Un avance tecnológico sin precedentes borró de forma definitiva los límites tradicionales entre los drones aéreos y los submarinos convencionales. Es que un equipo de ingenieros del del MIT y de la Escuela Politécnica Federal de Lausana en Suiza, logró diseñar un pequeño e innovador robot alado de dimensiones verdaderamente sorprendentes.
Según da cuenta un artículo publicado recientemente en la revista Science, este novedoso artefacto científico se destaca principalmente por registrar un peso menor a los 300 gramos sobre la balanza digital, en tanto que su particular fisonomía estructural le permite desplazarse con absoluta fluidez por la atmósfera y sumergirse debajo del agua de manera consecutiva. Esta máquina híbrida acaba de superar con rotundo éxito las primeras fases de pruebas dinámicas en lagos artificiales europeos.
FAAV: hito robótico moderno Los responsables del proyecto explicaron que se bautizó formalmente al revolucionario invento con la sigla técnica de FAAV. Para su construcción, los especialistas se inspiraron directamente en la biomecánica natural de ciertas aves acuáticas buceadoras. El diseño final imita el andar de los frailecillos y los colimbos cuando cazan peces marinos. El desafío más complejo del desarrollo consistió en lograr que las estructuras toleraran dos densidades totalmente distintas ya que el agua es 1.000 veces más densa que el aire terrestre y exige una resistencia física superior.
El pequeño armazón cuenta con un núcleo central sellado donde se aloja una batería de litio minúscula. También incorpora un micromotor eléctrico dotado de un revestimiento impermeable que evita cualquier tipo de cortocircuito interno. Su envergadura total se compone de dos alas sumamente flexibles de 80 centímetros de extensión lateral, mientras que las extremidades del robot poseen capas delgadas de materiales hidrofóbicos especiales que repelen las gotas de agua. El conjunto se completa con una cola móvil que altera su ángulo para estabilizar los rumbos fijados.
Durante los ensayos de laboratorio, el autómata registró marcas de velocidad que asombraron a la comunidad internacional al nadar un metro por segundo y volar a 6 metros por segundo sostenido. Los aleteos constantes promediaron una frecuencia exacta de cinco batidas por cada segundo transcurrido en viaje. Para romper la tensión de la superficie acuática, la inteligencia interna inclina el cuerpo a 70 grados. Esta precisa maniobra evita que los extremos alados impacten con violencia contra las olas del entorno.
Las aplicaciones prácticas de este nuevo hito de la robótica resultan sumamente prometedoras para la ciencia. La intención es utilizar estas unidades autónomas para monitorear áreas oceánicas peligrosas o de difícil acceso humano. Los robots podrán volar grandes distancias, sumergirse para tomar muestras críticas y regresar al punto de partida.Los expertos continuarán evaluando la respuesta de las alas ante ráfagas de viento y corrientes bravas.