Periodista: La guerra en Irán continúa y no pierde intensidad a pesar de los esfuerzos de los mediadores por lograr una tregua. Las bajas estadounidenses que Trump promete vengar con creces complican cualquier negociación. Irán, que el lunes hundió dos buques tanque en Ormuz, toma represalias y escala el conflicto a lo largo y ancho de toda la región. La principal novedad es que sus aliados hutíes amenazan con un embargo marítimo a Arabia Saudita que le cerraría el paso por el Mar Rojo a más de 4 millones de barriles diarios que fluyen desde el puerto de Yanbu. Sería un doble tapón simultáneo: Ormuz y Bab el Mandeb.
Gordon Gekko: Es una iniciativa que Irán siempre tuvo bajo la manga, pero que no puso sobre la mesa en la primera fase de la guerra. Y que ahora se apresura a utilizar.
G.G.: Por la misma razón que la llevó a torpedear la navegación por el corredor sur que EEUU intentó patrocinar en Ormuz por fuera de la ruta iraní mientras rigió el memorándum de entendimiento del 17 de junio. Teherán no va a ceder el control de la navegación por el estrecho. No acepta compartirlo tampoco sin tener una injerencia directa. Y va a presionar con todo lo que tenga a mano. El corte de los cables submarinos que trasportan data e Internet es la amenaza que sigue.
P.: Control de la navegación que Irán no tenía antes de la guerra.
G.G.: No. En definitiva, ese es el cambio de régimen que provocó el conflicto.
P.: EEUU reimpuso el bloqueo naval. Si no hay navegación, Irán tampoco controla nada que tenga valor.
G.G.: Correcto. Es una pulseada y una cuestión de umbral de tolerancia. ¿Quién aguantará más el rigor? Trump cedió en junio para que se reabriera el tránsito y no se produjera una crisis memorable de la energía. Irán no puede conceder porque el control de Ormuz es la única palanca que tiene en una negociación para que su opinión sea tomada en cuenta.
P.: Wall Street toma nota, pero no se arredra. ¿Hasta cuándo podrá ignorarlo?
Gordon Gekko: La guerra se puede ignorar. Sin ir más lejos, tiene la experiencia de Ucrania, en el corazón de Europa, que se desangra desde 2022 y no mueve el amperímetro de los mercados. El precio del petróleo y de sus derivados, eso sí, es más difícil pasar por alto. Si se empinan y se mantienen elevados en el tiempo, será imposible.
P.: El Brent volvió a los 90 dólares. Ya no es un valor a tomar a la ligera. En EEUU, el lunes, el precio promedio nacional del galón de nafta regresó a los 4 dólares. Valía 2,98 antes de la guerra. Hay elecciones en noviembre y los legisladores de ambos partidos ya están poniendo el grito en el cielo. ¿Cuál es el nivel, si es que hay alguno, que fuerce a pactar otra tregua?
G.G.: ¿A qué precios del crudo, Wall Street tambalea? Esto es prueba y error. Los mercados no creen que la historia se repita y si lo hace, piensan que será una farsa breve. Ese es el molde que hay que romper para conseguir gravitación. Hoy por hoy, no es que se ignore el riesgo geopolítico, sino que se lo estima transitorio. Asistimos a un estertor, una muestra de bronca e impotencia de Washington, pero que no le cambia el final previsto a la película. No se olvide de la advertencia de la Agencia Internacional de Energía: enfrentamos la peor disrupción de la historia. En el guión que sigue Wall Street desde abril todo termina en una negociación “realista” que acepta el rol fortalecido de Irán y, a cambio, evita una crisis severísima de energía. Es una película que, en todo caso, soluciona en el tiempo el error de la guerra quitándole relevancia al Golfo Pérsico y sustituyéndolo por otras geografías más confiables como fuentes de abastecimiento.
P.: ¿Cómo cree que reaccionará la banca central ante los acontecimientos recientes? El BCE subió sus tasas un día antes del memorándum de entendimiento de junio. Pero la Fed se cruzó de brazos y alargó la espera. ¿Qué hará cuando se reúna a fin de mes? El alivio de la caída de la inflación de junio duró poco. Y el petróleo se encareció 18% el último mes.
G.G.: Kevin Warsh no quiere proveer “forward guidance”, no quiere comunicar de antemano las intenciones de la Fed. Sin embargo, la curva del Tesoro no tiene ese prurito. Y la tasa a dos años se ubica en 4,22% versus 3,75% que es el techo de fed funds. Las tasas largas también suben lentamente. No por culpa de la inflación sino de las tasas reales, que lo hacen sistemáticamente. Más de medio punto desde marzo (las de diez años). Parece mejor que la Fed disponga un aumento de un cuarto de punto ahora que no se lo espera que en septiembre, cuando probablemente luzca tardío. Sería un ajuste, si se quiere, preventivo. Y la verdad es que con la elección de mitad de término en noviembre, después habrá poco espacio de maniobra. En el fondo, retacear información y sorprender a la gente no luce como una gran receta de política monetaria. Pero dado que es lo que Warsh quiere promover, una decisión así le cedería la batuta de la orientación (guidance) a los bond vigilantes sobre cuyo celo antiinflacionario no dudaría, dado lo mucho que tienen en juego.
P.: ¿Esto es lo que descuentan los mercados?
G.G.: Los futuros creen que será al revés, que la Fed va a saltearse esta reunión y que tendrá que aumentar en septiembre. Pero quieren ver cómo la pilotea Warsh, si se pone al frente de la iniciativa o si se la arrancan sus pares del Comité de Mercado Abierto. Le cito palabras del nuevo chairman: la credibilidad surge del delivery de las promesas, de la ejecución. Si Warsh es el halcón que dice ser, qué mejor que liderar ahora una suba de tasas consensuada con sus pares y en línea con las señales que emite la curva de bonos. La Fed bajó tres veces las tasas el año pasado cuando trastabilló el mercado laboral. Esa debilidad ya sanó, y revertir una de esas rebajas no le hará mal a nadie. Pero confirmará la posición independiente de la nueva conducción y su compromiso con devolver la inflación a la meta de 2%.