El país nuevamente ve socavados sus espacios de entendimiento para encontrar caminos que conduzcan a los venezolanos hacia el camino de la pertinencia, el progreso y la prosperidad.
De hecho, aunque el régimen activa sus mecanismos de propaganda, o sea, cuentas ficticias en redes, sin ninguna identidad verificable, es porque obviamente, no existe apoyo popular que sostenga la barbarie política, económica y social, sobre la cual ha naufragado la república en la última década.
La educación bajo el régimen de Nicolás Maduro desde que este tomó la “presidencia”, todo ha devenido en constante retroceso. No solo ha sido la destrucción de infraestructura en términos de escuelas, liceos y universidades, sino que la implícita formación educativa ha caído al más bajo nivel.
Venezuela ha quedado en una profunda deuda social con las generaciones que han nacido en este siglo, porque ellos se han convertido en las primeras víctimas de un desmadre educativo, donde hablar de moral, ética, valores, pedagogía, enseñanza, aprendizaje, tecnología, ciencia, investigación y formación humana, han quedado en diversidad ambigua de una educación sin recursos, sin presupuestos, sin herramientas para el conocimiento, y peor, hasta sin docentes, porque la crisis salarial, ha generado una deserción con al menos unos 200 mil educadores. especialistas en áreas fundamentales como matemáticas, química, física, inglés, castellano, y otras, es decir, una enorme crisis de recursos humanos en el contexto más importante de cualquier sociedad.
Un país que tiene maltrecha su economía puede recuperarse con el pasar de los años, pero una nación que ve sacudida su educación en los términos en los cuales se ha destruido a Venezuela, resulta irrecuperable, primero porque la deserción educativa -estudiantes y docentes- afecta significativamente la generación de relevo técnico y profesional, y segundo, porque la migración, tanto la población formada, como ese joven que iba a formarse termina en otras latitudes fuera de su espacio y territorio, aportando sus conocimientos y aprendizajes, a quienes extendieron sus brazos para que tales personas, se convirtieran en factores de máxima generación económica en condiciones de desarrollo social, lejos de las tierras donde obtuvieron sus títulos y áreas del saber.
No es posible que haya una “Feliz Navidad” por decreto, o porque una claque intente vitorear condiciones que han sido creadas artificialmente, eso simplemente termina generando mayor frustración, dolor y desesperanza. Una Navidad realmente feliz se origina cuando las condiciones de vida de una población y su sociedad están vinculadas por sus aspectos de bienestar económico y social; verbigracia, cuando la gente siente que su estudio, trabajo y emprendimientos han cumplido con sus expectativas, y esperan un próximo año con optimismo y más pensamientos e ideas sobre un mejor futuro.
Como parte del magisterio venezolano apostamos por una próxima Navidad en condiciones muy diferentes a las vividas en los últimos años, sobre las cuales, en lo sucesivo, tengamos una educación que se convertirá en el eje de los cambios y transformaciones profundas que tendremos que realizar para reconstruir a Venezuela. Por una educación distinta para una próxima Navidad.