Foto: EFE¡Así son las cosas!, dijo nuestro querido periodista Óscar Yanes González (1927-2013). Desde su silla caliente nos educaba usando anécdotas y experiencias. Con su peculiar profundidad analítica, nos vaticinó —frente a frente con el entonces aspirante Hugo Chávez Frías— cómo este, de llegar a Miraflores, liquidaría la Constitución y se perderían la libertad y la democracia en Venezuela.
Más allá de una caprichosa decisión chavista, fue —y aún es— parte de un macabro plan de tiranía criminal narcoterrorista, que ahora solo negocia para sobrevivir, después de haber aniquilado el sistema constitucional por el que tanto luchó nuestra llamada generación del 28, para legarnos un país que intentó ser libre y de los venezolanos, democrático y con Estado de derechos, con la promulgación de aquella Constitución del 23 de enero de 1961.
Para un supuesto plan nacional, a los conjurados del Samán de Güere no les bastaban las 26 constituciones anteriores y, cual déjà vu militarista del siglo XXI, el caudillo de moda —quien, por cierto, tuvo muchos cómplices— logró imponerse en solo seis años, después de su fracasado y sangriento golpe y con aquel “por ahora”, creando el actual modelo de Constitución número 27, cuya peculiar y delictiva inaplicación nos ha devuelto un siglo atrás, precisamente 27 años después.
Ya a comienzos de 1920, el petróleo iba a convertirse en el principal producto de exportación e ingreso nacional, con el barril a 1 dólar, bajo la tenebrosa tiranía torturadora del régimen gomecista, que llevaba para entonces 12 años él solo en el poder, habiéndolo compartido por 10 con su predecesor, a quien finalmente traicionó en 1908, con el supuesto objetivo del bien de la República, en un país más que endeudado y asediado por los cobradores. internacionales desde 1902. Fue entonces cuando se afirma que se aplicó de forma fehaciente la llamada Doctrina Monroe, evitando que el desorden financiero, la corrupción y la promiscuidad política de Cipriano terminaran en una invasión europea.
Hoy, cuando nuestra muchacha —esa misma que elegimos los venezolanos el 22 de octubre de 2023—, mediante el uso de esa magnífica herramienta que son las primarias para definir nuestra candidatura presidencial, y como lo reza esa 27.ª Constitución promulgada el 24 de marzo de 2000, que exige a las organizaciones partidistas aplicar la democracia interna y mostrar una oferta creíble de programa de gobierno al electorado.
Las múltiples ocasiones de búsqueda del diálogo para pactar una salida “pacífica, estable y ordenada”, y como reiterativamente “nuestra muchacha” exclamaba tantas veces, terminaron a causa de reptiles con las mismas iniciales, cuyas curiosas siglas —p, e, o— anunciaban lo que definitivamente ocurrió.
Desde el homenaje a nuestros sabios consejeros que, como Óscar Yanes, nos mostraron fidelidad a su pensamiento socialcristiano, vayan estas líneas apresuradas, pero llenas del amor con el que nos impregnó la Madre Divina Pastora, desde su legado de generosidad transmitido por estos grandes maestros. Hagamos que se reconozca su aporte. Les comparto un sencillo relato que, cual medalla de nuestro honor y amor por Venezuela, es un obsequio para meditar mucho más, no solo sobre Venezuela, sino sobre nuestros valores como familias, como naciones o como continente, en una América asediada por antivalores que colocando en la idea de la riqueza fácil el concepto de felicidad.
De la grandeza frente a reptiles que dicen andar de pieEn aquellos tiempos, unas tribus atacaban a las otras. Secuestraban, esclavizaban y sacrificaban hombres y mujeres de aquellas tribus que eran derrotadas.
Se dice que al sabio Salomón le presentó el problema de una muchacha secuestrada y esclavizada por muchos años, a quien su ejército había logrado rescatar. Dos madres se disputaban la maternidad de la joven, afirmando cada una: “Estuvo en mi vientre”.
Salomón ordenó colocar a las dos madres una frente a la otra, con la muchacha en medio. Al no poder resolver la cuestión mediante el diálogo, decidió ordenar a uno de los guerreros partirla en dos, para dar una mitad —aunque muerta— a cada una de aquellas que antes la consideraban ya perdida.
Ante la posibilidad de este horror, una de ellas gritó con fuerza y sin vacilaciones:
—¡No, por Dios, no la mate!
Sin dar tiempo a que el guerrero avanzara, se interpuso para evitar el sacrificio de la muchacha:
—No le hagan daño. Otorgue usted la maternidad a esa señora, aunque no sea su legítima madre.
Salomón hizo lo contrario. Volteando la mirada hacia la disputada muchacha, le dijo:
—Anda, muchacha, ve y abraza a la que, sin lugar a dudas, es tu verdadera madre.
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