Bolivia está eliminando las visas para visitantes de Estados Unidos, Israel, Corea del Sur, Sudáfrica, Letonia, Estonia y Rumania, en una marcada ruptura con las restricciones impuestas hace más de una década.
Las nuevas reglas, anunciadas en La Paz por el Ministro de Relaciones Exteriores, Fernando Aramayo, junto con el Presidente Rodrigo Paz y la Ministra de Turismo, Cinthya Yáñez, están diseñadas para abaratar y facilitar la entrada y estadía de viajeros de esos países por hasta 90 días.
Detrás de esta medida hay un duro cálculo económico. El gobierno prevé al menos 320 millones de dólares en ingresos por turismo entre 2026 y 2029 como resultado directo de la exención de visa.
Las autoridades dicen que Bolivia ya ha sacrificado alrededor de 900 millones de dólares en ingresos potenciales desde que se impusieron visas para ciudadanos estadounidenses y otros a partir de 2007, y otros 80 millones de dólares perdidos durante años de controles y cierres fronterizos más estrictos.
La comparación regional es incómoda. En la década de 1990, Bolivia y Perú atrajeron números similares de visitantes extranjeros. Para 2023, Bolivia recibió aproximadamente 650.000 turistas, mientras que Perú recibió a más de 3,5 millones.
Bolivia abre sus puertas: la reversión de visas tiene como objetivo convertir a los turistas en un salvavidas. (Foto reproducción de Internet) Esa brecha se traduce en miles de empleos perdidos en hoteles, restaurantes, transporte y guías, y en menos divisas en un momento en que Bolivia está luchando contra su crisis económica más grave en aproximadamente 40 años, con estrés fiscal y una escasez crónica de dólares.
Reinicio de políticas y estrategia turística La reversión de visas es parte de un restablecimiento de políticas más amplio. Las autoridades actuales describen abiertamente las restricciones anteriores como ideológicas y antieconómicas, un gesto político que terminó castigando a las empresas locales más que a los gobiernos extranjeros.
La nueva estrategia busca reconstruir vínculos pragmáticos con socios clave, especialmente en América del Norte y Asia, al tiempo que lanza un plan de “marca país” construido sobre cinco pilares: instituciones turísticas más fuertes, entrada más fácil, seguridad, promoción internacional y mejor regulación del sector.
La Paz también está trabajando, a mediano plazo, para garantizar el acceso sin visa para los viajeros bolivianos al espacio Schengen de Europa. En las redes sociales, las cuentas oficiales de turismo venden el cambio como prueba de que Bolivia se está “abriendo al mundo”. Para los viajeros, significa menos obstáculos.
Para las aerolíneas y los operadores turísticos, esto indica que el gobierno finalmente está dispuesto a competir con sus vecinos. Y para los bolivianos, es una apuesta a que dar la bienvenida a los visitantes –en lugar de mantenerlos fuera– es el camino más seguro hacia el empleo, la inversión y la estabilidad a largo plazo.