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Monday, March 16, 2026
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    El decreto Milei remodela el aparato de inteligencia de Argentina y reaviva los temores de extralimitación

    El 2 de enero de 2026, se reveló, anunció y promulgó un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) para modificar el sistema de inteligencia de Argentina. La medida tuvo un preludio claro: cambios importantes en la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) a medida que el gobierno del presidente Javier Milei entra en su segunda mitad.

    Desde el regreso de la democracia en 1983, ningún presidente ha cambiado más la identidad de su jefe de inteligencia que Milei, quien asumió el cargo hace apenas dos años. Eran tres: Silvestre Sívori, luego Sergio Neiffert y el actual líder Cristian Auguadra. Milei incluso ha alterado el nombre de la organización, cambiándola de Agencia Federal de Inteligencia (AFI) a SIDE.

    Poco después de asumir el cargo, Auguadra lanzó una nueva Política Nacional de Inteligencia, un documento publicado a principios de diciembre que estableció las líneas políticas de la SIDE mientras entra en una nueva fase. Ajustándose a ese escenario, el decreto inscribe la necesidad de una mayor interacción con los organismos estatales, un intercambio de información más fluido, una mejor capacidad de respuesta y un esquema de coordinación institucional permanente. Sostiene que la SIDE debe actuar inmediatamente en situaciones, especialmente en la lucha contra el terrorismo y amplía los poderes de la agencia para reaccionar en las investigaciones.

    Al mismo tiempo, uno de los puntos centrales del decreto es la incorporación del concepto de “aprehensión”, que autoriza a la SIDE a arrestar a quien sea sorprendido con las manos en la masa. Históricamente, la organización tiene prohibido realizar detenciones, limitando sus funciones a generar y producir información para análisis de inteligencia, con la participación de fuerzas y agentes de seguridad, como los de la Policía Federal, la Guardia Fronteriza o la Guardia Costera, para las operaciones.

    Modificar ese esquema y autorizar la detención por parte de agentes de la SIDE es un punto cuestionado y denunciado por la oposición política. Para ellos, introduce cambios en el sistema y proceso penal ya que el Código Penal establece que sólo las fuerzas de seguridad pueden detener a personas.

    Según ese argumento, una enmienda de esa escala debe ser legislada en su totalidad, no decretada, cuestión que ahora está bajo revisión judicial.

    El decreto de Milei ha reavivado los temores de que los servicios de inteligencia se extralimiten.

    Reorganización redefinida

    El decreto significa esencialmente que la SIDE deja de trabajar de forma aislada y reactiva. Hasta ahora, ante una situación concreta, ha solicitado información a otros organismos estatales, muchas veces a través de los tribunales.

    El decreto DNU crea dos nuevas estructuras, la Comunidad de Inteligencia Nacional y la Comunidad Informativa Nacional. El primero está formado por las agencias de inteligencia del gobierno, entre ellas la Agencia de Contrainteligencia Nacional, que se encarga de investigar asuntos vinculados a la seguridad interior, protestas y conflictos sociales, seguridad nacional y espionaje exterior, junto con Asuntos Internos, que vincula con embajadas y servicios de inteligencia extranjeros como la CIA o el Mossad, así como el área de Ciberinteligencia, en sustitución de la anterior unidad de Ciberseguridad, que ahora depende de la Jefatura de Gabinete.

    A ese esquema se suman los departamentos de inteligencia del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, la Policía Federal, la Guardia de Fronteras y Costas, la policía aeroportuaria PSA, el Servicio Penitenciario y la unidad de seguimiento al lavado de dinero de la UIF. Todo lo anterior debe suministrar información de manera proactiva, concentrando los flujos de información en una comunidad que impulse a la SIDE.

    En paralelo, la Comunidad Informativa Nacional amplía aún más ese alcance, incorporando organismos civiles como la Agencia de Ingresos y Aduanas ARCA, Migraciones, el Ministerio del Interior, el Ministerio de Economía, el Registro Nacional de las Personas RENAPER, la autoridad espacial CONAE, el registro de armas de fuego del RENAR y la autoridad nuclear CNEA.

    El decreto autoriza además acuerdos con gobiernos regionales para incluir fuerzas policiales provinciales.

    La reorganización impulsa el sistema de inteligencia a una escala sin precedentes en la historia argentina, con un nivel de concentración de información acorde con las tendencias internacionales. El modelo tiene similitudes con el sistema de inteligencia británico, mientras que en Estados Unidos el sistema está más compartimentado. En ese país, la CIA sólo puede realizar arrestos en conjunto con fuerzas locales mientras se encuentre fuera de su territorio, bajo los controles más estrictos del Congreso.

    En Argentina dicho control se limita a la Comisión Bicameral de Inteligencia y sólo se extiende a la SIDE.

    Precedentes históricos

    Hay puntos de contacto entre la reciente operación estadounidense en Venezuela, en la que los servicios de inteligencia jugaron un papel clave en la captura de Nicolás Maduro, y precedentes vinculados a Argentina. Estos últimos son episodios de personas secuestradas en el extranjero, menos espectaculares pero comparables en su lógica operativa.

    Sin duda, uno de los casos más relevantes se remonta a los años 90 y está protagonizado por José Manuel Pico, expresidente del Ayuntamiento de Buenos Aires. Antes de la reforma constitucional argentina de 1996, se enfrentaba a un caso de fraude que afectaba a cientos de personas (estimadas entre 300 y más de 500).

    A medida que avanzaba la investigación judicial, Pico huyó a Brasil. En ese momento no existía ningún tratado de extradición entre ambos países que le permitiera cruzar la frontera en Clorinda e instalarse en Porto Alegre.

    El caso se convirtió en un problema político y judicial para Argentina, no sólo por la falta de mecanismos legales para su regreso sino porque se sospechaba de la connivencia de sectores policiales y de inteligencia.

    También se denunció la participación de Raúl Guglielminetti, figura vinculada a la llamada “banda de inspectores de policía”, y unidades de inteligencia del Ejército que presuntamente colaborarían en la documentación falsa que permitió su fuga.

    El expediente escaló cuando el entonces presidente Carlos Menem pidió que la SIDE fuera puesta bajo tutela. En ese momento el caso estaba en manos de la Policía Federal; la agencia de inteligencia estaba dirigida por el maestro de espías Antonio ‘Jaime’ Stiuso en un papel marcadamente operativo.

    Pico permaneció ubicado en Porto Alegre. Posteriormente, la SIDE montó una operación clandestina en territorio brasileño, ingresando sin autorización, capturando al político y transfiriéndolo de regreso a Argentina en una aeronave.

    La operación, similar a otras incautaciones internacionales, provocó un conflicto diplomático con el entonces presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso.

    La oposición brasileña, encabezada por el Partido dos Trabalhadores (PT), cuestionó duramente al gobierno nacional por la presencia de agentes argentinos actuando sin el conocimiento de las autoridades locales.

    La operación se consideró exitosa desde el punto de vista operativo pero significó violar la soberanía de otro país. Aunque involucró a un ciudadano argentino y no a un jefe de Estado, el episodio dejó un claro precedente: Argentina ya había llevado a cabo una acción de inteligencia en el exterior que incluyó el secuestro de una persona.

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