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Monday, March 16, 2026
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    El decreto de inteligencia de Milei desdibuja la línea entre espías y policías

    Puntos clave Un decreto de Año Nuevo permite a los agentes de inteligencia argentinos “detener” a personas, incluso sin orden judicial. El gobierno dice que está modernizando la seguridad para las amenazas actuales, mientras los críticos advierten sobre un desvío de la policía secreta. La verdadera batalla ahora pasa al Congreso y los tribunales, donde se pondrán a prueba los límites del decreto. Los servicios de inteligencia de Argentina comenzaron 2026 con una nueva descripción de trabajo: ahora pueden capturar personas físicamente.

    El Presidente Javier Milei firmó el Decreto 941/2025 el 31 de diciembre de 2025 y entró en vigor al ser publicado el 2 de enero de 2026.

    La medida reescribe partes clave de la Ley de Inteligencia Nacional del país, mantiene a la SIDE (Secretaría de Inteligencia de Estado) bajo control ejecutivo directo y crea nuevas estructuras de contrainteligencia y ciberinteligencia destinadas a hacer frente a las amenazas del “siglo XXI”.

    El punto de inflamación es una nueva cláusula que establece que el personal de inteligencia puede “aprehender” a individuos en tres situaciones: durante actividades de inteligencia, al atender una solicitud judicial o cuando se descubre un delito en el acto.

    El decreto de inteligencia de Milei desdibuja la línea entre espías y policías El decreto de inteligencia de Milei desdibuja la línea entre espías y policías El texto también dice que los agentes deben notificar inmediatamente a las fuerzas policiales o de seguridad pertinentes. Hasta ahora, la arquitectura jurídica de Argentina intentaba trazar una línea clara: se suponía que los órganos de inteligencia no tenían poderes coercitivos ni desempeñaban funciones policiales.

    Los partidarios argumentan que el cambio formaliza principalmente algo que todo estado necesita en situaciones de emergencia. El procedimiento penal argentino ya permite detenciones sin orden judicial en casos flagrantes, e incluso reconoce la aprehensión ciudadana cuando alguien es sorprendido con las manos en la masa.

    En esa lectura, el decreto se trata menos de construir una nueva fuerza que de cerrar brechas operativas y luego entregar la custodia a la policía.

    Los oponentes ven algo más oscuro en los detalles. El decreto describe el trabajo de inteligencia como inherentemente encubierto, ampliando el secreto al mismo tiempo que introduce un poder que toca la libertad civil más básica: la libertad de movimiento.

    También impulsa las tareas de contrainteligencia en todo el sector público federal, haciendo que las prácticas de seguridad interna sean responsabilidad de los altos funcionarios mucho más allá de las agencias de espionaje.

    A nivel internacional, la mayoría de las democracias liberales mantienen a los servicios de inteligencia civiles alejados de los poderes de arresto, dejando las detenciones a la policía bajo claras cadenas judiciales.

    Algunos países cuentan con servicios híbridos de seguridad interna que pueden realizar arrestos, pero generalmente bajo marcos judicial-policiales. Cuando los organismos de inteligencia obtienen una autoridad de detención más amplia, los riesgos de abuso aumentan rápidamente.

    Argentina ahora se enfrenta a una prueba familiar: si las instituciones de supervisión pueden mantener un límite definido cuando un decreto lo desdibuja deliberadamente.