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Tuesday, June 23, 2026
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    La reactivación del comercio minorista en Venezuela comienza en las cajas registradoras, pero ¿puede durar?

    Venezuela dice que sus escaparates están volviendo a encender las luces. Los funcionarios pregonan un resurgimiento del comercio minorista: las “nuevas marcas” aumentaron un 49% en un año, las tiendas registradas formalmente aumentaron de 19.283 a 44.331 (alrededor de un 130%) y aproximadamente 650.000 nuevos empleos.

    En el mostrador, el cambio es visible: el 97% de las compras en los supermercados se realizan supuestamente en bolívares, y alrededor del 90% de las transacciones minoristas se realizan a través de rieles electrónicos.

    Se dice que los ingresos fiscales por actividades no petroleras aumentaron alrededor del 13,5%, lo que las autoridades atribuyen a que más empresas ingresan al sistema y a un mayor cumplimiento.

    La historia detrás de la historia trata de incentivos, no de eslóganes. Después de años de crisis, los comerciantes tienen razones prácticas para formalizarse: necesitan una identificación fiscal y una configuración de factura electrónica para aceptar tarjetas, transferencias bancarias y pagos QR.

    Los consumidores, afectados por la escasez de efectivo, prefieren grifos y transferencias. Los bancos, los procesadores de tarjetas y las redes de puntos de venta se han expandido silenciosamente, permitiendo a los comerciantes mover dinero más rápido y reducir el riesgo de robo.

    La reactivación del comercio minorista en Venezuela comienza en las cajas registradoras, pero ¿puede durar? (Foto reproducción de Internet) Un país que improvisó para superar la escasez está volviendo a estandarizar el comercio cotidiano. Sin embargo, el crecimiento nominal puede ser halagador o incluso engañoso. La inflación y la presión monetaria pueden hacer que las ventas y los impuestos denominados en bolívares parezcan mayores sin aumentar significativamente el poder adquisitivo.

    La recuperación del comercio minorista en Venezuela depende de reglas firmes, no de discursos Los grandes aumentos en los registros de marcas, el número de tiendas y los empleos son cifras oficiales que merecen un seguimiento independiente. Para las familias, el total de pago sigue siendo importante; para las pequeñas empresas, los honorarios, las inspecciones esporádicas y el papeleo siguen siendo obstáculos.

    Para los expatriados, inversores y proveedores, la oportunidad es pragmática: vías de pago más confiables, recibos más claros y una base de clientes que ahora espera opciones digitales.

    El riesgo es que las políticas se desvíen. Un giro genuino requiere soluciones pequeñas pero duraderas: permisos más rápidos, impuestos y aranceles predecibles, energía y telecomunicaciones confiables y una aplicación de la ley que apunte a la evasión en lugar de ahogar a las empresas que cumplen en el proceso.

    Si esas microrreformas se mantienen, la formalización de hoy podría convertirse en la verdadera expansión del mañana, con un acceso más amplio al crédito y una contratación más estable. De lo contrario, la reactivación puede resultar mayoritariamente nominal: lectores de tarjetas ocupados enmascarando márgenes estrechos.

    La cola para pagar vuelve a ser larga, lo cual es un progreso. Si la recuperación del comercio minorista de Venezuela es estructural no se decidirá en el podio, sino en el silencioso proceso de reglas que se mantendrán igual el próximo mes y el mes siguiente.