“Estados Unidos parece estar destinado a causar miseria en América en nombre de la libertad”, reflexionó Simón Bolívar en carta diplomática privada de 1829. Así reaccionaba ante la Doctrina Monroe (1823), cuyo contenido se resumió en la frase America para los americanos dirigido contra el imperialismo europeo que afortunadamente tanto ayudó a las luchas independentistas de las Américas, un proceso muy complejo y largo derivado en el concepto de América Latina como “patio trasero” del imperio estadounidense, que a su vez por Múltiples intereses momentáneos lo tuteló por igual en países democráticos, bajo dictaduras y tiranías. Ese criterio del Libertador fue inusual porque en su ideario y actividad siempre elogió y recomendó a la Constitución original estadounidense como el modelo a imitar en este hemisferio. El chavismo lo usurpó al revés para sustentar su revolución “bolivariana”.
La Venezuela petrolera del siglo XX fue menecracia lo mismo durante dos dictaduras tradicionales y cuarenta años democráticos, al menos cinco generaciones se formaron en aquel programa dependiente absoluto de su abundante hidrocarburo. Varios años, espectadores infantiles de su cine, sin otra opción, entre muchas otras costumbres norteñas, nos identificamos con los invasores blancos en sus masacres de los nativos indígenas. En 1962, cuando apareció Gregory Peck en la película. Matar a un ruiseñorse comprendió que los Estados Unidos racista sí tenían internos adversarios firmes y su legislación permitía esa disidencia a toda forma de segregación.
Fuimos pues y por buena suerte somos. pitiyanquis (y no pitirrusos, pitichinos ni pitiraníes), vocablo predilecto usado por la izquierda de bares y universidades oficiales en la caraqueña Calle Real de Sabana Grande donde instalaron el consulado urbano de la guerrilla rural castrocriolla, enemiga radical de la recién estrenada Venedemocracia.
Luego, en todas sus versiones presidenciales por tres décadas hasta hoy el ahora encargado multimillonario equipo chavista, se sirvió del oro negro robándose los efectos que todavía daba ese mene de donde sacaron óptimo provecho para sus bolsillos en cuentas bancarias foráneas a nombre de testaferros. Lo profetizó en su estilo macabro, cuando era ministro de Minas Adeco, Juan Pablo Pérez Alfonzo, el famoso fundador de la OPEP, autor de Petróleo y dependencia, El pentágono petrolero y Hundiéndonos en el estiércol del diablo.
Saqueada Pdvsa, la nueva mina gubernamental revolucionaria fue su presencia permanente en el narcotráfico transcontinental y así se llega hasta el actual importante informe detector de la corrupción genética chavista. Se titula Petróleo por represión, edición del Centro Miranda para la Democracia. Es un documento de investigación bajo la autoridad del líder venezolano David Smolansky, presentado esta semana en la Universidad Internacional de Florida. Detalla cómo desde febrero de 1999 hasta enero de 2026 se efectuó la transferencia del crudo hacia La Habana por un monto de 64 millones de dólares a cambio de recibir métodos represivos directos desde cubanos en persona que adiestraron a venezolanos de diversas jerarquías militares, policiales civiles y militantes partidistas: son los Sebin, Dgcim, PNB y Milicias, entrenamientos para espionaje, detenciones arbitrarias, torturas, falsos. suicidios, desapariciones forzosas, fueron, y todavía, rutina de oficio para forjar criminales expertos en delitos que anulan todos los consagrados derechos humanos. Precisamente, son los encargados ahora por el tutor Washington para asegurar la transición hacia la democracia. Paradoja quizás positiva en algunos aspectos porque desnuda sus antecedentes delictivos pero peligrosamente lenta pues cada ley, reglamento y propuesta emanados del Rodrigato con Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, lejos de asegurar garantías libertarias son desvergonzados simulacros en sus electos sucesores y suplentes. El mismo música con diferente cachimbo.
Irritan y sobran súbitos arrepentimientos y justificaciones. Sigue la impunidad en este ciclo. Sin Estado de derecho no hay condiciones para ejercer legítima justicia, es todo lo contrario y reforzado.
Toca, pues, a las víctimas de afuera y adentro la tarea urgente de unir al pueblo disidente para recuperar su plena libertad. No queda de otra.
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