13 C
Buenos Aires
Wednesday, June 17, 2026
More

    ¿Sirva de algo creer?

    Caracas, 050405. Misa. Monseñor Baltasar Porras, presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, acompañado de los obispos venezolanos acompañó a la misa exequial, presidida por el Cardenal Rosalio Castillo Lara, realizada esta tarde en la iglesia San Juan Bosco de Altamira en memoria del Papa Juan Pablo II. Fotografía: Alfredo Cedeño.Nací y crecí en una familia católica a carta cabal. Mi padre creyente de la Virgen del Carmen y mi madre de Nuestra Señora del Valle, mi abuela, de una fe a prueba de balas, me enseñó las primeras oraciones. En la iglesia Santiago Apóstol de La Guaira, con seis años recién cumplidos, hice mi primera comunión de manos del cura Arteta.

    Desde entonces fui creciendo, con los bandazos o altibajos propios de cualquier ser pensante, pero siempre considerándome parte de una iglesia sensible, solidaria, generosa y, sobre todo, digna. Gocé del privilegio de estar cerca de curas como los del colegio San Benito en Camurí Chico, o el párroco Vicente Nuin en Caraballeda. También a Severiano Bidegaín, Chepe Martínez Terrero, Iñaki Huarte, José Ignacio Angós, entre muchos otros, y el muy querido y nunca suficientemente extrañado Mikel de Viana.

    Todos me fueron enseñando el amor a la Iglesia, a entender sus contradicciones, pero siempre primando la búsqueda de la justicia como manifestación excelsa de la vivencia de la fe; y lograr expresar el amor al prójimo cual si beber del Santo Grial se tratase.

    Estos días pasados ​​me han resultado dolorosos, apestosos, de una tristeza profunda que raya en la depresión. Todo al leer la denuncia de la señora Mariana González de Tudares, hija del presidente electo venezolano Edmundo González Urrutia. Ella explicó cómo fue extorsionada para que “obligara” a su padre a renunciar a la defensa de la sociedad venezolana. Un cambio de ello su esposo, Rafael Tudares, sería liberado.

    Ella, con arrojo y firmeza –digna hija de su padre– plantó cara a los voceros de la tiranía y sus alcahuetes. Y aquí quiero confesar: no sé qué hubiera hecho como padre, de ver a mi hijo en una situación similar. Un hijo es todo. Sin embargo, el presidente González optó por mantenerse firme, en medio de una agonía que no puedo imaginarme.

    Ella nos hizo saber: “Denuncio que fui víctima de tres episodios de extorsión, provenientes tanto de personas vinculadas a autoridades de este país, como de personas relacionadas con la Iglesia y de individuos que afirmaban representar a organismos importantes”. Aseguró que en tales ocasiones hubo testigos que escucharon todo cuanto le dijeron, y reiteró que tales hechos se “llevaron a cabo en sedes diplomáticas (Embajadas), en espacios donde opera el Arzobispado, y en oficinas de organizaciones que públicamente afirman defender los derechos humanos”.

    ¿Qué vaina es esta? Para refrendar lo denunciado, con velocidad inusitada Biord Castillo, arzobispo de Caracas, publicó un mensaje con el que la desmentía. Un comunicado lleno de lugares comunes y frases grandilocuentes que terminaron por mostrar las miserias de este indigno sobrino del cardenal Rosalio Castillo Lara.

    No puedo dejar de cuestionarme de manera reiterada en cómo seguir siendo parte de una Iglesia de la que uno de sus conspicuos representantes ha llegado a semejante vileza. El escándalo fue de tal magnitud que a los pocos días el señor Tudares salió de las mazmorras oficiales. El bochorno mayor fue la gráfica que los propios canales estatales divulgaron. Los esposos al centro, con gesto firme y digno enlazan sus manos, mientras en las esquinas el embajador de Suiza, el expresidente de Fedecámaras y la Cruz Roja Venezolana, el mentado obispo Biord y una pajarraca, que vaya usted a saber qué pito tocaba ahí, llamada Indira Urbaneja.

    La foto pone a cada cual donde le corresponde, por eso es muy clara la pose de abuelito-vente-tú del prelado. Es el único que sonríe, con cara de monaguillo pillado agarrándose las limosnas, mientras sus manos se muestran cerradas con firmeza, tal vez conteniendo los golpes que quisiera propinar a la dama que supo ponerlo en su sitio.

    La diferencia entre este pastor de medio pelo y su ya mencionado tío es abismal. Recuerdo la entrevista que se le hizo al cardenal Rosalio Castillo en la que dijo con claridad: “Esa dictadura que gobierna a Venezuela está orientada directamente a establecer aquí una cubanización”. También advirtió de que Chávez “ante todo apunta hacia su objetivo, que no es favorecer a los pobres, sino la concentración de poder”. Son numerosas las frases del príncipe de la Iglesia. La discrepancia es insondable cuando se da seguimiento a los melindres del cura Biord con la jerarquía rojita.

    Ni hablar del contraste con la actitud asumida por uno de sus antecesores arzobispales, monseñor Rafael Arias Blanco, que el primero de mayo de 1957 dio a conocer su Carta Pastoral con la que le plantó cara a la dictadura de Pérez Jiménez. Hay un fragmento en especial que quiero copiar: “Y con las palabras de Nuestro Santo Padre Pío XII, os recordamos que: «No es en la revolución, sino en una evolución armónica donde está la salvación y la justicia. La violencia nunca ha hecho más que derribar en vez de levantar; encender las pasiones en vez de calmarlas; acumular odios y ruinas, en vez de hermanar a los combatientes…».

    Ni hablar del abismo que lo separa de lo dicho, el jueves en la noche en la iglesia La Anunciación del Señor, en La Boyera, por el cardenal Baltazar Porras: “El mal, los errores y el pecado pueden estar en la Iglesia, en cada uno de nosotros como bautizados, como obispos o cardenales o papas. No es para rasgarnos las vestiduras, sino para sacar de ese dolor la fuerza para defender la vida de quienes la tienen conculcada”. Nuestro cardenal añadió: “Cuántas veces nos escudamos en que no tenemos poder o capacidad. Todos tenemos alguna capacidad para que, al menos a nuestro alrededor, ese valor de la vida sea respetado… especialmente cuando vemos testimonios que parten el alma: hijos, esposos, familiares torturados o desaparecidos, sin que se les permita saber dónde están ni cómo están”.

    Ante la desolación vivida por los actos de Biord, así como de la corte de paniaguados que ahora quieren venderlo cual epítome de la caridad, insisto en refugiarme en las palabras de Porras, Castillo Lara. También en las de Johann Baptist Metz. Este presbítero en su libro. La Fe en la historia y la sociedaddijo: “La crisis actual no es, en primer lugar, una crisis de Dios, sino una crisis del sujeto humano, que ha perdido la capacidad de experiencia y de memoria”.

    ©Alfredo Cedeño

    http://textosyfotos.blogspot.com/

    [emailprotected]