10.2 C
Buenos Aires
Monday, June 15, 2026
More

    El itinerario de Ana Teresa Torres.

    ANA TERESA TORRES, SERIE FRENTE AL ESPEJO, VASCO SZINETAR“Si en La herencia de la tribu el problema era la herencia del héroe, en Desterrados es la orfandad del alma”

    Por RODRIGO LARES BASSA

    Delaware La herencia de la tribu a DesterradosAna Teresa Torres ha trazado uno de los itinerarios más lúcidos de la literatura venezolana contemporánea. Entre la crítica al mito político y la exploración del exilio, su obra configura un mapa de la conciencia nacional: las fracturas del poder, el peso de la memoria y la búsqueda —a veces desesperada, a veces serena— de un lugar interior al cual pertenecer.

    En mayo de 2010 publicado en El Universal un artículo sobre La herencia de la tribuese ensayo que diseccionó, con rigor psicoanalítico y mirada histórica, la narrativa identitaria que ha sostenido al proyecto político venezolano. Allí señalaba cómo Torres desmontaba la genealogía del poder en un país atrapado entre la devoción bolivariana y la esperanza perpetua de redención. Quince años después, con la aparición de Desterrados (Editorial Blanca Pantin, 2025), aquella reflexión parece encontrar su contraparte natural: la conciencia de un exilio que ya no es geográfico sino espiritual.

    Si es La herencia de la tribu el problema era la herencia del héroe, en Desterrados es la orfandad del alma. La frase de Torres —“el futuro siempre será, paradójicamente, pretérito”— mantiene hoy su filo, pero el foco se ha desplazado: ya no se trata de una nación que repite sus mitos, sino del sujeto que ha perdido su lugar en un mundo que no cesa de fragmentarse.

    De la ruina al viajeUna década después del ensayo sobre la tribu, Diario en ruinas (2018) llevó la mirada de Torres hacia el territorio íntimo: la vida cotidiana en medio del colapso. Con una prosa sin artificio, la autora registró la experiencia de habitar el derrumbe, no desde la queja sino desde una atención ética a los gestos mínimos que sostienen la vida cuando todo alrededor se desmorona.

    Luego surgió Viaje al poscomunismo (2020), un cuaderno de rutas y comparaciones donde Europa del Este y Venezuela se reflejan mutuamente como paisajes que comparten la resaca de la utopía. En su lectura más profunda, el libro parece dialogar con aquello que Mario Vargas Llosa planteó en su célebre conferencia sobre las utopías: la manera en que los grandes relatos redentores terminan dejando, tras su derrumbe, una intemperie moral y política difícil de nombrar. Más que un libro de viajes, Torres ofrece aquí una exploración de los restos ideológicos que deja la historia cuando las narrativas de salvación se agotan.

    Ambos títulos funcionan hoy como puentes hacia Desterradosla novela que marca el retorno de Torres a la ficción y, a la vez, la expansión definitiva de su universo literario. En ella, el exilio deja de ser un tema: se convierte en una condición ontológica, en un modo de estar en el mundo cuando la pertenencia ha sido pulverizada.

    Desterrados: cierre de un cicloDesterrados recorre ciudades y siglos —Odesa en 1905, Buenos Aires, París, Nueva York, Valencia, Madrid y Caracas— para mostrar que cada lugar contiene su propia forma de pérdida. Lo que la novela narra no es solo la errancia geográfica, sino la fractura emocional que sobreviene cuando el hogar deja de ser un punto fijo en la memoria. “El exilio ya no es separación temporal, sino fractura irreversible”, ha dicho la autora.

    Durante la presentación del libro en la librería El Buscón, Torres reconoció que la obra “cierra el círculo” de su narrativa. Si El exilio del tiempo (1989) indagaba en la nostalgia como distancia, Desterrados hace de la ruptura un estado permanente: lo que está en juego no es la pérdida del territorio, sino la pérdida del sentido.

    La novela combina lo histórico y lo íntimo con una sobriedad que ya es marca de la autora. Su prosa madura evita la estridencia: se mueve en un registro donde la claridad se ofrece como forma de compasión y la memoria como resistencia frente al olvido.

    Del poder a la concienciaEntre La herencia de la tribu y Desterrados se dibuja una continuidad coherente: del análisis del mito político a la introspección sobre el desarraigo contemporáneo. En ambos extremos, Torres sostiene una vocación de pensamiento de que no concede consuelo fácil. Su obra es, a la vez, arqueología y advertencia: rastrea las capas de la conciencia venezolana y señala lo que ocurre cuando las certezas se derrumban.

    Pero también es literatura en el sentido más profundo: una exploración de cómo el lenguaje puede nombrar lo quebrado sin idealizarlo, y cómo la escritura se convierte en un espacio de recomposición interior. Tal vez Desterrados cierra un ciclo, pero también anuncia otro: el de una autora que, tras narrar el exilio de su tiempo, parece dispuesta a imaginar el retorno. Porque, en última instancia, la escritura —para Torres— es la patria que queda.