La acuicultura convirtió a Noruega en el principal productor y exportador de salmón de piscifactoría del mundo. Sin embargo, el crecimiento de esta industria también dejó al descubierto uno de sus mayores desafíos ambientales: la fuga masiva de peces de cultivo hacia los ecosistemas naturales.
Uno de los episodios más preocupantes ocurrió cuando Mowi, el mayor productor mundial de salmón de criadero, confirmó el escape de 27.000 ejemplares desde una de sus instalaciones en Storvika V, ubicada en la región de Troms, al noroeste del país.
Como consecuencia del incidente, la empresa llegó a ofrecer una recompensa de 500 coronas noruegas (unos 42 euros) por cada salmón capturado, con el objetivo de reducir el impacto sobre las poblaciones silvestres.
Una tormenta provocó la fuga de miles de salmones Según informó la compañía, el incidente se produjo luego de que una fuerte tormenta dañara el anillo exterior de una de las jaulas flotantes donde se encontraban los peces.
Los ejemplares escapados tenían un peso promedio de 5,5 kg, un tamaño considerablemente superior al de muchos salmones salvajes que habitan los ríos noruegos. Aunque el operativo de captura permitió recuperar parte de los peces, miles lograron ingresar a los sistemas fluviales, donde comenzaron a mezclarse con las poblaciones naturales.
El ingreso de salmones de criadero a los ríos genera una fuerte preocupación entre científicos, biólogos y organizaciones ambientales. En primer lugar, estos peces compiten directamente por el alimento y el espacio con los ejemplares salvajes. Además, durante la época reproductiva, destruyen los nidos construidos por los salmones silvestres para depositar sus propios huevos, reduciendo el éxito de las futuras generaciones.
A ello se suma otro factor de enorme importancia: la transmisión de enfermedades y la propagación de parásitos, como el conocido piojo de mar, uno de los principales problemas sanitarios de la salmonicultura moderna. Sin embargo, el impacto más preocupante ocurre cuando los salmones de cultivo logran reproducirse con ejemplares salvajes.
Diversas investigaciones del Instituto de Investigación Marina de Noruega (IMR) demostraron que los descendientes de estos cruces heredan características poco aptas para sobrevivir en estado natural. Entre otras consecuencias, pierden parte de la capacidad para orientarse y regresar a los ríos donde nacieron, una habilidad fundamental en el ciclo biológico del salmón. Además, sus tasas de supervivencia disminuyen considerablemente, debilitando a las poblaciones naturales generación tras generación.
Los estudios realizados tras aquella fuga confirmaron que varios ríos de la región presentaron algunos de los niveles más altos de infiltración genética de salmones de criadero registrados en Noruega.
Una crisis que ya afecta a la pesca deportiva Noruega produce aproximadamente 1,2 millones de toneladas de salmón de cultivo por año, liderazgo que sostiene gran parte de sus exportaciones pesqueras. No obstante, las poblaciones silvestres alcanzaron mínimos históricos durante el último verano, obligando a las autoridades a implementar fuertes medidas de conservación.
Como resultado, 33 ríos fueron cerrados para la pesca del salmón, mientras que para la temporada siguiente el gobierno propuso extender las restricciones a 42 ríos y tres fiordos.
El caso volvió a poner sobre la mesa el complejo equilibrio entre el desarrollo de la acuicultura y la conservación de los ecosistemas naturales. Si bien la producción de salmón representa uno de los pilares económicos de Noruega, los científicos coinciden en que reducir las fugas de peces de cultivo será determinante para preservar el patrimonio genético del salmón salvaje.
¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza?
Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo.
Suscribite gratis al newsletter
Galería de imágenes