Mientras la atención de todos los argentinos está puesta exclusivamente en el decisivo cruce por los octavos de final entre Argentina y Egipto que se disputará hoy, martes 7 de julio de 2026, en el marco del Mundial 2026 que se está llevando a cabo simultáneamente en Canadá, Estados Unidos y en México, hay otro equipo nacional que está jugando un partido histórico en territorio africano. Se trata de un equipo interdisciplinario de científicos del CONICET que lidera una compleja investigación arqueológica en la milenaria Tumba Tebana 93 que está ubicada en la mítica necrópolis de Luxor.
La misión se está llevando a cabo bajo un riguroso esquema de cooperación binacional junto al Ministerio de Turismo y Antigüedades del país de los faraones, en tanto que las campañas de campo son dirigidas por la doctora Bernarda Marconetto y codirigidas por el doctor Lucas Gheco.
Un eje muy novedoso del proyecto argentino radica en estudiar los modos en que la comunidad local actual se vincula diariamente con el monumento, ya que el sitio -que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO-, constituye un territorio vivo donde conviven memorias colectivas y profundos olvidos históricos.
Los antropólogos del equipo se encuentran analizando el impacto social del patrimonio en los pobladores de la actual Luxor, quienes custodian los restos. Esta perspectiva integral les permite a los científicos comprender que la historia de la tumba no terminó con el entierro de sus ocupantes originales, en tanto que el enfoque binacional promueve el intercambio de conocimientos técnicos con los inspectores gubernamentales egipcios.
Egipto: la selección argentina que brilla fuera de las canchas Al igual que un cuerpo técnico de fútbol que analiza minuciosamente cada jugada, esta suerte de selección argentina de científicos propone trazar una biografía material completa del monumento subterráneo, mientras que, por su parte, los investigadores locales se enfocan en identificar detalladamente los diversos usos, ocupaciones e intervenciones que la estructura sufrió a lo largo del tiempo.
Originalmente construido hace más de 3.000 años, el sitio de Luxor funcionó con fines comunitarios y habitacionales muy variados. Por ello, el análisis científico abarca desde las dinámicas de la era dinástica antigua hasta las huellas de borramientos, los saqueos y las modificaciones de la era moderna. Cada capa descubierta funciona como un testimonio clave acerca de cómo las distintas sociedades interactuaron con el espacio sagrado.
Para resolver este enorme enigma histórico, las cuadrillas arqueológicas están aplicando avanzadas metodologías de registro digital y técnicas analíticas de alta precisión sobre los muros. Los científicos utilizan herramientas tecnológicas modernas para documentar de forma milimétrica las pinturas murales y los bajorrelieves que aún se conservan estables. El exigente trabajo incluye la planificación de acciones urgentes de conservación debido al desgaste natural y al constante impacto del turismo masivo. La meticulosa recolección de microevidencias permite fechar con exactitud los períodos de ocupación humana.
Cabe resaltar que, en campañas anteriores, este mismo equipo argentino de investigación logró importantes descubrimientos arqueológicos que sirvieron como cimientos para los trabajos actuales en Luxor. Los científicos identificaron hollín antiguo proveniente de fogatas de ocupaciones coptas y recuperaron fragmentos de textiles e inscripciones borradas por antiguos saqueadores de tumbas.
También recolectaron muestras de carbones y de restos botánicos que permitieron reconstruir el tipo de vegetación y el clima de la región hace miles de años. Cada uno de estos hallazgos previos fue analizado en laboratorios argentinos mediante técnicas químicas de microscopía y datación absoluta y sus resultados demostraron que los monumentos egipcios continuaron teniendo una intensa vida social tras la caída de los faraones.
Esta misión demuestra la gran capacidad de adaptación y la excelencia técnica de los científicos argentinos que, al igual que los jugadores de la Selección Argentina de Fútbol, demuestran que, aunque fuera de las canchas, la ciencia nacional sigue dejando una marca imborrable en la historia universal.
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