Caracas amaneció este jueves sumida en la incertidumbre y el duelo tras los dos terremotos registrados el miércoles. Mientras el saldo de víctimas continúa en aumento, cientos de personas permanecen desaparecidas o atrapadas bajo edificios colapsados, en una emergencia que provocó uno de los episodios más traumáticos de la historia reciente del país.
Al recorrer las calles, el paisaje urbano da cuenta de la magnitud de la tragedia. El último balance reporta 235 personas fallecidas, más 4.300 heridos y más de 70.000 familias damnificadas por la pérdida o los daños severos en sus viviendas.
En Altamira y Los Palos Grandes, numerosos edificios presentan graves afectaciones estructurales. Las fachadas muestran enormes grietas y el derrumbe de paredes completas deja al descubierto el interior de los apartamentos. En las aceras, la escena se repite de cuadra en cuadra: personas abandonan sus hogares con maletas improvisadas, llevando las pocas pertenencias que alcancen a rescatar antes de alejarse de las edificaciones en riesgo.
Vecinos de Chacao sacan sus pertenencias de sus hogares tras el sismo en Caracas. Foto: Ezequiel Carías.El punto más crítico de Los Palos Grandes se concentra en el edificio Petunia, frente al hotel Altamira Suites. Allí, los rescatistas trabajan sin descanso desde la madrugada, retirando bloques de concreto en una carrera contra el tiempo para localizar a quienes permanecen atrapados bajo los escombros.
Detrás del perímetro de seguridad, los familiares esperan arrodillados sobre el asfalto. Rezan en voz baja y piden a Dios un milagro para sus seres queridos. A pocos metros, otras personas llegan desesperadas para registrar los nombres de sus familiares en una lista de desaparecidos. Mientras tanto, grupos de jóvenes voluntarios con cascos y palas se incorporan a las labores de rescate para apoyar a los equipos de emergencia.
En medio de la situación, la respuesta ciudadana se ha convertido en una muestra de fuerza y esperanza. Foto: Ezequiel Carías @ezevisualLa misma situación se repite en la parroquia San Bernardino. Frente a las ruinas del edificio Rita, William Bule, de 42 años de edad, permanece de pie con la ropa cubierta por polvo de concreto. Logró sacar de los escombros a su esposa, a sus dos hijos y dos de sus mascotas, pero continúa esperando noticias de su madre, de 78 años, quien permanece atrapada junto a su gata. El edificio, de 21 apartamentos, tenía la mayoría de sus viviendas ocupadas al momento del desplome.
A pocas cuadras de allí, el edificio Marama, una estructura de cinco pisoscolapsó por completo. Entre los sobrevivientes se encuentra Rosario Torres, de 64 años, cuyos pies quedaron atrapados entre los escombros. Tras liberarse por sus propios medios, recibió ayuda de sus vecinos para ponerse a salvo.
“Me quedé en la calle”, relató Torres, quien, pese a la pérdida material, agradece haber sobrevivido a la mayor tragedia que ha registrado el país desde 1999. Debido a la urgencia, las brigadas de rescate en el Marama han tenido que priorizar las áreas donde se presume que hay señales de vida, postergando la recuperación de los cuerpos de las personas fallecidas.
Este miércoles se registraron dos terremotos en Venezuela. Foto Ezequiel Carías @ezevisualCerca de allí, frente a la Maternidad Santa Ana, el edificio Moisés sufrió un desplome parcial. Personal de Protección Civil confirmó el rescate con vida de ocho personas y estima que entre tres y cuatro continúan atrapadas. Los equipos esperan la llegada de maquinaria pesada y unidades caninas para reanudar la búsqueda de forma segura.
Los daños también alcanzaron los sectores populares de la ciudad. En el bloque 5 de Pinto Salinas se reportó un desplome parcial de la estructura, mientras que en Las Minas de Baruta, específicamente en el sector Las Danielas, el colapso de una vivienda dejó sin hogar a una familia completa.
Ante el temor a nuevas réplicas y la pérdida de sus espacios, decenas de personas instalaron carpas en las calles. Foto: Ezequiel Carías @ezevisualAnte el temor a nuevas réplicas y la pérdida de sus viviendas, decenas de personas instalaron carpas en las calles, mientras que otros improvisaron refugios colocando sábanas en el suelo. A este panorama se suman las largas filas de vehículos que intentan echar gasolina en las pocas estaciones de servicio operativos, así como las colas frente a algunos supermercados en busca de suministros básicos.
En medio de la emergencia, la respuesta ciudadana se ha convertido en una muestra de solidaridad. Las iniciativas de apoyo se multiplican mediante la donación de insumos médicos y alimentos, y con la incorporación masiva de voluntarios a las labores de rescate. Frente a la magnitud del desastre, muchos caraqueños han dejado de lado sus diferencias para articular redes de apoyo en una ciudad que intenta hacer frente a una tragedia que vuelve a poner a prueba su capacidad de resistencia.