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Wednesday, June 17, 2026
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    Jorge Carrión: «El futuro se entreteje desde una voz femenina»

    “Yo creo que la figura del escritor es una figura híbrida o puente, porque no sólo une con sus dedos, manos, brazos, la superficie de la mesa y su propio cuerpo con el teclado, y por tanto con la informática y con internet, sino que, además, aunque publique en revistas en línea o posts en las redes sociales, sobre todo sigue creyendo en la importancia de publicar libros físicos, en papel”

    Por CLAUDIA CAVALLÍN

    Siempre que pienso en Fibonacci y la secuencia de números que se repiten sólo al inicio, para luego dar un paso atrás y una suma hacia adelante, imagino el recorrido que estamos cabalgando en este mundo, donde la inteligencia artificial nos permite girar hacia lo que fuimos y luego duplicar lo que seremos. En palabras de Jorge Carrión, escritor, crítico cultural y director del Máster en Creación Literaria en la Universidad Pompeu Fabra —cuya obra ha sido traducida a quince idiomas—, la movilidad de los textos pareciera coordinarse también en varias direcciones. Desde los táctiles y valiosos libros hasta las páginas incontables escritas por las inteligencias no humanas, Carrión se mueve por la ruta del arte y los documentos, donde pueden añadirse los deseos, las pasiones y algunos giros que se debaten entre la encrucijada de la escritura digital. Como en toda sucesión de Fibonacci, en los textos escritos y visuales de Carrión pueden habitar múltiples configuraciones y aspectos biológicos de las especies, de las galaxias, de las proporciones del cuerpo humano; a partir de la disciplina, la asimetría, las feminidades, el áurea o el infinito. Todo ha sido creado durante sus viajes por el mundo, en los cibercafés, en las conferencias académicas, en los hoteles o en los aeropuertos. Desde esa movilidad, más allá de los espacios, ciertos interrogantes giran una vez más al retomar lo que, hace varios años, conversamos en un café de Barcelona.

    Claudia Cavallín: Quisiera iniciar con unas palabras clave que mencionaste en la presentación que compartiste en el Primer Congreso de Escritura Creativa del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Houston: «simulacros», «máquinas», «ciencia ficción capitalista» y «algoritmos». Pareciera que todo se enhebra en un futuro que ya es presente, donde el léxico trasciende la identidad real de las personas que crean mundos virtuales y los reproducen. ¿Hacia dónde se dirige la figura de un escritor en el universo que habitamos virtualmente?

    Jorge Carrión: Yo creo que la figura del escritor es una figura híbrida o puente, porque no sólo une con sus dedos, manos, brazos, la superficie de la mesa y su propio cuerpo con el teclado, y por tanto con la informática y con Internet, sino que, además, aunque publique en revistas en línea o posts en las redes sociales, sobre todo sigue creyendo en la importancia de publicar libros físicos, en papel. Por tanto, en su cuerpo y en su mente hay implícito un equilibrio entre ambos mundos, el analógico y el virtual. Creo que debe defenderlo.

    CC: Ambos mundos, el analógico y el virtual, se diferencian. Lo analógico es como una rampa continua y lo digital es como una escalera, ya que solo puede tomar un número finito de valores. Usamos esta metáfora de la rampa y la escalera porque siempre nos ha gustado valorar el subir y bajar en los espacios. Quiero mudarme ahora a algo que usted mencionó: esas capas maravillosas que se adhieren de arriba a abajo, de manera fluida, a las membranas del arte en los museos. Los museos son espacios sociales compartidos que preservan nuestras conciencias, nuestra memoria, nuestra movilidad. Partamos, por ejemplo, de un lanificio de las abuelas. oh de la hibris del arte que se teje en ellos. Como señala, todas las mitologías allí contemplan diosas divinas que tejen. Como hilanderas, las mujeres crean un tapiz: un movimiento incesante de la rueca, una imagen del ser esclava o la confusión entre ellas y las máquinas. ¿Cómo definiría las rutas de las mujeres en el arte, de lo femenino en las obras, de la identidad de género en el museo? ¿Cómo rizomas que no dejan de multiplicarse? ¿Cómo tejidos frágiles que pueden volver a deshilvanarse de ser necesario?

    JC: Creo que les corresponden a las propias mujeres definir esos tejidos. Fernanda Trías, por ejemplo, en su maravillosa novela El monte de las furias (Random House, 2025) elabora una de las infinitas maneras de ser mujer en el mundo. Berta García Faet, en su poderosa poesía, construye formas muy distintas. No me atrevería a decirlas yo. Pero mi narradora plural de membrana (Galaxia Gutenberg, 2021), en el Museo del Siglo XXI, sí que nos recuerda que el texto es textil, que todas las redes son sociales, que los tejidos entretejen a hombres ya mujeres, a humanos ya no humanos. Y lo hace en femenino, supongo que porque el futuro lo es.

    CC: es membranatambién menciona la energía erótica, aquella que «une lo uno con lo otro, o lo uno consigo mismo a través del reflejo, o lo otro consigo mismo mediante el homenaje y la parodia». En la presentación que compartió con los escritores, usted hizo referencia a que el ChatGPT ha decidido abrir los contactos sexuales entre los cuerpos, más allá de las palabras, las conversaciones, los dibujos y las ideas. OpenAI pronto permitirá a los adultos crear contenidos eróticos allí y algunos piensan que llegaremos a la «mercantilización emocional» ¿Cómo se compara entonces el erotismo en el museo con el futuro del erotismo que se añade a la bolsa de valores?

    JC: En la ficción imaginé la hibridación de los cuerpos humanos con Internet, a través de los personajes «híbridos»; y, en efecto, recordé que el motor del mundo es el deseo, y que por tanto en algún momento será posible que los humanos follemos con las máquinas. Sam Altman, que camufló durante un tiempo su obsesión por el dinero y el poder y ahora ya es adicto a ellos, ha acelerado esa vía, que en mi proyecto para dentro de algunas décadas. Es posible que se normalice en los próximos años. Pero antes del contacto físico habrá, como ya hay, un gran contacto verbal. Del amor platónico pasaremos a la pornografía automatizada, con robots blandos de aspecto hiperrealista, muy humanos. ¿Cuándo experimentarán orgasmos o, al menos, los simularán a la perfección?

    CC: Esa es mi duda compartida, y recuerdo que Jean Baudrillard nos decía que en un mundo hiperreal lo social y la cultura se extinguen. Una cultura del simulacro puede llevarnos al mundo del espectáculo, no obstante, quisiera volver a otro mundo, esta vez más natural. En el capítulo 53 de membranamenciona una palabra clave: ecocidio. El exterminio pareciera formar parte de toda revolución registrada o posible, y el sucumbir al mal o atravesarlo es un reto para todos los seres humanos. Saliendo del museo, volviendo a lo que seguimos siendo, ¿a qué debemos temerle más? ¿A nuestra desaparición real en este planeta? ¿A lo que se borra cuando las redes se detuvieron o sucumben? En el 2025, Amazonas tuvo una caída global que afectó las webs y apps por muchísimas horas…

    JC: Las pandemias y los apagones probablemente se vuelvan normales en un horizonte de cambio climático acelerado. Con la impunidad de Israel, se normaliza también el genocidio. Aunque la realidad se sitúa, por lo general, a medio camino entre la tragedia y la comedia, entre la distopía y la utopía, el diseño de la comunicación, la logística y las infraestructuras de nuestro momento histórico me empuja, me temo, hacia lo distópico.

    CC:Ante situaciones difíciles, como la que menciona, retornamos siempre a las bibliotecas, a los libros, a ese «pasar las páginas» que también se utiliza en lo virtual. es lo viral (Galaxia Gutenberg, 2020), sus apuntes sobre algo que sucedió hace varios años se dirigen al limbo en el que vivimos. «Somos muchos quienes hemos hecho del viaje y del cosmopolitismo nuestras señales de identidad». Siguiendo a creadores inquietos como Joseph Roth, Edgardo Cozarinsky, Jenny Diski, Jan Morris, Titouan Lamazou o Gao Xingjian hemos dividido el mundo entre los paseantes y los sedentarios, los viajeros y los domiciliados, los emigrados… ¿Cómo podemos asumir esas señales de la identidad si volvemos a ser aquellos que oscilamos entre dos palabras que nos definen: «el viaje» y «la espera»?

    JC: La tensión entre nomadismo y sedentarismo recorre la historia de la humanidad. En el siglo XXI se ha vuelto más complejo porque en nuestro día a día estamos dialogando, chateando, enviándonos correos electrónicos con personas que están en otros continentes, con quienes no sólo mantenemos vínculos profesionales, sino también afectivos. E intercambios no sólo textuales, sino también de audio e imágenes. De modo que, además de quietos o en movimiento, básicamente, estamos navegando o surfeando (metáforas náuticas) por la red de redes, en todos los lenguajes a nuestra disposición. La quietud impuesta por la pandemia, en la cual escribí lo viralun falso diario, un ensayo experimental, y el guion del episodio sobre posturismo de mi podcast Solarisme hizo pensar en la posibilidad de una nueva conciencia ecológica y en una nueva costumbre de experiencias híbridas, pero no ha sido así: viajamos más que nunca y contaminamos más que nunca.

    CC:Ya que menciona el viaje, para cerrar, quisiera retomar nuestro brevísimo encuentro en Houston. A sus fotografías finales en los Galápagos, donde entrevista a animales silenciosos, a un ave, a una tortuga gigante que se detiene ante el micrófono. Las conexiones posibles, los sentimientos compartidos, la ansiedad permanente de conocer (y comprender) al «otro» son una necesidad. Como ha dicho antes, «el futuro de la humanidad camina del antropocentrismo al códigocentrismo». Si es así, ¿cómo podemos trasladarnos y mantenernos al habitar una simbiosfera?

    JC: Yo creo que la transición en marcha es de la centralidad del hombre a la centralidad de la IA y es una transición impulsada por la avaricia corporativa. Pero es posible situarse en ese lugar la vida. El biocentrismo no excluye la tecnología, la puede integrar armónicamente, como nos recuerda James Bridle en su ensayo Modos de existir: Más allá de la inteligencia humana (Galaxia Gutenberg, 2024), o como nos recuerdan los nanorrobots o la biotecnología. Y sí, en Galápagos me di cuenta de que ahí está realmente el gran «Museo del Futuro», que pasa por la conservación, por poner la vida en el lugar que le ha correspondido desde siempre.