En el año 2026. Las puertas se abren y los milagros suceden como resultado de una lucha interna, más que externa. La energía que durante años ha estado cambiando a favor de la luz ahora produce resultados visibles y aporta brillo a la vida cotidiana.
La humanidad está en el centro, se convierte en creadora de su propia vida y ya no se conforma con menos. El año 2026 libera la energía que permite a quienes se ven afectados liberarse del flagelo restante del tiempo, ir mucho más allá de lo que antes se pensaba y sentía, y aventurarse más allá de lo que antes se aspiraba y lograba.
Para todos aquellos que están en paz consigo mismos y ven un espejo en el encuentro con los demás, las cosas serán cada vez más fáciles en 2026. Se hará visible la posición en la que una persona se ha colocado a través de su desarrollo, o de la falta del mismo.
¿Quién atrae el sufrimiento y quién no puede retenerlo? ¿Quién necesita dolor para sentir y quién puede sentir sin sufrir?
Para quienes están acostumbrados a cumplir con sus deberes internos, la tendencia apunta hacia arriba y todo encaja mágicamente. Guiado por una mano divina, el individuo avanza hacia su destino.
Para todos aquellos que han descuidado su trabajo de sanación interior, que evitan mirar hacia adentro y mantienen su atención principalmente en el exterior, el año será un año de verdad: lo que quiere ser visto se abrirá paso en la vida, por lo que ya no habrá forma de evitarlo, ¡porque el destino ya no aceptará excusas!
Aquellos que están destinados a la promoción, pero que hasta ahora han ignorado todas las llamadas de atención, tendrán otra oportunidad en 2026 de encontrar su camino divino.
Lo que para ALGUNOS encuentran fácil con la guía de Dios, para OTROS es el período más difícil de sus vidas hasta ahora, porque significa renunciar a lo que el ego agarra.
Sin embargo, quedan excluidos de estos desarrollos aquellos que por su desarrollo espiritual deseen seguir participando en el juego del tiempo. Experimentan sus altibajos en este juego terrenal y, hasta que llegue su momento, siguen siendo meros espectadores del mayor trastorno de la historia de la humanidad.
Sobre el autor: Susan Callupé
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