Encuentro: Inglaterra 4 – 2 Alemania Federal (ts)Instancia: Final – Mundial Inglaterra 1966Sede: Estadio de Wembley, Londres (96.924 espectadores).Hito: La única Copa del Mundo de Inglaterra y el primer (y único) triplete de un jugador en una final mundialista: Geoff Hurst.Bajo la óptica de los tiempos del VAR, muchos se preguntan qué hubiera pasado en la final del Mundial de Inglaterra 1966. Aquel desafío entre la selección anfitriona y la siempre difícil Alemania se definió, en gran medida, con un gol dudoso: una pelota que picó sobre la línea tras un rebote en el larguero y que abrió el camino al triunfo para los ingleses. Pero en aquella época el ojo humano era parte del juego; por ello, los locales celebraron ruidosamente la conquista de su primer y único título.
La reina Isabel II fue testigo de excepción junto a decenas de millas de aficionados que colmaron el estruendoso estadio de Wembley. Inglaterra y Alemania Federal protagonizaron una batalla que necesitaba de la prórroga para coronar a un nuevo rey. Los germanos picaron adelante al minuto 10 con un tanto de Helmut Haller, pero los locales reaccionaron ocho minutos después con un cabezazo de Geoff Hurst, tras un centro preciso de Bobby Moore.
Tras un ataque incesante de ambos bandos, Martin Peters adelantó a los ingleses —vestidos de rojo en esa ocasión— a doce minutos del final. Los fanáticos ya se preparaban para la celebración, pero al 89′, Wolfgang Weber anotó el gol que apagó las voces del estadio londinense y llevó el juego al alargue. El espíritu de resistencia de los ingleses se mantiene firme en el tiempo extra. Estoicos y convencidos, se volcaron al ataque frente a unos alemanes que custodiaban cada espacio con rigor.
Fue entonces cuando ocurrió el momento más debatido de la historia del fútbol: al minuto 101, Hurst disparó, el balón golpeó el travesaño y picó sobre la línea. Tras consultar con el juez de línea soviética, Tofiq Bahramov, el árbitro validó el gol ante la incredulidad alemana. Con Alemania volcada al ataque y tres aficionados invadiendo el campo en los segundos finales, Bobby Moore recuperó un balón con la frialdad que solo los genios poseen y lanzó un pase largo hacia Hurst. Mientras el árbitro miraba su reloj, Hurst sentenció el 4-2 definitivo con un zurdazo al ángulo, completando un tres tantos historico. Inglaterra ganó la Copa con una combinación de eficiencia y clase. Fue así como Bobby Moore recibió el trofeo Jules Rimet de manos de la reina Isabel II, en un momento que aún permanece tatuado en la memoria de todo un país.