Puntos clave Trump ofreció a Cuba una ruta de escape diplomática el sábado después de cortar el suministro de petróleo a la isla a través de Venezuela y México, dejando reservas para solo dos semanas. La crisis surge de la captura en enero del hombre fuerte venezolano Maduro, quien había mantenido encendidas las luces de Cuba durante años a cambio de servicios de seguridad. Los dirigentes comunistas de La Habana se enfrentan ahora a una elección imposible: negociar con Washington por primera vez en generaciones o ver cómo la isla se hunde en la oscuridad. Por primera vez en más de seis décadas, el gobierno revolucionario de Cuba tal vez no tenga otra opción que tratar con Washington en los términos estadounidenses.
El presidente Donald Trump planteó esa posibilidad el sábado mientras volaba a Florida, sugiriendo que podría “llegar a un acuerdo” con La Habana pocos días después de cortar el sustento petrolero de la isla.
El momento revela el cálculo de Trump. Cuba importa prácticamente todo su petróleo y Trump ha cerrado sistemáticamente todos los grifos.
Venezuela, que abastecía un tercio de las necesidades diarias de Cuba, detuvo los envíos después de que las fuerzas estadounidenses capturaran al presidente Nicolás Maduro el 3 de enero en una dramática incursión nocturna en Caracas.
La oferta de Trump a Cuba: un salvavidas después de la escasez de petróleo La oferta de Trump a Cuba: un salvavidas después de la escasez de petróleo México, que anteriormente suministraba el 44 por ciento del petróleo cubano, suspendió las entregas bajo amenaza de aranceles estadounidenses. Los analistas de energía estiman que a Cuba le quedan reservas para entre 15 y 20 días.
“Vivían del dinero y del petróleo de Venezuela, y nada de eso está llegando ahora”, dijo Trump a los periodistas a bordo del Air Force One. “No tiene por qué ser una crisis humanitaria”.
El comentario tiene peso porque la red eléctrica de Cuba ya ha comenzado a fallar. Los apagones a nivel nacional afectan a hospitales, estaciones de bombeo de agua y hogares en toda la isla de 11 millones de habitantes.
Sin combustible, la economía avanza hacia el colapso total. El acuerdo de Cuba con Venezuela había sostenido a ambos regímenes durante años.
La Habana envió personal de seguridad para proteger a Maduro (32 agentes cubanos murieron en el ataque estadounidense), mientras que Caracas envió petróleo y dinero en efectivo para mantener a flote el sistema comunista de Cuba.
La operación de Trump en Venezuela rompió esa asociación de décadas en una sola noche.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, respondió inicialmente con un desafío revolucionario, insistiendo en que Cuba sigue siendo “una nación libre y soberana” que no recibe órdenes de nadie.
Pero la orden ejecutiva de Trump del 29 de enero aumentó dramáticamente las apuestas, amenazando con imponer aranceles a cualquier país que venda petróleo a Cuba y etiquetando a La Habana como una amenaza a la seguridad estadounidense por apoyar a Rusia, China e Irán.
La campaña de presión resucita el dominio estadounidense en el hemisferio occidental sin disparar un tiro al suelo cubano.
Trump utiliza el petróleo como arma con mayor eficacia que cualquier opción militar, apostando a que la oscuridad y la desesperación lograrán lo que las sanciones por sí solas nunca lograron: llevar a los viejos revolucionarios de Cuba a la mesa de negociaciones.