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Monday, June 22, 2026
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    Estabilidad política y libertades

    Es indiscutible que sin libertades no puede existir estabilidad política. Pues, al restringirse las libertades, los diversos campos en donde se expresan se plantean como lucha contra el poder que la ha restringido, la exigencia de su restitución. Entendemos que la libertad es un factor esencial inherente a la dignidad humana. La libertad en sentido personal está en la antropología, en la metafísica de la vida humana, en la concepción acerca del hombre. En la concepción socrática la verdad, la bondad, la belleza y los valores fundamentales se encuentran ante todo en la conciencia, en el interior del hombre; es decir, que, frente a la opinión pública, el hombre puede descubrir verdades eternas en su propio interior. En el cristianismo la libertad es un don del ser humano dado por Dios, según san Agustín; a Dios, lo también nos encontramos en la intimidad de la conciencia: en el alma; Podemos decir que las raíces de la defensa de los derechos humanos se encuentran en la idea de que lo más valioso está en el interior del hombre: hay un ámbito sagrado en el que el poder público y la sociedad no pueden o no deben intervenir.

    La historia de la humanidad ha sido una constante lucha del ser humano por alcanzar la libertad. El concepto de libertad implica la posibilidad del ser humano de ejercer su interioridad, por supuesto, bajo los límites de la convivencia social, para desarrollar su personalidad. Lo que se traduce que no es solo su libertad individual, sino que comprende la libertad en su dimensión social. Es libertad para opinar, es libertad para recibir información, para asociarse, para participar políticamente, de elegir, de transitar, de expresión, de educación. Las constituciones democráticas han reconocido estas libertades y les han brindado protección. Anunciamos que democracia y libertad no son necesariamente términos equivalentes, en el sentido de que la democracia no garantiza por sí sola la libertad. Se requiere una sólida opinión pública, una formación ciudadana en torno a valores y la configuración de un Estado de Derecho constitucional que ciega los derechos fundamentales ya la democracia.

    La libertad ha sufrido, a lo largo de la historia del pensamiento político, ataques desde un doble flanco: de los totalitarismos y autoritarismo, ambos coinciden en limitar las libertades y desde el poder determinar el alcance de la libertad; por otra parte, quienes postulan que en ciertas condiciones políticas la libertad conducen a generar desorden, caos, inestabilidad. Dado que la democracia es el mejor sistema político para ejercer las libertades, postulan que una forma de restringir las libertades es evitar la democracia.

    En la coyuntura política actual venezolana se ha argumentado que la única forma o la más expedita, de mantener la paz y la estabilidad, es la permanencia en el poder de la estructura que conformaba la tiranía. Hay un error absoluto en esa consideración o se pretende enmascarar otros objetivos. El pueblo venezolano, sometido a una férrea tiranía mediante el terrorismo de Estado, aplaudió la captura del tirano y se imaginó su liberación. Pronto se ha dado cuenta de que siguen los mismos, pero los saben vulnerables, fragmentados, al desnudo de sus mentiras y desmoralizados. Ese pueblo pisoteado por la tiranía, sin libertades, con salarios miserables, pensiones de hambre, servicios pésimos y bajo extorsión permanente de los cuerpos de seguridad estatal, ha considerado que es momento de reclamar lo que le corresponde. Los trabajadores exigen salarios justos, los pensionados pensiones dignas y la exigencia nacional: la liberación de todos los presos políticos. También anhela libertad de información y que los periodistas cumplan su misión sin temor de ir presos por decir la verdad. Que se permita circular de nuevo a los medios de comunicación que fueron arbitrariamente proscritos, como este periódico: El Nacional.

    Debo resaltar que creo que la protección de las libertades robustece el orden social, pues la libertad no es enemiga del orden ni de la estabilidad. Mientras exista menoscabo a la libertad, que no haya reconocimiento de la soberanía popular, que no haya transparencia en la gestión pública, que al pueblo no se le reconozca un salario digno para sustentarse junto a la familia, que los jubilados no se les reconozca a los pensionados un ingreso que les permita vivir su retiro y su vejez, no habrá paz ni estabilidad. Sin justicia no hay estabilidad, ni paz social. No tenemos dudas de que el régimen perverso entró en agonía terminal, no hay nada que justifique mantenerlo en vida artificial. Debe darse un plazo para unas elecciones libres generales y que el pueblo decida sus destinos. La unidad nacional por la auténtica libertad es una urgencia. Nada de mesa de diálogo, ahora es transición con plazos perentorios. ¡Hasta el final!