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Sunday, June 21, 2026
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    A Petro le marcaron la cancha

    El contexto de la reunión de Gustavo Petro con Donald Trump no podía ser más complejo en lo geopolítico, pero el resultado era previsible.

    Del lado de Colombia y en torno a los temas que tienen relevancia para Estados Unidos, hay en desarrollo un proceso electoral complejo a la vuelta de la esquina que determinará el nivel de presencia en el gobierno de las fuerzas de izquierda; se ha producido un incremento considerable de la producción de coca en el país; está teniendo lugar un recrudecimiento exponencial de la violencia doméstica; el país enfrenta un fortalecimiento de las guerrillas del ELN y de las FARC, así como también de los grupos criminales que han dado al traste con la política de paz del presidente; se está produciendo una gran interrogante en torno al futuro de la relación bilateral con Venezuela a raíz de la presencia norteamericana en el esquema de transición hacia su democracia; el presidente colombiano ha sido calificado como narcotraficante por parte del presidente Trump y su visa le ha sido suspendida; el gobierno ha entrado en una crisis fronteriza con Ecuador.

    Por el lado norteamericano, toda una nueva política exterior relacionada con la región lleva a pensar que Washington busca reposicionar a Estados Unidos como un elemento central, un actor hemisférico principalísimo como fuente de comercio, de provisión de tecnología, de inversiones y de apoyo militar. Y, paralelamente, el gran socio del norte intenta ser determinante en la eliminación del narcotráfico y el terrorismo asociado a él, una lacra que ha estado lesionando la seguridad de los americanos. Por último, el gobierno republicano encabezado por Trump -y en este terreno internacional, por Marco Rubio- aspira a ser un factor decisivo en el restablecimiento de las democracias en Venezuela y Cuba y asegurar el debilitamiento de tendencias totalitarias en el continente, dentro de las cuales la Colombia de Petro tiene un sitial bien ganado.

    Es decir, dentro de un ambiente caldeado, controvertido y turbulento en más de un campo, se enfrentaban dos personalidades a cual más compleja, estridente e imprevisible. Una gran interrogante se cernía sobre el resultado del encuentro, pero todo parece indicar que el episodio ha resultado positivo, “hasta ahora”.

    Estados Unidos ha aprovechado para dejar claro ante el mundo el rol que pretende ejercer en su patio trasero. En lo bilateral, Trump ha hecho de este encuentro un evento ideal para enviar un mensaje a aquel a quien le toque ejercer la máxima magistratura en Colombia en cinco meses, más que al propio Gustavo Petro. Ese mensaje pasa por subrayar la importancia que tiene para el norte erradicar el apoyo a la narcoguerrilla y al crimen organizado recibido desde el gobierno. La relevancia que ello tiene se expresa a través de la descertificación de hace unas semanas, descertificación que no será levantada. Y, paralelamente, dejar sentada la aspiración de Washington de continuar recibiendo la más proactiva colaboración de las fuerzas militares colombianas en la erradicación del narcotráfico que se origina en Colombia y en la neutralización de la insurgencia armada.

    Lo que se puso de bulto en este encuentro es la debilidad de Gustavo Petro frente al titán americano, quien ha mostrado hasta dónde es capaz de llegar en la defensa de lo que considera justo para su país y para la comunidad internacional. Sin levantar la voz, ni mencionar aranceles, Donald Trump le leyó la cartilla al mandatario de Colombia y le dejó saber, a él al igual que a su sucesor, el alto costo que puede tener para el gobierno de ese país el mantener una actitud cómplice, débil o disimulada en favor de aquellos que atentan contra la seguridad de los norteamericanos.

    No fue necesario, en esta ocasión, recordarle al presidente en campaña lo que ha estado ocurriendo más allá de la frontera del Arauca en el terreno de la obligación a una transición hacia la democracia, ni relatarle las negociaciones a que esta siendo obligado Díaz-Canel y que terminarán por defender a la dictadura de Cuba. Nada de ello fue preciso para mostrarle el camino que Washington espera que transite por Bogotá.

    Como bien ha señalado Carlos Sánchez Berzain, uno de los mejores analistas con que cuenta el continente, Donald Trump no ha hecho más que exigirle a Petro que cumpla con sus obligaciones como gobernante demócrata y probo.

    No ha hecho más que marcarle la cancha: fijar las reglas, establecer los límites, dibujar los parámetros claros de actuación que Estados Unidos espera de Colombia.