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Wednesday, June 24, 2026
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    El esfuerzo sobrehumano acaba con la salud de las madres cuidadoras en Venezuela

    En los pasillos del Hospital JM de los Ríos y el Hospital Dr. José Ignacio Baldó, popularmente conocido como El Algodonal, el tiempo no se mide en horas, sino en gotas de suero y suspiros contenidos. Allí, el sistema de salud venezolano se sostiene sobre los hombros encorvados de mujeres que han dejado de existir para sí mismas.

    Las madres cuidadoras duermen sentadas, si es que a ese trance de agotación y miedo se le puede llamar sueño. Sus cuerpos, marcados por el “sillón de cemento” o la silla de plástico rota, son un mapa de dolores mecánicos y cervicales que nadie atiende. A menudo pasan el día sin comer mientras recorren los pasillos oscuros del hospital.. Han postergado visitas al médico, su higiene y hasta el llanto para que sus hijos no las vean quebrarse. Son el pilar que no tiene permiso para caer, aunque por dentro sean ruinas sostenidas por un amor que, a veces, se siente como una condena a la soledad.