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Tuesday, June 23, 2026
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    Un Narciso reina en el mundo

    He revisado las últimas declaraciones de Donald Trump, digo últimas por decir algo, pues, con él nunca se sabe cuáles son realmente las últimas. La que leo ahora es su opinión sobre el asesinato del director de cine y actor Rob Reiner y su esposa. Es una declaración demencial, por decir lo menos. Según Trump, la muerte del director, es por culpa del mismo Reiner, su asesinato se debió a lo que él y sus fans, llaman Síndrome del trastorno de Trump (TDS) que, mutatis mutandies la versión trumpista de “Chávez los tiene locos”, señalando que, a Reiner ya su esposa, los asesinos “la ira que (el cineasta) provocaba en los demás debido a su grave, persistente e incurable afección mental anti-trump”, al día siguiente, en lugar, de rectificar sus palabras y darles las condolencias a la familia y amigos del cineasta, ratificó lo dicho, sentenciando que “Reiner era una mala persona para los EEUU”.

    Pero, lo que realmente era Reiner, además de un excelente director de cine, era un convencido demócrata que señaló, más de una vez, el peligro de Trump para la democracia norteamericana, además de calificarlo como “el más incompetente ser humano que jamás haya asumido la presidencia de los Estados Unidos”.

    El jueves pasado, después de seguir a Tucker Carlson, uno de los mayores “conspiranoicos” seguidores de Trump, que había filtrado que, Donald Trump haría una alocución a nivel nacional donde declararía la guerra a Venezuela, todos los venezolanos expectantes y ávidos estaban pendientes, pensando y diciendo “esta es la noche”, entonces, el impredecible Trump terminó haciendo, sin mencionar ni siquiera el nombre de Venezuela, un balance de su gobierno, donde reveló uno de sus lados más críticos y repudiados: su terrible compulsión a mentir y hacer, como cualquier gobernante de esos países que él califica de manera escatológica: echarle la culpa a su antecesor y como Chávez en su día que ofreció una etapa de oro que nunca llegó, él afirmó que la etapa de oro había llegado con su retorno al poder y que en realidad solo 11 meses se había convertido a Estados Unidos en el más grandioso país del mundo (además de algo inexplicable: en el más sexy) y así, acelerado y amenazado construyó una alternativa que poco tiene que ver con la verdad de lo que ocurre hoy en Estados Unidos.

    Es que la “manera Trump” ya es demasiado: su autoimportancia, su creencia de ser especial y único, su dificultad por aceptar su responsabilidad, de ser siempre el centro de atención, su tendencia a exagerar ya mentir, su naturaleza manipuladora, su arrogancia y su actitud de superioridad y su falta de empatía lo presentan como un narcisista que no tiene límites en expresar el excesivo amor y admiración de sí mismo.

    Trump se ha hecho responsable del aparente triunfo electoral de Asfura en Honduras, al darle su apoyo e interviniendo en el proceso electoral de ese país, tal como ocurrió en las elecciones de Argentina apoyando a Milei política y financieramente. Con Asfura ha repetido el “método” ofreciéndole ayuda y financiamiento, más tarde, luego de los resultados electorales en Chile, dijo haber sido el factor determinante del triunfo de José Antonio Kast, quien, según él, no lideraba el proceso electoral hasta que él formuló su adhesión a la candidatura conservadora del chileno.

    Además de ofrecer la paz en la guerra de Rusia contra Ucrania en 24 horas, cuestión que no ha logrado, dice ser el pacificador de ocho guerras en África y Asia y de haber concluido la milenaria guerra entre judíos y palestinos, cuestión que ni Dios había podido resolver en 3.000 años, solo esto, según su inmenso ego, lo hace merecedor del Nobel de la Paz.

    Bueno, es que Trump cada vez que habla “se revienta de vanidad: Yo, yo, yo, yo. Ese es el estribillo de su vida…” y no puede hablar sin vanagloriarse.

    En lo que nos concierne a los venezolanos, sus declaraciones han sido Múltiples y de todos conocidos y ya, los venezolanos empiezan a hartarse de las mismas, pero, ninguna ha sido tan contraproducente, como las dada a propósito del bloqueo a todo buque petrolero sancionado que entre o salga de Venezuela. En esa declaración terminó señalando que “Venezuela está completamente rodeada por la Armada más grande jamás reunida en la historia de Sudamérica. Esta solo crecerá y la conmoción para ellos será como nunca antes la han visto, hasta que devuelvan a Estados Unidos todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron previamente”. Y sigue: “Estados Unidos no permitirá que un régimen hostil se apodere de nuestro petróleo, tierras ni ningún otro activo, todo lo cual debe ser devuelto a Estados Unidos inmediatamente”.

    Tal discurso es manejado por el chavismo para “legitimar” la narrativa de que Estados Unidos solo quiere “robar el petróleo y los recursos naturales venezolanos”, al mismo tiempo, deslegitima la suya propia repetida una y otra vez de ser una lucha contra el narcotráfico con los resultados ya conocidos con más de 20 “narcolanchas” destruidas y 97 muertes producidas por los bombardeos. De esta declaración, comentaristas y opinadores venezolanos seguidores de Trump han tratado de justificarlo. Pero, se trató de una afirmación que se adecúa perfectamente con su naturaleza arrogante. Él sabe muy bien que el negocio petrolero en Estados Unidos es un negocio de los privados que se soporta sobre empresas privadas como Exxon, Chevron, Conoco, etcétera, es decir, que no hay empresas petroleras estatales.

    Admitir su enorme interés por el petróleo venezolano coloca a la oposición, especialmente, al sector dirigido por María Corina Machado en una disyuntiva, pues ella, que es “la única persona con liderazgo político real entre los venezolanos hoy…. Ha insistido en vender a Trump como el único que puede ayudarnos a derrotar a una dictadura que ha ahogado en sangre todo lo que hemos intentado contra ella. ¿Cómo? Pues haciendo lo que Estados Unidos ha hecho en otros países de la región, pero jamás en Venezuela: usar su poder militar para intimidar a la élite chavista, acostumbrada a ganar siempre, y desatar una reacción en cadena de pánico y traición que sea letal para la dictadura” (Osio Cabrices).

    La cuestión es que, más allá de que estemos de acuerdo en que para salir de Maduro hay que “pactar hasta con el diablo”, y ya se habla de la “Armada de la última esperanza” (nombre del artículo de Rafael Osio Cabrices, publicado en Letras libres), es importante dejar claro que la transición democrática estará libre de las tutelas tanto de las FAN como de cualquier potencia extranjera que se convertirán al Estado venezolano en apenas un segmento de un todo cuyas decisiones fundamentales son tomadas fuera de sus fronteras o por el actor que internamente monopoliza la violencia, tal como lo ha convertido el chavismo. Esa y no otra debe ser la respuesta que debe dar María Corina Machado a Trump ya la FAN cuando suceda el desenlace que todo el país ansía.

    Nota: Como ustedes pueden notar (de verdad no lo sé, estoy presumiendo que todos leen mi nota semanal), esta nota está escrita con la fuente Times New Roman en lugar de la fuente Calibri con la que acostumbro escribir esta nota, cosa que no cambia nada, pero es solo para decirle que entre los “grandes cambios” realizados por Trump es esta que, eleva la tipografía a categoría ideológica, pues la razón de tal cambio del tipo de letras para los documentos que emanan de la Casa Blanca es que la fuente Calibri es una fuente desperté.