Queremos pensar que el espíritu rebelde y rompedor de Geena Davis y Susan Sarandon en las carnes de Thelma y Louise, que son la imagen oficial de la edición 79 del Festival de Cannes, permea a lo largo y ancho de los 11 días de la cita cinematográfica más importante de Europa y quizás del mundo.
Precisamente hace 35 años la película de Ridley Scott se lanzaría al mundo desde Cannes. Lo que pasó después de aquella noche ya es historia.
Si bien no todo lo que llega a Cannes logra trascender para formar parte de la memoria colectiva, no se puede negar que mucho de lo que se muestre, además de las 22 películas que compiten por la Palma de Oro, como también de lo que se diga en los escenarios del festival, de una u otra manera tendrá una repercusión mundial.
Park Chan-wook, presidente del jurado de Cannes | Foto EFECon los ojos puestos en la Riviera francesa, entonces, ¿por qué no treparse en ese Thunderbird de Thelma y Louise para hablar de lo que nadie quiere hablar, es decir, de política?
Al menos el jurado oficial se ha planteado abordar ese vehículo, quizás en un acto de arrojo, puede ser que pactado entre ellos, quizás escapando de amargas y decepcionantes declaraciones en escenarios similares, como las de Alexander Payne en la Mostra de Venecia o las de Wim Wenders en la Berlinale. Sin embargo el acto en cuestión ha sido definitivo para marcar una hoja de ruta: enfrentar y sobre todo responder a las preguntas incómodas, con comedia franqueza y sin evadiendo eufemismos.
De manera que en el encuentro con la prensa, el jurado presidido por el cineasta surcoreano Park Chan-wook, no esquivó ni se desentendió de los avatares (por llamarle de alguna manera) políticos, que al fin y al cabo terminan resonando en el arte de hacer cine.
La superestrella Demi Moore dio la nota condenando la autocensura y defendiendo la libertad de expresión, así como el guionista escoses Paul Laverty, a quien hace unos meses apresaron en el Reino Unido por pronunciarse contra el genocidio en Gaza.
En la misma sintonía se mostraron los otros miembros del jurado: el actor marfileño Isaach de Bankolé, la actriz etiope-irlandesa Ruth Negga, la directora belga Laura Wandel, la oscarizada cineasta de origen chino Chloé Zhao, el actor sueco Stellan Skarsgård, así como el cineasta chileno Diego Céspedes, quien dio un sacudón refiriéndose a la necesidad de la diversidad, de la apertura de oportunidades para los realizadores de clases sociales. menos favorecidas, ya la urgencia de tomar posición como ciudadanos y personas políticas que somos.
“La política y el arte no creo que deban dividirse”, sostuvo Park Chan-wook en la rueda de prensa. “Es extraño pensar que están en conflicto”, apuntaba.
La guerra en Ucrania, el genocidio en Gaza, el conflicto bélico en Oriente Próximo, las dictaduras, la persecución a inmigrantes, la avanzada del fascismo (venga de derechas o de izquierdas), el presente y futuro de la IA…
El catálogo de infamias, catástrofes e incertidumbres es amplísimo, difícil de invisibilizar, imposible de obviar.
En ese panorama, poco talentoso pero sin que perder las esperanzas, se celebra la edición 79 del Festival de Cannes, el cual dio por inaugurado en la gala de apertura las actrices Gong Li y Jane Fonda, esta última activista de denominación de origen que no perdió la oportunidad para zarandear desde su glamour inconmensurable y sus muy fieros 88 años.
“Creo en el poder de las voces, las voces en la pantalla, las voces fuera de la pantalla y definitivamente las voces en la calles, especialmente ahora”, sacaba Jane Fonda toda su bravura, encarnando el espíritu de Thelma y Louise.
Por delante tenemos la tarea de descubrir de qué manera veremos el mundo reflejado, con sus atrocidades pero también con sus bellezas, en las películas que compiten este año por la Palma de Oro.
Con ansias de rebeldía, de hacer estallar esquemas, sorprender y emocionar, llegarán al Festival de Cannes cineastas como Pedro Almodóvar, James Gray, Asghar Farhadi, Pawel Pawlikowski, Hamaguchi Ryusuke, Rodrigo Sorogoyen o Lukas Dhont.
Además de la notable merma de producciones estadounidenses y grandes nombres hollywoodenses, salta a la vista que sólo cinco directoras (Charline Bourgeois—Tacquet, Valeska Grisebach, Jeanne Herry, Marie Kreutzer y Léa Mysius) figuran en una selección de 23 cineastas (tomando en cuenta una codirección), lo que lleva a pensar que aún en el cine faltan más voces (tanto femeninas como diversas) que completan lo que llaman el Big Imagen.
Este es también otro tema político. Uno que quizás va demasiado rápido, cual Thunderbird de Thelma y Louise, como para que el Festival de Cannes se atreva, no a ir de mero pasajero, sino a conducirlo.