Puntos clave La UE respaldó un único mensaje: moderación, diplomacia y un resultado político liderado por Venezuela. La unidad se resquebrajó cuando Hungría se negó a firmar, exponiendo la falla interna de Europa en Caracas. La lucha más profunda tiene que ver con los precedentes: cambiar el liderazgo de Venezuela sin una fuerza normalizadora. Europa lleva años argumentando que Nicolás Maduro carece de legitimidad democrática. Así que la sorpresa no fueron las críticas de la UE a su gobierno.
Fue el método de su destitución: una operación militar estadounidense dentro de Venezuela que terminó con Maduro trasladado en avión a Nueva York, detenido y en espera de una comparecencia ante el tribunal vinculada a cargos estadounidenses de narcóticos de larga data.
Bruselas respondió con un lenguaje diseñado para trazar una frontera. En una declaración conjunta respaldada por 26 de los 27 estados miembros de la UE, el bloque instó a la moderación y advirtió contra una escalada.
El acto de equilibrio de Europa en Venezuela después de la toma de Maduro. (Foto reproducción de Internet) Insistió en que cualquier salida debe ser pacífica, negociada y coherente con el derecho internacional, invocando repetidamente la Carta de las Naciones Unidas. También enfatizó que los venezolanos, no las potencias externas, deben ser centrales para decidir el futuro político del país.
Luego vino el asterisco: Hungría se negó a firmar. No se adjuntó ninguna explicación formal, pero la opción de no participar se ajusta a la reciente costumbre de Budapest de mantener canales diplomáticos más cálidos con Caracas que la mayoría de Europa.
La UE reacciona con cautela ante el ataque a Venezuela El resultado fue una rara división visual en el momento exacto en que la UE intentaba proyectar calma. En todo el continente, los tonos nacionales variaron.
El presidente del Gobierno español condenó la intervención como una violación del derecho internacional, una postura más dura que la de algunos socios dispuestos a centrarse en la reducción de la tensión sin confrontar directamente a Washington.
A nivel de la UE, la jefa de política exterior, Kaja Kallas, señaló un contacto activo con Estados Unidos al hablar con el Secretario de Estado Marco Rubio, al tiempo que repitió el llamado a la moderación y los límites legales.
La declaración también insinuó lo que Europa cree que haría que una transición fuera real en lugar de simbólica. Vinculó la crisis de Venezuela con el crimen organizado y el narcotráfico, lo que implica que reemplazar a un líder sin desmantelar redes arraigadas podría dejar al país inestable y a la región expuesta.
Para Europa, esta es una encrucijada incómoda: quiere que Venezuela vaya más allá de un sistema de gobierno endurecido y coercitivo, pero no quiere que el mundo aprenda que el cambio de régimen es sólo otra herramienta de “aplicación de la ley”. Ese precedente no se quedaría en Caracas.