12.1 C
Buenos Aires
Tuesday, July 28, 2026
More

    Presos de Rodeo I quedaron encerrados durante los dos terremotos

    La alarma antes del estruendoLos dos terremotos estuvieron separados por apenas 39 segundos.
    Aunque la dirección afirma que abrió las celdas en 20 minutos,
    familiares y reclusos denuncian que la espera dura hasta una hora

    La primera señal fue la luz. Bajo de intensidad, se interrumpió durante fracciones de segundo y volvió. Después comenzó a sonar las alarmas de los teléfonos. Yovanka estaba en el espacio donde los familiares preparaban comida; otros permanecían afuera. En una de las pantallas apareció una alerta que indicaba una magnitud de 6,8. Ese dato pertenece a su recuerdo y no sustituye la medición oficial del evento.

    Yovanka Ávila tomó a un niño y corrió hacia la calle cuando el suelo comenzó a sacudirse. Desde los alrededores de Rodeo escuché vibrar los vidrios, vio mover los cables y observó cómo una de las estructuras del penal oscilaba con violencia. Su hermano, Henry Berríos, sintió los mismos terremotos desde el interior, pero no pudo correr: la puerta de su celda seguía cerrada.

    Vista del centro penitenciario Rodeo I, ubicado en el municipio Zamora del estado Miranda. Foto: El NacionalEl campamento que espera afueraFamiliares de presos políticos permanecen en el campamento instalado frente a Rodeo I, donde mantienen una vigilia para exigir información, respeto al debido proceso y la liberación de sus seres queridos. Foto: El NacionalLos dos terremotos, con las celdas cerradasHenry le contó a su hermana que dentro de los módulos el movimiento se sintió con enorme fuerza. Los internos temieron que las celdas y el resto de la estructura se desplomaran. Sin una salida inmediata, comenzaron a gritar para que los custodios abrieran.

    “Él pensó que la celda se iba a caer, que la estructura se iba a caer”.

    —Yovanka Ávila, sobre lo que le relató su hermano Henry Berríos

    Según el testimonio transmitido por Yovankala apertura tardó entre 40 y 45 minutos. Maciel Cordones, madre de josé ángel barreno cordónes, sitúe la espera entre 45 minutos y una hora. La versión atribuida a la dirección del penal sostiene que la evacuación se realizó en 20 minutos.

    Las tres referencias temporales no pueden presentarse como equivalentes. La primera obligación periodística es distinguir quién afirma cada cosa. La segunda es requerir los registros capaces de
    resolver la contradicción: la bitácora de guardia, los videos internos, las órdenes impartidas, la hora de apertura de cada módulo y el protocolo de emergencia aplicado.

    La propia cronología desmiente cualquier intento de presentar la respuesta como una evacuación oportuna. Si los terremotos ocurrieron con solo 39 segundos de diferencia, los dos ya habían terminado cuando —según la versión atribuida a la dirección— se abrieron las celdas 20 minutos después.

    Para Henry, el terremoto continúa cada vez que cree sentir mover la cama de cemento. Para Maciel, se prolonga mientras no recibe una respuesta completa sobre su hijo.

    Los testimonios de Henry y Maciel agravan el señalamiento: ambos sitúan la espera entre 40 minutos y una hora. La contradicción no está en si los presos quedaron encerrados durante los sismos; Todas las versiones disponibles indican que sí. Lo que debe esclarecerse es tiempo cuánto permanecieron sin una vía de evacuación y quién asumió la responsabilidad por esa demora.

    “Todos comenzaron a pegar gritos para que los sacaran y, lamentablemente, no lo hicieron de manera inmediata”.

    —Yovanka Ávila, al reproducir el relato de Henry Berríos

    El temblor que continuó despuésEl peligro no terminó cuando cesó el movimiento. Durante una visita posterior, Henry le dijo a su hermana que todavía sentía mover la cama de cemento. Se consideraba traumatizado y seguía temiendo que la celda volviera a sacudirse. También reportó columnas y vigas fracturadas.

    La descripción de un preso no reemplaza una evaluación profesional de ingeniería. Sí basta, sin embargo, para activar un deber institucional: inspeccionar el edificio, documentar su habitabilidad y hacer públicos los resultados. Mantener a personas encerradas en una estructura cuya seguridad se discuta exige algo más que una declaración verbal.

    “Todavía siente que se le mueve la cama, que es de cemento; siente que se le mueve la celda”.

    —Yovanka Ávila, sobre las secuelas que describen a Henry Berríos

    Maciel también escuchó los gritosMaciel Cordones vivió el terremoto desde otro punto de la espereal academia de bellas artes. mientras su hijo José Ángel Barreno Cordones permanecía dentro de Rodeo I, ella estaba afuera y observar cómo se movían las estructuras. El temor no provenía solo de la intensidad del sismo: Sabía que los reclusos no podían abandonar las celdas por sus propios medios.

    Según el resumen de su testimonio suministrado para este trabajo, Maciel escuchó los gritos desesperados de los internos que pedían ser evacuados. Su cálculo coincide en lo esencial con el relato de Henry: sostiene que la apertura tardó entre 45 minutos y una hora. josé Ángel le habría dicho después que esperaron entre 45 y 50 minutos.

    Su preocupación se está extendiendo al estado del edificio. Cordones afirmó que las estructuras habían quedado fracturadas y recordaron daños anteriores ocasionados por incendios que, según la información recibida por la familia, habrían sido reparados de manera superficial. Estas apreciaciones no sustituyen un informe técnico, pero refuerzan la necesidad de una inspección independiente y pública.

    Maciel sitúa la espera entre 45 minutos y una hora. Desde afuera, asegura haber escuchado a los presos pedir que abran las celdas.

    Después del sismo, otra denuncia.Maciel Cordones también denunció que, después de otro episodio sísmico, funcionarios del Grupo de Respuesta Inmediata y Custodia, adscritos al Ministerio del Servicio Penitenciario, habrían utilizado gas lacrimógeno y fuerza contra reclusos que se negaban a regresar a las celdas. Aseguró además que desconocía el paradero interno y el estado de su hijo José Ángel.

    Estas afirmaciones son denuncias atribuidas a una familiar. No deben redactarse como hechos definitivamente probados sin documentos, exámenes médicos, testimonios directos y una
    investigación independiente. Pero la ausencia de información oficial también tiene consecuencias: prolonga el miedo de las familias e impide verificar quién está a salvo, dónde se encuentra y bajo qué.
    autoridad.

    En el relato de Maciel, la emergencia no concluye con la apertura de una puerta. Continúa en la falta de información, en el miedo a que una estructura dañada vuelva a moverse y en la imposibilidad de
    comprobar personalmente el estado de José Ángel. Su testimonio aporta la otra mitad de esta historia: no solo lo que vivieron los presos dentro, sino lo que significa para una madre escuchar sus gritos desde afuera y no poder auxiliarlos.

    Andreína Baduel: una espera atravesada por la pérdidaAndreina Baduelperiodista, activista e integrante del Comité por la Libertad de los Presos Políticos, es una de las voces más visibles de una causa que también ha marcado a su propia familia. Su padre, el general y El exministro de la Defensa Raúl Isaías Baduel, murió el 12 de octubre de 2021 mientras permanecía bajo custodia del Estado. La versión oficial atribuyó la muerte a complicaciones asociadas al covid-19; la familia rechazó esa explicación y ha exigido una investigación independiente.

    Dos de sus hermanos también han estado presos: Raúl Emilio Baduel fue detenido en 2014 y excarcelado en 2018; Josnars Adolfo Baduel permanece recluido en Rodeo I.

    “La lucha no termina hasta que todos sean libres”.

    —Andreína Baduel, en un mensaje público sobre la permanencia de Josnars en Rodeo I

    La imagen del campamento reúne así dos tiempos: el de quienes esperan una respuesta frente al penal y el de una familia que lleva años contando días de prisión, aislamiento, visitas suspendidas y pérdidas irreparables.

    Las familias reunidas en el campamento frente a Rodeo viven entre dos tiempos: el de la espera cotidiana por una respuesta y el de los largos años marcados por la prisión, el aislamiento, las visitas suspendidas y las pérdidas irreparables.

    Responsabilidades que no admiten el silencioCoronel Maikol Rafael Guevara GriselLos testimonios plantean preguntas concretas que las instituciones deben responder como: ¿a qué hora exacta se abrieron las celdas de cada módulo después de los terremotos?, ¿qué protocolo de evacuación fue aplicado y quién impartió las órdenes?, ¿qué daños encontraron la inspección estructural? ¿Y qué organismo certificó la habitabilidad?

    Pero además también saber dónde se encontraban José Ángel Barreno Cordones y los demás presos cuyo paradero interno fue reclamado por sus familiares y qué adoptaron el Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo y los tribunales para proteger la integridad y el debido proceso de los detenidos.

    La identidad de la autoridad responsable del penal también exige claridad. Alejandro José Martínez Endeiza ha sido identificado reiteradamente por familiares, abogados y medios como director de Rodeo I. Publicaciones posteriores señalaron al coronel Maikol Rafael Guevara Grisel como encargado. Mientras no aparezca una Gaceta Oficial, resolución administrativa u otro documento público, no correspondelo como director oficial.

    Maciel Cordones También denunció que, después de otro episodio sísmico, funcionarios del Grupo de Respuesta Inmediata y Custodia, adscrito al Ministerio del Servicio Penitenciariohabrían utilizado gas lacrimógeno y fuerza contra reclusos que se negaban a regresar a las celdas. Aseguró además que desconocía el paradero interno y el estado de su hijo José Ángel.

    Estas afirmaciones son denuncias atribuidas a una familiar. Pero la ausencia de información oficial también tiene consecuencias: prolonga el miedo de las familias e impide verificar quién está a salvo, dónde se encuentra y bajo qué autoridad.

    En el relato de Maciella emergencia no concluye con la apertura de una puerta. Continúa en la falta de información, en el miedo a que una estructura dañada vuelva a moverse y en la imposibilidad de comprobar personalmente el estado de José Ángel. Su testimonio aporta la otra mitad de esta historia: no solo lo que vivieron los presos dentro, sino lo que significa para una madre escuchar sus gritos desde afuera y no poder auxiliarlos.

    La libertad como punto de partida“La transición comienza con la liberación de los presos políticos”.
    —Síntesis de declaraciones de Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos

    La frase resume, pero no se reproduce literalmente, unas declaraciones oficiales de Rubio de febrero de 2026. Al referirse a las condiciones necesarias para una transición y unas elecciones legítimas en Venezuela, el secretario de estado vinculó ese proceso con una ley de amnistía, la liberación de los presos políticos y la posibilidad de que los venezolanos en el exterior regresen para participar en la vida política del país.

    El pronunciamiento coloca la situación de los detenidos en el centro de la discusión internacional. Sin embargo, la ate ción exterior no reemplaza las obligaciones inmediatas de las instituciones venezolanas: proteger la vida, garantizar el debido proceso, permitir el contacto con familiares y abogados y responder por lo ocurrido dentro de Rodeo I durante y después de los terremotos.

    El derrumbe de la esperanzaLos edificios dañados pueden fotografiarse. El miedo de una persona encerrada, no. Para Henry, el terremoto continúa cada vez que cree sentir mover la cama de cemento. Para Maciel, sí
    prolonga mientras no recibe una respuesta completa sobre su hijo.

    Para Andreína, forma parte de una historia familiar atravesada por la muerte bajo custodia y la prisión.
    Treinta y nueve segundos separaron los dos terremotos. Después de comenzar otras cuentas: 20 minutos según la versión atribuida a la dirección; entre 40 minutos y una hora según los familiares. Y, por encima de todas, la cuenta más larga: los años de quienes siguen detenidos, algunos sin juicio oportuno, sin audiencia o sin una respuesta capaz de detener el derrumbe moral de la esperanza.