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Monday, March 16, 2026
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    Messi en la Casa Blanca

    Recientemente, el presidente Donald Trump celebró una reunión en la Casa Blanca, a la cual invitó a los integrantes del equipo Inter de Miami, campeón el año pasado de la liga norteamericana de fútbol.

    En la ceremonia, además de exhibirse el trofeo obtenido, se le otorgó al mandatario una camiseta con el número 47 que lo identifica en la lista de presidentes de Estados Unidos y la palabra “Trump” en la espalda. Además, se le entregó un balón rosa con la inscripción “Libertad para soñar” (Libertad para soñar) y un reloj con su nombre grabado, todos obsequios del club.

    Refiriéndose a Lionel Messi, quien estaba a su lado en el escenario, Trump, cuya cultura futbolística es mínima, dijo que era el más grande jugador de la historia, por encima de Pelé, afirmación algo temeraria -me parece- que el argentino recibió con una sonrisa.

    La guerra de Trump

    No había que ser brujo para saber que Trump aprovecharía la ocasión para referirse a la guerra contra Irán mientras los futbolistas lo escuchaban, parados detrás de él y Messi a su lado.

    Seguramente no dijo que el ataque estadounidense a Irán se lanzó sin explicación alguna y sin haberlo sometido a la aprobación del Congreso. Dicen las malas lenguas, que por lo general aciertan, que se vale de la guerra confiado en que la ganará y mejorará la mala imagen de su gestión (quizá hasta lo saquen de la Lista Epstein). Además, saldrá bien librado de las elecciones de medio término y alejará la amenaza del llamado impeachment, el cual supone un juicio político que puede llevar a su destitución como presidente. Dio, así pues, luz verde al bombardeo de Irán y sus alrededores.

    En fin, las guerras no se consultan con la gente, apenas se avisan, a pesar de que generan problemas que agobian la vida de gran parte de los ciudadanos de a pie.

    Son ellos los que mueren, aun sin estar en los campos de batalla, los que tienen que migrar quien sabe a dónde, con un morral al hombro, como si allí cupiera su vida y la de los suyos.

    Mediante informaciones que lucían contradictorias, por no decir algo más grave, Trump indicó que, dada la superioridad de los ejércitos de Israel y Estados Unidos, estaba garantizada una victoria rápida y contundente, lo que ha repetido unas cuantas veces, a pesar de que al momento de escribir estas líneas, el conflicto ya lleva quince días y todo hace pensar que le faltan unos cuantos más. Además, no hay nada claro respecto a cuál será su final. Al parecer, Trump nos confunde porque él mismo está confundido.

    Un Nuevo Desorden Mundial

    Esta guerra no podía asombrar a nadie. Bastaba con asomarse al planeta, rodeado de conflictos por todas partes, que se desenvuelven soslayando las normas internacionales establecidas por la ONU en 1945, no en balde algunos estudiosos del tema hablan del “Nuevo Desorden Mundial”.

    El conflicto actual define a dos bloques. Por un lado, Estados Unidos y sus aliados tradicionales y por el otro, Rusia y China, con sus respectivos socios, entre ellos Irán. Esta división es militar, política, económica y tecnológica y muestra que la globalización carece de gobernanza.

    Lo que está dibujando la geopolítica es la lucha por el control de unos recursos naturales que no son inagotables y que se requieren en grandes cantidades para alimentar los centros de datos. En pocas palabras, la revolución digital se apoya en los combustibles fósiles y los recursos hídricos, cada vez más escasos, haciendo a un lado la crisis ambiental.

    Así las cosas, los misiles y los drones que de día y de noche surcan los aires del Medio Oriente no tienen otro motivo que el dominio sobre los recursos petroleros, como lo fue también en el caso de la “extracción” de Nicolás Maduro y Cilia Flores de Venezuela.

    messi crucificadoComo ya lo señaló, la mencionada celebración deportiva tuvo como telón de fondo el combate que se desarrolla en el Medio Oriente. Trump habló de la guerra, tratando de argumentar su necesidad y mostrando un optimismo que resultaba difícil de tragar. Dentro de este cuadro aparece la figura de Messi, quien ha sido objeto de varias críticas por su presencia junto al presidente de Estados Unidos.

    Suele decirse que la fama trae consigo ciertas responsabilidades. La FIFA, institución que gobierna el mundo, establece en su código de ética que la organización debe ser políticamente neutral y cabe suponer que en alguna parte debe haber una norma no escrita que impide a los jugadores introducir a la política en la cancha.

    A Messi lo están crucificando, no por haber hecho algún comentario después del discurso guerrero de Trump, sino por todo lo contrario, por haber callado frente a quien es el responsable de que se pueda desatar una Tercera Guerra Mundial. Su silencio ha sido interpretado como complicidad política por buena parte de la opinión pública.

    Quienes están familiarizados con el fútbol, ​​saben que Messi ha sido más bien tímido y muy poco inclinado a la interacción social más allá del balón. Alguna vez se habló de que padecía el síndrome de Asperger, una suerte de autismo limitado, observada en personajes muy importantes que se caracterizan por tener una inteligencia promedio o superior, intereses muy focalizados y rutinas severas. En verdad, nunca se supone de un dictamen médico que certifique lo anterior, pero lo que sí parece ser que semejantes características lo hicieron mejor futbolista, así como a Einstein lo convirtió en mejor científico.

    Cambiando de tema, aunque no tanto, en el próximo Mundial de Fútbol participarán Qatar, Arabia Saudita y posiblemente Irak, tres países contra los que Irán ha lanzado misiles durante estos días. Por otro lado, la selección iraní será rival de un país con el que su gobierno ha estado en guerra. cosas verdesamigo Sancho.