejemplos de dos momentos del arte en el país, Tito Salas y Francisco Narváez, Pineda estableciera, aparte del análisis plástico, principios de historicidad, de las varias problemáticas de las formas, tanto bidimensional como tridimensional, y en especial planteara un problema poco estudiado para la época: el espacio cultural, social, humano y artístico en el cual el artista creador se desarrolla, armonizado todo ello con una delección en el detalle descriptivo y la exaltación. de los sentidos. Así, coloca al lector en posición de captar con entusiasmo lo que este hombre de conocimiento desea transmitirle, convirtiéndolo en receptor omnisciente e imaginativo, que lo que lee, lo que ve y lo que siente, puede ser una herramienta estimulante del conocimiento y de emociones estéticas susceptibles de despertar la sensibilidad.

    Por su formación académica, formal y no formal, es lógico que, como muchos de los críticos del arte contemporáneo, incluso en sus primeros escritos. s, no cayera en la tentación de hacer una crítica impresionista, aquella conducida solo por lo emocional que desemboca en el texto literario poético, como generalmente ocurre con textos de poetas y literatos, textos que, sin prurito academicista, deben reconocerse como aportes al desarrollo intelectual, artístico y cultural del país. Pineda siempre estuvo consciente de que la crítica es una actividad inherente a la creación artística y no viceversa. Posiblemente por ello siempre fue historiador y crítico de arte.