Para el tercer largometraje de Jorge Thielen Armand, se empezó a buscar posibles actores en Puerto Cabello. Justo en Patanemo dio con Dogreika Tovar, quien nunca había accionado.
El reto era inmenso: prepárate para un rol principal en La muerte no tiene dueñoestrenada mundialmente en la Quincena de Cineastas. En la cinta comparte elenco con la reconocida actriz italiana Asia Argento, y ya antes de poner a andar la grabadora, Dogreika narra sobre la ardua preparación con la directora de casting (Tatiana Mabo) que le supuso para encarnar a Sonia. El reto lo supera con creces.
Aunque es la tercera vez que Jorge Thielen Hedderich se pone frente a una cámara, recuerda que esa no es su profesión. El padre del director, para más señas, y que su hijo cineasta considera ‘el mejor actor de Venezuela’, se enfrentó esta vez a un nuevo desafío al interpretar a Roque.
Horas antes del estreno, manteniendo a raya la emoción, nos sentamos con Dogreika y Jorge para conversar sobre la experiencia del rodaje de La muerte no tiene dueñola historia de una heredera de una plantación de cacao (interpretada por Asia Argento), que tras una larga ausencia regresa a su propiedad desencadenando una espiral de violencia.
El filme se estrenó mundialmente en la Quincena de Cineastas—Dogreika, te encontraron por pura casualidad. ¿Cómo fue el proceso de encontrarte con el cine y la historia de La muerte no tiene dueño?
—Dogreika Tovar: Para mí fue un proceso totalmente extraño, porque me llegó esta oportunidad a la puerta de mi casa. Yo soy trenzadora, estaba trenzando y me llegaron allí: ‘Mira, estamos haciendo una película, ¿quieres participar?’ Al principio estaba preguntándome ‘¿y esta gente quién es?’. Anotaron mis datos, pasé el casting, y me monté en este autobús que me encantó, fue una experiencia espectacular.
Esta experiencia fue única. El equipo en general, desde el sonidista hasta los actores, el director, es gente excelente, me hicieron sentir en casa, súper cómoda.
—Jorge, eres cómplice de tu hijo desde el minuto cero, ha actuado en todos sus largometrajes aunque no eres actor profesional. Además del amor de padre, ¿a qué se debe ese apoyo incondicional?
—Jorge Thielen Hedderich: Para su primer largometraje (La soledad2016) quizás Jorge vio algo interesante [en mí]. Después quise hacer la fortaleza (2020) que fue a escondidas mías; él me pidió ir al campamento porque quería hacer una película en la selva. Lo llevé sin saber que la película iba a tratar temas muy personales, delicados; Me tocó hacer la película, aceptarla. En aquel momento tenía una lucha con mis propios demonios entre si hacerlo o no, si eso significaba su éxito profesional. Fue un doble compromiso, con todo un equipo de trabajo, y la responsabilidad como padre, porque si lo hacía mal iba a ser el peor padre del mundo. Afortunadamente las cosas salieron bien.
Para esta tercera película encontraron un personaje que indudablemente podía hacer, y era grandioso, aunque era otro reto: venía Asia Argento, una persona con una trayectoria increíble, hija de un director muy conocido (Dario Argento) y de una actriz muy famosa (Daria Nicolodi) en Italia.
Eso también ocasionó para mí miedos porque me tocaba trabajar con una profesional. También tuve momentos, no de duda de si lo iba a hacer o no, sino de sentir un compromiso muy grande.
—La película toca temas muy actuales. Más allá de la violencia, también se aborda la pertenencia territorial y material, cuando en el país ha habido expropiaciones e invasiones. ¿Cómo fue tener presente esa realidad que se llevaba a la ficción?
—Dogreika Tovar: Cuando empezó el rodaje, yo estaba pasando por algo similar con mi casa. Por lo tanto, me familiaricé bastante con el papel y el personaje que tiene mucho que ver conmigo.
Siento que de verdad hay que defender lo tuyo, y esta película me dejó un aprendizaje que ya lo puse en práctica en la vida real: defender lo propio a capa y espada. Lo que es mío lo defendía normal, pero esta película me dio esa enseñanza de un: ‘Oye, esto es tuyo, te esforzaste por eso, esto forma parte de ti’.
—Jorge, ¿cómo fue en tu caso?
—Jorge Thielen Hedderich: Sentimientos encontrados. Hay una herencia de mi madre que en este momento está invadida.
La muerte no tiene dueño es el tercer largometraje de Jorge Thielen ArmandSiempre está, como dice Dogreika, defensor lo tuyo a capa y espada, pero también no cruzar esa línea entre lo que uno es, lo que uno debe ser, los valores que te han inculcado, que indudablemente en una situación como la que se plantea en la película, uno pudiese perder el control y hacer cosas distintas.
Es un tema muy controversial porque ciertamente la necesidad o las oportunidades o las circunstancias de muchas personas en este momento hacen que vivan en lugares que no les pertenecen, pero son lugares que indudablemente se hicieron con esfuerzo, que no salieron de la noche a la mañana, y que tienen un valor sentimental muy grande, como es el caso de la casa de mis abuelos, donde se hizo La soledad.
El tema de las invasiones es delicado, pero la película también trae otra cosa distinta a esa historia.
—La muerte no tiene dueño se rodó en Puerto Cabello. Dogreika, tú que eres de Patanemo, ¿qué significa para ti que haya aterrizado allí una especie de comando marciano para hacer una película??
—Dogreika Tovar: ¡¿Qué te puedo decir?! De verdad que existen personas con talento en nuestro pueblo; es un pueblo hermoso, bellísimo, con una cultura espectacular. Siento un total orgullo de estar aquí en representación, más que de mi país, de Patanemo, que es remoto, que está como se dice coloquialmente: ‘donde el diablo dejó la cola’.
Es la primera vez que salgo de Venezuela, y me siento súper orgullosa. Siento en mis hombros una responsabilidad muy grande porque a diario me despierto con mensajes de motivación de mi gente, no me imaginé que iba a tener ese alcance.
—Jorge Thielen Hedderich: Casualmente el cacao es mi trabajo. Conocía Patanemo, conoció a gente allí. El cacao de Patanemo es algo extraordinariamente bueno, tienen oro en esas matas. No sabes lo buscado que es el cacao de Patanemo en Italia, en Francia. Tener el nombre de un chocolate con el nombre de Patanemo es algo que garantiza que tiene un sabor increíble.
Nosotros llegamos a este lugar, comenzamos a hacer la película. Puerto Cabello está arreglado, pero no tiene vida, y la gente vio como algo increíble que vinieran personas de afuera. Se le dio empleo a muchas personas de allí, desde para hacer la comida, la señora que vendía los dulces, los transportes, a la gente que nos ayudó. De repente vieron algo que no se imaginaban nunca de cómo era hacer una película.
Es muy bello porque despierta una conciencia o abre una ventana hacia algo que muchos venezolanos desconocen, y que al final también tiene muchas cosas interesantes para reflexionar.
Al principio Jorge pensó hacer la película en Colombia, y fue una noticia triste para las personas que desde la primera película están trabajando con Jorge, pero de repente dijo: ‘La voy a hacer en Venezuela’, y fue entonces grandioso para el equipo.
Y como Dogreika, yo tampoco jamás pensé llegar a Cannes, jamás pensé que iba a estar sentado en este lugar.
—Dogreika, ya que probaste las mieles de la actuación, ¿vas a continuar un camino como actriz??
—Dogreika Tovar: ¡Sí, créeme que sí! Me gustó muchísimo. Espero que esta sea, y va a ser así, la puerta que me va a dar muchas oportunidades, el impulso a otras oportunidades. Dije que sí, ya yo me monto en ese burro. Vamos a ver hasta donde me lleva. A mí me encanta.
—Jorge, ¿vas a seguir actuando también?
—Jorge Thielen Hedderich: Ya no puedo decir que soy la víctima porque bueno, disfruto muchísimo de haber apoyado a Jorge desde su primera producción.
Cuando hicimos la soledad mi familia no estaba convencida de que él hiciera cine, y el que lo apoyó fue su papá loco de aquella época; digo ‘papá loco’ porque en las primeras películas estaba alcoholizado, adicto, consumía drogas. Y fue el papá loco que lo ayudó también en esta aventura del cine.
Dogreika Tovar nunca había actuadoSiempre digo que en la fortaleza Hay un final feliz porque yo dejé de tomar desde que hice esa película.
— ¿Se puede decir que el cine te salvó?
—Jorge Thielen Hedderich: El cine me salvó. Una cosa increíble ¡¿Quién lo diría?! Yo tengo un trabajo y una compañía con muchísimas responsabilidades. Coincidió afortunadamente que Jorge iba a hacer la película en vacaciones, porque creo que con los proyectos que estábamos ejecutando para ese momento casi que me hubiera sido imposible, de hecho, tuve que ausentarme un mes, y con los socios la cosa fue un poco álgida, pero bueno, se logró.
Nosotros exportamos el mejor cacao de Venezuela al mundo, y hacemos el chocolate YEIH, que, por cierto, está en los agradecimientos porque para llevar todo el mobiliario a esa casa que no tenía absolutamente nada, utilizamos los camiones de la compañía para apoyar la película.
—Esa casa existe, se la encontraron en ruinas, ¿no?
—Jorge Thielen Hedderich: La dirección de arte hizo un trabajo increíble. Dogreika la conoció tal como está actualmente, pero yo conocí esa casa en su esplendor, allí operaba el Ministerio de la Cultura, y después la vi en ruinas.
Además estuve en Hogares Crea que estaba enfrente, y nos llevaron a visitarla. Mientras estábamos haciendo la película dentro de mí había otra película porque era volver a un lugar donde llegué en ruinas. Al ver la casa deteriorada y Hogares Crea también en ruinas y abandonado, estuve en el cuarto donde yo dormí, en la cocina donde hice tantas cosas, fue algo que no sé cómo explicarte, pero muchas veces me sentaba en la casa y veía hacia enfrente ya mí venían imágenes, cosas que viví en ese lugar en una de las tantas veces que me intenté recuperar.
¡Qué increíble la vida, cómo da vueltas, regresar a San Esteban! Pero ahora siendo la persona que soy.