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Wednesday, June 17, 2026
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    La forma elusiva: Jorge Pizzani, detrás del retrato

    JORGE PIZZANI | ANDER SZINETAR“En la exposición A mansalva, que actualmente presenta en la Galería El Raise, en Caracas, Pizzani insiste, con maestría, en los temas trazados a lo largo de su carrera. Una profusa galería de retratos donde la alteridad y, por tanto, el rostro, es el lugar del mundo, un rostro que resume a la humanidad entera”

    Por TAHÍA RIVERO

    La identidad pictórica de Jorge Pizzani se ha manifestado hasta el presente como la voluntad de responder a sus imperativos estéticos, temáticos y técnicos, es decir, expresivos, como un acto de sobrevivencia. Por eso, la obra va más allá de lo visual, porque involucra el testimonio de una trayectoria de vida, una insistencia traducida a un lenguaje plástico sólido e inquebrantable. Y es así como, en su caso, su práctica abarca una manera de existir. Consciente de su don e inclinación por la pintura, se distanció de la volátil Caracas de los ochenta -Jorge siempre ostentó un verbo y una madurez ideológica precoz- para profundizar en su sí mismo. Encontrarse en la quietud de una cabaña en la población de Turgua y construir desde allí el entorno posible.

    En la exposición una mansalva, que actualmente presenta en la Galería El Raise, en Caracas, Pizzani insiste, con maestría, en los temas trazados a lo largo de su carrera. Una profusa galería de retratos donde la alteridad y, por tanto, el rostro, es el lugar del mundo, un rostro que resume a la humanidad entera, que convive con la ensoñación y también con el delirio y lo escatológico. Un rostro ambiguo, visible y oculto. Un hombre continente como escala referencial del universo y también máquina, bestia, diseño. Un facsímil de lo humano, sin ritos, sin historia, si se quiere robótico, pero aún cándido en su predestinada constitución animal y, por tanto, animado, vivo.

    El agudo tratamiento pictórico de estos retratos nos acerca a la representación de personajes emblemáticos en los que habitan lo grande y lo minúsculo. Pizzani embiste al plano, pinta con el cuerpo, se deja arrastrar hasta lo profundo y se levanta de nuevo. La materia brota por los contornos. Su pintura relincha, reprocha. Nos formula una visión antropológica de la incompletaun cosmos sujeto al caos. Rostros de un hombre-planeta que orbita a la deriva y viaja más allá de su propia efigie. Pizzani oficia una ceremonia de desestructuración. Si su discurso verbal es razonado y seductor, no lo es así el visual. Su pintura quiere simbolizar lo permisivo al extremo, hasta donde le sea posible desestructurarse. Se suelta en la sublimación de su expresión confiado en esos cuarenta años resistiendo en la pintura.

    Pareciera que su obra toma el pulso del ahogo y la angustia de estas últimas décadas del país, en las que quizás haya observado, y de allí la nostalgia, que el pensamiento, la reflexión, y en suma, el habla, son un acto solitario. En la muestra una mansalva, Tanto el pintor como sus personajes postulan una actitud ágil y alerta que implica el desmantelamiento de la falsedad tras la demanda de lo honesto.

    En ocasiones es necesario transmutarse, ser el otro, y Jorge Pizzani encarna en su obra esa alteridad. Es y no es el vasto repertorio de personajes desarrollados, turbios, trashumantes, que habitan sus pinturas y que desde lo individual afecta lo común de la especie. Nos asoma, quizás, a lo que fuimos primitivamente, como un pensamiento en forma animal o la representación del travestido que se quita la máscara anunciando que detrás del retrato no hay ni ángeles ni dioses, solo humanos.