El domingo 22 de febrero de 2026 es una fecha marcada en rojo en Cumaná: ese día comenzó una de las crisis hídricas más graves que se ha registrado en una capital de estado en Venezuela. Tomar agua “dulce” de un río extremadamente contaminado —el Manzanares—, esperar cisternas que no se dan abasto para más de 400.000 personas, migrar temporalmente de la ciudad o usar agua del mar para los inodoros o los utensilios de la cocina son algunas de las soluciones a los que recurren los desesperados habitantes. La catástrofe de servicios públicos además afecta a la península de Araya y la isla de Margarita.
Un experto consultado, el ingeniero de proyectos Mario Mengual, es realista: no hay una solución a corto plazo. No una que sea realmente sostenible y satisfactoria.