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Wednesday, June 17, 2026
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    Por qué China y Rusia no se apresurarán a salvar a Irán si Washington ataca de nuevo

    Puntos clave China y Rusia condenan la presión estadounidense, pero ambos señalan límites muy lejanos a la intervención militar. La prioridad de Beijing es la seguridad petrolera y limitar la exposición a la presión arancelaria y de sanciones de Estados Unidos. Moscú está atado a Ucrania y su pacto de 2025 con Teherán no es una garantía de defensa mutua. Irán está atrapado en una situación difícil: protestas masivas en su país y renovadas amenazas de Washington. El presidente estadounidense, Donald Trump, aplaudió públicamente a los manifestantes e insinuó que se tomarían medidas más duras, mientras que funcionarios iraníes advirtieron que tomarían represalias contra las bases estadounidenses en la región si fueran atacadas.

    Siguió una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU mientras aumentaban las estimaciones del número de muertos. Los observadores independientes han calculado que las víctimas de los disturbios oscilan entre cientos y miles, cifras que Teherán cuestiona.

    El liderazgo de Irán puede señalar a dos socios de peso pesado –China y Rusia– que también quieren contrarrestar a Washington. Pero sus intereses no equivalen a una promesa de lucha, especialmente cuando la ideología choca con las duras matemáticas de costo-beneficio.

    Por qué China y Rusia no se apresurarán a salvar a Irán si Washington ataca de nuevo. (Foto reproducción de Internet) Los vínculos de China son profundos y transaccionales. En 2021, Beijing y Teherán firmaron un marco de cooperación a largo plazo que abarca energía, infraestructura, tecnología y seguridad.

    Respaldo limitado: los límites del apoyo de China y Rusia China también busca influencia diplomática en Medio Oriente. Ayudó a facilitar el deshielo diplomático entre Irán y Arabia Saudita en 2023 y luego organizó conversaciones en Beijing entre facciones palestinas rivales en 2024.

    Sin embargo, Beijing ha mantenido su respuesta disciplinada. Destaca la “no interferencia” e insta a la moderación, sin ofrecer protección. Una guerra podría sacudir las rutas marítimas y los precios de la energía, y también podría desencadenar sanciones más duras por parte de Estados Unidos.

    La idea de Trump de imponer un arancel del 25% a los países que comercian con Irán eleva el costo de hacer negocios con Teherán y hace que el apoyo abierto sea más difícil de justificar. La retórica de Rusia es más aguda: califica de inaceptables las amenazas de ataque y advierte de consecuencias “desastrosas”.

    Pero Moscú está presionado por Ucrania y teme un segundo enfrentamiento directo con Washington. La asociación estratégica Rusia-Irán firmada en 2025 no es un tratado de defensa mutua.

    Principalmente compromete a cada lado a no ayudar a un agresor, dejando espacio para declaraciones, maniobras de la ONU y cooperación selectiva en materia de seguridad, sin enviar fuerzas rusas a una guerra entre Irán y Estados Unidos.

    Para Teherán, el mensaje es contundente: socios, sí. Una carga de caballería, no.