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Thursday, July 2, 2026
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    Un espectáculo en la Ciudad de México pregunta a quién sirve realmente la Copa del Mundo

    Ciudad de México · Cultura

    Hechos clave

    —El espectáculo. Hasta el 2 de agosto se presenta una exposición sobre lavado deportivo en el Centro Cultural Universitario de Tlatelolco, en la Ciudad de México.

    —El anfitrión. Está organizado por la UNAM, la universidad pública más grande de México, y curado por Roberto Barajas.

    —El momento. Se inauguró en marzo, cuando México es coanfitrión de la Copa del Mundo 2026 junto con Estados Unidos y Canadá.

    —El barrido. Los casos van desde los juegos fascistas de 1934 y 1936 hasta Argentina en 1978 y Qatar en 2022.

    —La herida local. Marca los Juegos Olímpicos de México de 1968, inaugurados diez días después de la masacre estudiantil de Tlatelolco en la misma plaza.

    —El objetivo. Los curadores enfatizan que el programa critica el uso político del deporte, no a los atletas ni a los juegos en sí.

    Mientras la Copa del Mundo llena la Ciudad de México con banderas y zonas para fanáticos, un espectáculo más tranquilo unos kilómetros al norte plantea una pregunta más difícil, y la palabra que utiliza para la respuesta es lavado deportivo.

    El Estadio Azteca de la Ciudad de México, sede de la Copa Mundial 2026 y hilo conductor del relato sobre el deporte y el poder de la exposición. (Foto reproducción de internet) La exposición se encuentra en el Centro Cultural Universitario de Tlatelolco, administrado por la UNAM, la universidad pública más grande del país. Se inauguró en marzo y permanece abierto hasta el dos de agosto, abarcando todo el torneo.

    El título es contundente. Traducido, se lee tanto celebraciones deportivas como campañas de blanqueo político.

    ¿Qué significa el lavado deportivo? El término describe cómo un gobierno, una empresa o un individuo utiliza el deporte para limpiar una reputación dañada. Un torneo se convierte en un escenario en el que el anfitrión proyecta orden y éxito al mundo que lo observa.

    El relato de la universidad sobre el espectáculo remonta el patrón a casi un siglo atrás. El curador, Roberto Barajas, expone caso tras caso en el que el espectáculo enmascaró algo que los organizadores preferían que el mundo no viera.

    La gira va desde la Copa del Mundo de 1930 en Uruguay, pasando por la Italia de Mussolini en 1934 y los Juegos Olímpicos de Berlín de Hitler en 1936. Luego pasa a Argentina en 1978, organizada bajo una junta militar a pocas cuadras de un notorio centro de detención, y a Qatar en 2022.

    Los materiales expuestos incluyen fotografías, carteles, caricaturas políticas y piezas precolombinas. Juntos sostienen que las naciones anfitrionas pasan deliberadamente de la represión al entretenimiento, utilizando los juegos como herramienta de legitimidad.

    El espectáculo también da espacio a las historias que enterraron los torneos. Una sección rinde homenaje a las jugadoras de una Copa Mundial femenina no oficial celebrada en México en 1971, una competencia que llenó al Azteca pero que fue ignorada durante mucho tiempo por el organismo rector del fútbol.

    Una fila de asientos del estadio, pintada de rojo, transmite algunos de los mensajes más agudos. Están reservadas, dicen las etiquetas, para los trabajadores que construyeron estadios en duras condiciones y para los aficionados que sufrieron violencia, discriminación o censura.

    Por qué es importante el lugar La ubicación le da al argumento su ventaja. El centro se encuentra en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, la plaza donde las fuerzas mexicanas mataron a manifestantes estudiantiles en octubre de 1968.

    Apenas diez días después de aquella masacre, el mismo gobierno inauguró los Juegos Olímpicos de la Ciudad de México, los primeros celebrados en América Latina. El programa trata esa brecha entre el derramamiento de sangre y la ceremonia como su ejemplo central.

    Una imagen muestra a la policía custodiando la Copa del Mundo de 1970 de espaldas a la plaza. Vistos a través del cristal de la galería, los oficiales parecen apartar la mirada del lugar de los asesinatos, un juego de palabras visual que los curadores crearon a propósito.

    Un contrapunto al partido El director del centro, Jacobo Dayán, enmarca el tema como antiguo y actual. Sostiene que el patrón es tan antiguo como los propios juegos y tan presente como el torneo que ahora se desarrolla en tres países.

    El programa extiende deliberadamente esa lente a los presentadores actuales. Señala que Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey enfrentan tensiones reales en seguridad, transporte y alojamiento, incluso cuando presentan una cara pulida a los fanáticos visitantes.

    Los comisarios tienen cuidado con su objetivo. Dicen que el programa no ataca a los atletas ni a las competencias, sólo la forma en que organismos como la FIFA pueden utilizarse con fines políticos.

    Para un visitante extranjero envuelto en el fútbol, ​​ofrece una rara segunda lente. Es un recordatorio de que un mismo evento puede leerse como celebración y como publicidad, dependiendo de dónde se encuentre.

    Preguntas frecuentes ¿Qué es el lavado deportivo? Es el uso del deporte para mejorar una imagen pública dañada, ya sea por parte de un gobierno, una empresa o un individuo. Los grandes acontecimientos como los Mundiales y los Juegos Olímpicos son vehículos clásicos que proyectan una imagen de orden y al mismo tiempo desvían la atención de los problemas internos.

    ¿Dónde y cuándo puedo ver la exposición? Se lleva a cabo en el Centro Cultural Universitario de Tlatelolco en la Ciudad de México, organizado por la UNAM, y permanece abierto hasta el 2 de agosto de 2026. Esto cubre todo el período de la Copa del Mundo coorganizada por México, Estados Unidos y Canadá.

    ¿Critica a los deportistas? No es así. Los curadores dicen claramente que la exposición no ataca ni a los atletas ni a las competiciones, y que su objetivo es la forma en que los gobiernos y los organismos deportivos utilizan los eventos para obtener legitimidad política.

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