Puntos clave Los funcionarios estadounidenses ahora ven a Cuba más expuesta después del cambio de poder en Venezuela y la captura de Maduro. La estrategia de presión se centra en cortar los flujos de petróleo y los ingresos en divisas provenientes de las misiones médicas. La Habana rechaza la negociación bajo coerción, lo que aumenta el riesgo de mayores dificultades y nuevas olas migratorias. La captura de Nicolás Maduro a principios de enero sacudió el mapa político que durante mucho tiempo protegió a La Habana. Durante décadas, Cuba sobrevivió a las crisis apoyándose en patrocinadores externos.
Primero fueron los subsidios soviéticos. Luego el turismo llenó parte del vacío. En la década de 2000, Venezuela se convirtió en el salvavidas decisivo, enviando petróleo subsidiado que mantuvo en funcionamiento la red eléctrica de Cuba.
Ese pilar ahora es inestable. La política estadounidense ha pasado de la contención a la confrontación, apostando a que la tensión económica de Cuba ha llegado a un punto de inflexión.
El nuevo libro de jugadas de Estados Unidos sobre Cuba: matar de hambre a la red, tensar al Estado, forzar un trato. (Foto reproducción de Internet) El presidente Donald Trump señaló el enfoque el 11 de enero, advirtiendo que no habría más “petróleo ni dinero” yendo a Cuba e instando a un acuerdo “antes de que sea demasiado tarde”. El mensaje no fue sutil.
Cortar el combustible, recortar el efectivo y forzar una elección dentro del régimen. La energía es el primer cuello de botella. La red de Cuba es frágil y sus sistemas de refinación y transporte dependen de un suministro constante de crudo.
Con los envíos venezolanos interrumpidos, funcionarios y analistas advierten sobre apagones más intensos, paralización del transporte público y un impacto en la producción. En un país donde la escasez ya es rutinaria, la escasez de combustible puede convertir la frustración en un desafío abierto.
El dinero es la segunda palanca. Washington ha ampliado las restricciones vinculadas a las misiones médicas de Cuba en el extranjero, apuntando a lo que considera un importante canal de divisas.
La lealtad de Cuba bajo presión externa La Habana dice que el programa es humanitario y voluntario. Los críticos lo llaman un sistema de exportación coercitivo que apuntala al Estado mientras los médicos asumen el riesgo personal.
La operación en Venezuela también llevó un mensaje psicológico. Los informes dicen que la redada tuvo éxito con la ayuda de una persona interna y que personal cubano murió protegiendo a Maduro.
Para los dirigentes cubanos, la lección es que la lealtad puede resquebrajarse. Para Washington, sugiere que la combinación correcta de presión y contacto por canales secundarios podría producir un negociador dentro del sistema.
Ésa es la apuesta. Cuba no es Venezuela. No tiene oposición legal, una estricta seguridad interna y una estructura partidaria construida para evitar divisiones. El presidente Miguel Díaz-Canel ha descartado la capitulación y la vieja guardia todavía toma decisiones.
Si la presión se intensifica, las consecuencias no se quedarán en la isla. Un colapso más severo podría impulsar nuevos flujos migratorios y aumentar la inestabilidad regional, mientras que las tácticas de línea dura aumentan la posibilidad de errores de cálculo en todas las partes.