¡Venezuela amada! ¿Cuánto ha resistido para no ahogarte durante los pasados 27 años en el “mar de la felicidad” castrochavista? Has atravesado yeguas agitadas, mortalidades, amenazas en desiertos y tierras selváticas, después de enfrentar durante años la asesina represión, con aires más que enrarecidos, infectados con el odio de incontables bombas lacrimógenas. Una guerra no convencional con la que la traición de una clase política, empresarial y militar, corrompidas, te entregaron al invasor castrista.
Ya en las asesinas garras del sociópata fracasado con su plan neocomunista, y destruida la opción de petroestado poco exitoso, quedaste a merced del carcelero, del represor asesino y chulo exportador de las miserias y puterías de los hermanitos Castro. Tomaba entonces más y más fuerza la alternativa del narcoestado.
Más lacrimógenas “con gas del bueno” ordenaba el traidor, para apagar el justo reclamo de la ciudadanía. Bombas con las que cegaron la vida de Juan Pablo Pernalete Llovera, doloroso ejemplo de la represión asesina. Represión con la que nos arrancaron la vida de otros diez jóvenes, cien y hasta que se quiso hacernos perder la cuenta de los miles de encarcelados, torturados y secuestrados. Jóvenes, muchos de ellos adolescentes, que luchaban con sus escudos de cartón, armados solo de sueños, en su país, al que intuían podía ser diferente, digno, sano, próspero y de felicidad compartida. País que, como antes había sido prometido por las luchas de la llamada “Generación del 28″, lo logró en cierta medida para hacernos nacer en democracia hasta 1998.
A partir de la cobarde y premeditada traición de planificación de un golpe de Estado que fracasó, se pasó al plan de adopción de la ruta electoral para, desde adentro, provocar la demolición de la “Cuarta República” y construir el “socialismo del siglo XXI”. Así se destruyó a toda una nación, que se empujó a desmembrarse familiarmente, haciendo que sus hijos escaparan en busca de refugio para sobrevivir, salvarse y enviar remesas a la familia desde otras naciones.
¿Cuánto odiaban la libertad y la democracia? Imperfectas, por supuesto, pero que ofrecían, aún con limitaciones, la oportunidad leal para que las nuevas generaciones las reformaran y crecieran en medio de las dificultades y desafíos. Jamás merecimos la traición de nuestra entrega a las manos del comunista, leal nunca, traidor siempre, Fidel Castro Ruz, a su propio pueblo cubano, ya Venezuela, Nicaragua, Colombia, en resumen, a toda América.
Junto a la corte de aprovechadores de todo pelaje, desde La Habana se administraría con frialdad el apoyo a tal demolición, enviando cuerpos adiestrados para la infiltración y control de las poblaciones y de los propios mandos militares venezolanos. El Plan del Foro de Sao Paulo había logrado iniciar así, con el control de la propia joya de la corona petrolera suramericana: Venezuela.
El adoctrinamiento, al camuflarse mediante la simulación de asimilarse al método de legitimidad de origen electoral, era realmente el utilizar a su marioneta militar, Hugo Chávez Frías, como un personaje inicialmente autoritario y hábil manipulador, mejor que cualquier politiquero de oficio. Sin contar que su plan contemplaba su mayor y peligrosa diferencia radical: la alternancia democrática del poder al perder su partido respaldo popular no era una opción.
Mediante la participación en el sistema de escogencia electoral, directo y secreto de las naciones que se dicen democráticas, aplicaron su método de una operación social de promoción del resentimiento y repetición de lo pernicioso del sistema democrático que conocemos. Frente a las bondades de asimilarse al adoctrinamiento socialista del siglo XXI, muy bien calculado e implementado, sedujo a la cúpula militar, que debía ser la guardiana constitucional del Estado de derecho del país, haciendo aprobar una constitución a su medida: a) primero, que los ascensos militares solo dependerían de la presidencia de la República, con lo que dominaba, sin fiscalización parlamentaria, los ascensos a quienes prácticamente le diera la gana. b) Cambiar la duración de los períodos presidenciales a seis años, con una sola reelección inmediata, para luego aprobar una reforma al perder el referéndum en el año 2007, con lo cual todos los cargos ejecutivos de la República: la presidencia, las gobernaciones y alcaldías podían reelegirse tantas veces como así, teóricamente, el pueblo votara mayoritariamente por ese mandatario. La traición de la cúpula de farsantes y de la infaltable caterva de aprovechados, acostumbrados a ser “pescadores en río revuelto”, a costa de la esclavitud y miseria de los pueblos que caen en sus trampas, terminó por apoyar y asegurar su parcela de poder regional local para cohabitar con el poder hegemónico, antidemocrático, represor y finalmente narcoestado terrorista en el que desgraciadamente caímos, reitero debido a la élite traidora. seudoopositora.
El satisfacer las necesidades de una población en crecimiento inusitado, pero en sus años de bonanza petrolera, antes de ser una población muy reducida, nos llevó, en el caso venezolano, al centralismo urbano, con bajos de esos ingresos cada vez más frecuentes, fluctuantes y casi exclusivamente dependientes de las exportaciones petroleras. Quizás por una mezcla de pereza e intereses diversos, por no acómetro con prontitud una reformulación del Estado venezolano, dirigida por una cultura centralista y presidencialista, se fue normalizando la periferia de pobreza y marginalidad creciente en las principales ciudades del país.
En medio de tales procesos, el despilfarro, aunado al abatimiento del ingreso para la repartición el Estado, derivó en una fuerte disminución del ingreso per cápita del venezolano debido a los altibajos del precio del petróleo como consecuencia de las contingencias del volátil mercado internacional, la errada estrategia de manejo de este recurso bajo la excesiva interferencia del Estado, controlando los volúmenes de su producción, fijando precios sin medición a su verdadera demanda ya la preservación de los porcentajes de participación de mercado frente a otros actores de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), pretendiendo jugar con los factores de mercado y los precios versus la demanda mundial. Así se fue poniendo en evidencia el gravísimo problema de deformación del país, a causa del estrangulamiento que el petroEstado minero y la partidocracia singular habían creado. Ello le propinaba a una nación de joven democracia, que se mostraba pujante, pero con un aparato estatal que no le permitía desatar sus fuerzas productivas y que, por el contrario, las mal controlaría en exceso.
Paradójicamente, a pesar de la posibilidad del manejo adecuado de una cuantiosa fortuna petrolera nacional, gracias al chorro de petrodólares de ingreso a tal modelo de Estado centralista y de inspiración estatista, se popularizó la costumbre dentro de su pésima administración con la frase de “póngame donde haiga” y del “¿cuánto hay pa’ eso?”, síntomas del mal en ciernes. Así se fue metiendo en las entrañas de la sociedad la cultura de la informalidad laboral y del oportunismo partidista y general del compadrazgo. De la mano de tal clientelismo político-partidista, ya pesar de todo aquello, hubo sectores conscientes que presionaban por un cambio del modelo centrista y rentista del petroEstado hacia la posibilidad de la reforma para el desarrollo de un Estado de tamaño discreto, con un modelo capitalista federal y desconcentrado.
Los avances y logros por parte de numerosas familias que defendieron desde sus hogares y centros de formación académica y de honorables miembros de partidos políticos, las conquistas logradas a partir de aquel histórico 23 de enero de 1958, hace apenas 68 años, contrastan con el desastre que nos trajo el chavismo, y el que existe en la Cuba subyugada del casticismo.
La tradición de cultivar el conocimiento, la voluntad emprendedora y el progreso basado en el trabajo honesto, nos fue legado por aquella generación del 28. Las generaciones subsiguientes, sin lugar a dudas, también entregaron importantes aportes en avances a la creación de instituciones públicas y privadas, educativas y empresariales. Lo que en nuestras desconcertantes horas actuales debe inspirarnos en nuestro obstinado camino de regresos contra la tiranía.
En su nuevo empaque, bajo la modalidad de arrodillados protagonistas “frente al imperio”, como ellos mismos le han despectivamente siempre apodado, lo que nos exige esta realidad es mucho más consistente, coraje y lucha en unidad ciudadana. Claridad en principios y valores humanos, para reconquistar la libertad y las soluciones realmente democráticas a los problemas políticos, sociales y económicos para nuestra patria venezolana.
En el nuevo marco histórico en el que nos encontramos, se debe integrar con lucidez y creatividad la lucha por una América de progreso compartido continental. De Alaska a la Patagonia, honremos el ejemplo y recuerdo imperecedero de las venezolanas y venezolanos que lo dieron todo por hacernos libres, y que sirvieron como grandes a la dignidad de la causa de Venezuela y de todas las demás naciones hermanas de América.