Puntos clave Después de la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026, los colectivos reaparecieron como puestos de control itinerantes que vigilan el habla y el movimiento. Delcy Rodríguez asumió el poder el 5 de enero por orden judicial, pero la fuerza informal marca las reglas del día a día. Las alertas de salida de Estados Unidos y las críticas de la ONU señalan un riesgo: una transición puede fracasar antes de comenzar. El sonido más revelador después de la captura de Maduro no fue una declaración del palacio. Fue la revolución de las motos y el regreso de los hombres armados que actúan como autoridad sin portarla.
La Corte Suprema de Venezuela ordenó a la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumir la presidencia de manera interina. Prestó juramento el 5 de enero y los funcionarios insistieron en que el estado seguía funcionando. La verdadera pregunta es más sencilla: ¿quién controla los barrios?
Ahí entran los colectivos. Creados durante los años de Chávez como “defensores” del proyecto, muchos evolucionaron hasta convertirse en redes armadas que intimidan a los opositores y operan en una zona gris que el Estado puede negar.
Pandillas de motociclistas armados intervienen a medida que se amplía el vacío de poder en Venezuela. (Foto reproducción de Internet) A principios de enero, relatos desde Caracas describían barricadas improvisadas, inspecciones de teléfonos móviles y acoso. El método es simple: hacer que la vida pública parezca peligrosa, de modo que la organización se vuelva imposible.
En alertas fechadas el 6 y 10 de enero, Estados Unidos instó a sus ciudadanos a abandonar Venezuela inmediatamente, advirtiendo que milicias armadas conocidas como colectivos estaban estableciendo puestos de control y registrando vehículos en busca de señales de ciudadanía estadounidense o sentimiento proestadounidense.
También destacó que el apoyo consular es limitado. Después de la redada, los informes describieron detenciones de civiles y periodistas.
Verdades fragmentadas y una lucha por la estabilidad Los verificadores de hechos advirtieron que algunos clips virales de “nuevas pruebas” fueron reciclados de protestas más antiguas, amplificando el miedo y confundiendo la verificación.
Dentro de la coalición gobernante, las rivalidades se han agudizado en ausencia de Maduro, y los colectivos pueden convertirse tanto en fuerza como en moneda de cambio.
El resurgimiento de Valentín Santana, vinculado a La Piedrita en 23 de Enero, y su retórica de “traición” señalaron el riesgo de represalias contra los supuestos traidores.
La ONU criticó la intervención estadounidense por considerarla ilegal y advirtió sobre el empeoramiento de las condiciones de derechos humanos. Siguieron las liberaciones, pero las afirmaciones oficiales y los recuentos independientes divergieron.
La realidad central sigue siendo: el futuro de Venezuela se discute en los tribunales, pero se decide en las calles.