Hace unos meses, antes de los acontecimientos, pasaba en un taxi frente a un lugar de importancia y, de repente, se apagaron las luces en la avenida. “¡Si va a pasar algo… que no pase ahora!”, dijo el conductor burlón y nervioso antes de acelerar su vehículo para llegar lo más pronto posible y quedarse en un silencio sepulcral sabiendo que la regla de oro era no referirse a aquello de lo que no debemos hablar.
Con los acontecimientos encima, el silencio en la calle ha empeorado, entre el miedo a estar frente a un enemigo o el de llamar la atención sin necesidad. Así ha sido al menos desde hace 12 años, con sus altos y bajos. Con mucha más fuerza desde mediados de 2024. Es la duda hacia cualquier persona que te rodee, en el centro comercial, en la iglesia, en la playa, en el restaurante: ese tema del que sabemos que no debemos hablar se evita hasta las últimas consecuencias.
Si hay un intento de aproximación, ya sea por los problemas con la moneda, el transporte público o algún asunto en instituciones de salud, se cambia de tópico lo más rápido posible, y entonces comienza un paseo improvisado, una suerte de tregua cómoda, por los últimos videos de tal o cual influencer, de aquello que dijeron Camilo y Evaluna, la manera en que te atendió la cajera en el mercado, las formas particulares de las nubes, los helados económicos de la esquina, los productos desaparecidos que ahora se consiguen.
Pensará alguien que aquello de lo que no debemos hablar se puede abordar en casa. Quizás. Pero es que no sabemos tampoco quién está escuchando, incluso se sospecha de los celulares, las cámaras de las laptop, de los enchufes, de los ventanas, de los ecos, tal vez algún día hasta se sospeche de las guacamayas.
Por allí se vieron denuncias y celebraciones fuera de esta jurisdicción, que es a la que se refieren, que es por la que preguntan. Pero es que aquí no se habla de eso. Aquí hablamos de los adornos en la placita, del perrito de abajo, del vecino parlanchín, del amor de Dios, entre mucho más. De eso no.
Mirarse a los ojos en la calle es más que suficiente para saber que no se debe. Ni siquiera con la voz bajita. Porque no sabes quién podría estar monitoreando detrás, al lado, enfrente, o desde la torre más lejana.
Lo mejor, por tanto, es hacer una lista de temas interesantes, puede que sacada de Instagram, puede que de TikTok, con ayuda de la inteligencia artificial, o retomar los juegos de mesa, las cartas, el ajedrez, no olvidemos que la lectura es importante. Está la última temporada de Cosas más extrañas que tanto ha dado de qué hablar. O la nueva de La fosa. Ese tema no. Aquello de lo que no debemos hablar por ahora tendrá que quedarse así.
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