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Tuesday, June 16, 2026
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    El reino del azar

    No es gratuito que Venezuela sea el reino de los juegos de azar. Bingo, Ludo, 5 y 6, lotería de animalitos, el relancino, los quinticos, Kino Táchira, Raspaíto, casinos, ajiley y siga usted enumerando. Es una panoplia tan extensa digna de ocupar un puesto en el Libro de Récords Guinness. Es el fiel reflejo de un rasgo atávico que nos habita sin consideración alguna. Se trata de cambiar en un instante el sentido de la vida, el modo de abordarla, en fin, el goce de vivirla y sufrirla.

    En ello vemos el anhelo perpetuo del “golpe de suerte”, es la espera por un agente externo que nos altere todo, para bien, por supuesto, cual si una varita mágica empuñara. Esta actitud es de una condición paradojal interesante, por decir lo menos. El venezolano común, el normal y corriente, tiende a ser emprendedor, previsivo, capaz de comprometerse para alcanzar una meta determinada y ganarla.

    En más de una ocasión manifesté mis observaciones sobre un célebre estudio realizado en Venezuela, a comienzos de la década de los setenta del siglo pasado. Ese trabajo, coordinado por María Eugenia Curiel, se basó en la conocida Teoría de las Tres Necesidades, planteadas por el psicólogo estadounidense David McClelland. Al entregarse las muestras para su evaluación al propio McClelland, este soltó perlas como esta: “Los resultados finales de la investigación señalan un patrón constante y claramente definido. Un contenido predominante de motivación al poder, en el material codificado; bajo nivel en materia de afiliación, mínimo en la motivación al logro”.

    ¿Bajo nivel de motivación al logro? Perdónen el francés. ¡Carajó! ¿Cómo definimos lo hecho por los campesinos andinos que convierten pedregales y laderas de montañas en huertas productivas que pueden alimentar al resto del país? ¿Qué decimos de los llaneros y los pescadores y la gente que suele crear nuevos modelos de producción?

    ¿Bajo nivel en materia de afiliación? ¿Cómo explicamos los trabajos de roturado de la tierra en las llamadas “manovuelta” con que los campesinos aran las parcelas de cada uno de la comunidad? Para citar solo un ejemplo.

    Los apóstoles de la izquierda siempre han encomiado ese trabajo y han hecho un énfasis desmedido en lo dicho por los estudioso estadounidenses sobre el “contenido predominante de motivación al poder”.

    Me ha dado por pensar en que lo subyacente es, empleo una palabra usada por los estudiosos de la conducta humana, una mera proyección. ¿Conocen ustedes algo que más les encanta a los progresistas que mandar? No es gratuito que todos ellos se descoloquen, cual gallinas aturdidas, ante Stalin, Fidel, Chávez o cualquier otro engendro de similar calibre.

    Vuelvo a lo escrito en las primeras líneas sobre el azar, acerca del eterno coqueteo criollo con el albur. Es una condición genética que muchas veces sabotea nuestra disposición al esfuerzo que ha hecho que seamos lo que somos, gracias al talento nacional y pese a los “dirigentes”.

    Ese rasgo nos hace, en momentos como los de estos últimos días, pretendiente que un golpe milagroso resuelva todo lo que casi 26 años de oprobio han destruido.

    Han aparecido los patriotas más pundonorosos, –más que Páez, Bolívar y Chávez, juntos– a condenar la agresión violenta de una potencia extranjera. Sobran aquellos que claman contra la voracidad americana por nuestro petróleo. Hago mías las palabras de un muchacho que publicó en las redes sociales: “Debe ser que los chinos, los rusos y los cubanos lo que se llevaban era la receta de las arepas”.

    Como era de esperarse, gracias a la opacidad reinante en Venezuela desde hace mucho tiempo, comienzan a surgir una cantidad inaudita de versiones. Brotan ríos de suposiciones que afirman de una entrega por parte de sus más íntimos amigos, que esta noche no lo acompañan. Ya Cuba quiere agarrarse el muerto para ellos y claman que 32 de sus esbirros murieron defendiendo al bojote mal amarrado. Tal vez no tuvieron oportunidad de replicar el caso de Allende, para así poder elevar otro mártir al altar de sus mitos.

    Muchos dedos señalan a los hermanitos Rodríguez, otros apuntan a Diosdado y Padrino permanece tan silencioso como los monitos del circo.

    A la par, las voces hijas de la ventura claman por unos resultados inmediatos. “No salimos de nada, todo está igual”. “Es más de lo mismo, nos volvieron a envainar”. “El chavismo es una peste peor que las cucarachas, nadie puede con ellas”.

    La letanía es kilométrica. ¿Todo está igual y el par de manganzones mayores están en una celda en Nueva York?

    ¿Nos volvieron a envainar y el zumbido de puñaladas entre el ladrón de periódicos, los hermanitos siniestros y el mariscal Cholalisa es ensordecedor?

    ¿Una peste con la que nadie puede y Edmundo y María Corina le ganaron unas elecciones con sus propias herramientas? Perdonen el alemán: ¡No me jodan!

    Pasará menos tiempo del que suponemos para que el tablero muestre la jugada real. Mientras tanto, y así como quien no quiere, recuerdan aquel viejo refrán: Paciencia piojo que la noche es larga.

    ©Alfredo Cedeño

    http://textosyfotos.blogspot.com/

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