El cambio de rumbo del chavismo-madurismo liderado por los Rodríguez ha sorprendido a muchos en el país y afuera. De la agresividad a la rendición, de la arrogancia a la sumisión, la dictadora interna Delcy Rodríguez está dirigiendo una “transformación” que satisface a Washington, que ejerce un tutelaje por los demás bochornosos para los tutelados, que busca proteger su seguridad y obtener beneficios económicos, no solo en lo energético, sino en otras áreas, como bien lo han señalado los enviados a Caracas.
La administración Trump ha anunciado varias fases en esta etapa previa a la transición que sabemos no se iniciará hasta que se logre el cambio de gobierno y de sistema en el país. La estabilización, la recuperación económica e institucional, serán las fases en concreto que pretende Washington con la colaboración de los Rodríguez que han ido cumpliendo las “instrucciones” sin resistencia, con la mirada en el tiempo y en la permanencia en el poder.
Debemos estar claros en que la recuperación económica dependerá de las garantías de un cambio político hacia la libertad, lo que supone entre otras la liberación inmediata y sin condiciones de los presos políticos, el respeto de los derechos humanos, la reinstitucionalización del país, es decir, la recomposición de los poderes públicos y de las instituciones, el judicial y el electoral principalmente, para garantizar el tránsito seguro y estable hacia la democracia.
Los herederos de Chávez y Maduro centran su narrativa y estrategia, por lo demás perversa, en el “relanzamiento” de la economía, en el crecimiento, en las privatizaciones, en el alejamiento del clientelismo político e ideológico que ha caracterizado a la tiranía desde que se inició el proceso en 1999. No hablan de democracia ni de derechos humanos y libertades, solo de economía, compartiendo sumisamente los intereses con Washington.
Los venezolanos no debemos caer en el engaño y en la manipulación de quienes desde el poder, aunque hoy pretendan mostrar una cara distinta, dirigieron la violencia que ha sufrido el país todos estos años y que ha llevado al sufrimiento a cientos de millas de venezolanos, unos desaparecidos, otros encarcelados, otros asesinados, otros obligados a dejar el país. Su responsabilidad es indudable.
El tutelaje tiene sus límites. Es una situación transitoria. Es necesario para nuestra estabilidad y la de los otros países de la región e incluso del que manejan el tutelaje, que se supere esta fase y se sustituye este aparato represivo, hoy mostrado dócil y cooperador, por una entidad, llámese de cualquier forma, que garantice el manejo decente del país y el paso hacia la verdadera transición. Es lo único que garantiza a quienes aspiran a invertir en el país un clima de seguridad. Una entidad que los venezolanos con el apoyo externo podemos establecer para lograr el cambio que todos esperamos.
No se puede transformar al país sobre la misma estructura criminal que hoy aprovecha la coyuntura económica para perpetuarse en el poder con el apoyo externo. Tampoco es la economía lo esencial. Muy distinto a lo que planteó Bill Clinton en 1992, cuando aspiraba a la presidencia en una campaña que era muy desfavorable para él entonces, asesorado por un gran estratega, James Carville: ¡Es la economía, estúpido! Hoy podemos decir que es la libertad, la democracia, lo que nos debe importar.